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Exinvestigadora de OpenAI advierte sobre los riesgos de los anuncios en ChatGPT
La reciente renuncia de Zoë Hitzig, investigadora clave en OpenAI y doctora en economía por la Universidad de Harvard, ha encendido todas las alarmas en la industria de la inteligencia artificial. Tras dos años trabajando en el núcleo de la empresa creadora de ChatGPT, Hitzig ha decidido abandonar su puesto coincidiendo con el inicio de las pruebas de publicidad dentro del popular chatbot en Estados Unidos. Su advertencia es clara y perturbadora: los usuarios han interactuado con la IA bajo una presunción de neutralidad, compartiendo sus pensamientos más íntimos, desde miedos médicos hasta crisis de pareja, sin saber que este archivo de franqueza humana podría convertirse ahora en la base de un motor publicitario diseñado para la manipulación psicológica. Este movimiento marca un punto de inflexión donde la urgencia comercial parece haber desplazado a la seguridad ética, replicando errores que ya vimos en las redes sociales. Lo que está en juego no es solo nuestra privacidad, sino nuestra autonomía mental frente a un sistema que, según Hitzig, pronto actuará más como un vendedor que conoce todos nuestros secretos que como un asistente neutral.
Cuando ser maleducado mejora los resultados de la IA
Un experimento realizado por investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania ha descubierto que ChatGPT 4o responde con mayor precisión a preguntas formuladas con rudeza que a las planteadas con cortesía. A partir de una muestra de 250 preguntas múltiples redactadas con distintos niveles de tono, los científicos observaron que los mensajes muy rudos obtuvieron un 84,8 % de aciertos, frente al 80,8 % de los muy educados. Este hallazgo contradice estudios previos y plantea nuevas preguntas sobre la interacción social entre humanos e inteligencias artificiales.

