Canva abre su creador de webs con IA: gratis y sin programar

Canva ha lanzado Canva Code 2.0, la nueva versión de su herramienta para crear páginas web, aplicaciones y experiencias interactivas escribiendo instrucciones en lenguaje corriente. La novedad de peso es quién puede usarla: toda su comunidad, incluidos los usuarios del plan gratuito, además de los de pago, empresas, centros educativos y clientes corporativos.

Qué trae la nueva versión

El punto de partida ya no es solo una instrucción escrita. Ahora se puede arrancar desde una de las más de 50 plantillas nuevas o importar HTML para seguir trabajando sobre algo hecho en otra herramienta o con otro asistente de IA, sin rehacerlo desde cero. Además, Canva Code se puede usar dentro de otros proyectos: como una página más, en una pizarra o en una presentación.

Una vez generado, el resultado se edita como cualquier diseño de Canva: cambiar colores, tipografías o textos desde la barra de siempre, arrastrar imágenes de su biblioteca (que la compañía cifra en más de 120 millones de recursos) o pedirle los retoques a la IA. Los equipos pueden revisar y comentar en tiempo real dentro del editor, y lo que sale se adapta solo a cualquier tamaño de pantalla. Para publicarlo, se puede comprar un dominio propio desde la propia Canva, usar uno gratuito o compartirlo puertas adentro con inicio de sesión único.

En velocidad, las cifras que da la empresa son concretas: el tiempo de generación del código se reduce un 75%, es decir, se hace en la cuarta parte de lo que tardaba, y la mediana desde la instrucción hasta la publicación es un 30% más rápida.

La apuesta: que no parezca hecho con plantilla

Aquí está el argumento de Canva, y es más interesante que la lista de funciones.

«La mayoría de las herramientas de vibe coding se quedan en lo funcional y generan resultados que se ahogan en un mar de uniformidad».

Canva, en el anuncio de Canva Code 2.0

Dicho de otro modo: te dan un prototipo que funciona, pero dejarlo con tu aspecto exige otra herramienta de diseño, un programador o una cadena interminable de instrucciones. Su apuesta es que el cuello de botella no es escribir el código, sino que lo generado no parezca genérico.

Es una diferencia real frente a quienes compiten en generar aplicaciones a partir de texto, un terreno cada vez más concurrido en el que también se mueven Google y su AI Studio. Dicho esto, conviene recordar que el diagnóstico del «mar de uniformidad» lo firma la propia Canva, que es quien vende la alternativa.

Los números, todos de la casa

La compañía presume de tracción: desde que estrenó Canva Code hace un año, su comunidad ha publicado más de seis millones de sitios, desde tablones de aula hasta fichas inmobiliarias. Y sitúa en más de 265 millones sus usuarios mensuales y en 32.000 millones los usos acumulados de sus productos de IA. Son datos propios, sin verificación independiente, aunque dan la medida de por qué el movimiento importa: no es una herramienta nueva peleando por hacerse un hueco, sino una función que aterriza de golpe en la rutina de cientos de millones de personas.

Queda la letra pequeña, que rara vez aparece en los anuncios. Poner a cualquiera a publicar webs funcionales en cuestión de minutos, sin saber qué hay debajo, tiene un reverso que ya hemos contado: cuando la velocidad supera a la seguridad, los fallos viajan con el resultado. Que ahora esté al alcance de los 265 millones de usuarios de Canva, gratis incluidos, hace la pregunta más grande, no más pequeña.

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