El pasado martes, el Vaticano lanzó una nota informativa explorando los desafíos de la inteligencia artificial. El documento titulado «Antiqua et Nova: Nota sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana» fue elaborado por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación del Vaticano. Este documento se presenta como una reflexión profunda sobre las implicaciones éticas, sociales y teológicas de la inteligencia artificial (IA) en la vida contemporánea, enmarcándose dentro de la misión de la Iglesia de guiar a la humanidad hacia una comprensión más profunda del uso responsable de la tecnología.
En el documento, se enfatiza que la IA representa uno de los desarrollos más significativos y, al mismo tiempo, desafiantes de nuestra era. La IA es vista como una herramienta que puede ser utilizada para el bien común, pero que también presenta riesgos y dilemas éticos que deben ser cuidadosamente considerados por la sociedad.
Uno de los puntos centrales en la discusión del Vaticano sobre la IA es la dignidad humana. La Iglesia sostiene que todas las tecnologías, incluida la IA, deben ser utilizadas para promover el respeto por la dignidad de cada persona. Se rechaza cualquier visión de la IA que pueda deshumanizar a las personas o que trate la vida humana como un mero recurso. En este sentido, el documento subraya la necesidad de que los sistemas de IA estén diseñados y utilizados de tal manera que se alineen con la promoción del bien común y la justicia social.
Un aspecto crítico que el Vaticano destaca es la necesidad de un marco ético robusto para guiar el desarrollo y la implementación de la IA. Se argumenta que no basta con poner énfasis solo en el avance técnico; es esencial que los valores humanos, la ética y la responsabilidad social estén en el corazón de la innovación tecnológica. Esto implica la creación de políticas que promuevan la equidad, la transparencia y la rendición de cuentas en el uso de la IA, evitando así la concentración de poder que puede resultar perjudicial para la sociedad.
El documento también llama la atención sobre el potencial de la IA para ayudar en la resolución de problemas complejos, como los que se enfrentan en contextos de pobreza extrema, cambio climático y desigualdad social. La IA puede ofrecer soluciones innovadoras y eficientes que, si se implementan correctamente, pueden beneficiar a la humanidad. Sin embargo, se advierte que la implementación de estas tecnologías debe hacerse con una consideración cuidadosa de sus impactos en la vida social y en el medio ambiente.
La IA Clasifica, no piensa
El Vaticano argumenta que, si la IA puede emular ciertas capacidades humanas, nunca puede reemplazar la dimensión espiritual y la búsqueda de la verdad que caracterizan a los seres humanos. Además, el pensamiento de la inteligencia artificial (IA) presenta una distinción fundamental con la inteligencia humana. Como se señala en el documento, la IA no «piensa» de la misma manera que lo hacen los humanos. En lugar de ello, se caracteriza por clasificar información y generar respuestas basadas en patrones y datos, los cuales han sido previamente programados y estructurados por sus desarrolladores .
Aunque algunos sistemas de IA emplean técnicas de aprendizaje automático, que les permiten adaptarse y aprender de manera autónoma, su funcionamiento sigue siendo guiado por objetivos definidos por los humanos y por procesos que han sido establecidos por sus diseñadores. Esto implica que, aunque la IA puede encontrar soluciones que no están explícitamente programadas, su capacidad de «decisión» siempre está enmarcada por los parámetros predefinidos por los seres humanos .
Además, es importante entender que, aunque la IA puede replicar ciertas tareas intelectuales a un alto nivel de competencia, no tiene la capacidad de pensar ni experimentar como los humanos, que poseen un contexto más amplio que incluye emociones, creatividad y una comprensión del mundo que va más allá de la simple ejecución de tareas específicas . La inteligencia en los sistemas de IA se evalúa de manera funcional, lo que significa que su «inteligencia» se mide por su habilidad para producir respuestas apropiadas, pero no abarca la complejidad de la experiencia humana .
Se advierte sobre el riesgo de que la IA sea utilizada para manipular la opinión pública o para crear divisiones en la sociedad. Por lo tanto, se resalta la necesidad de un uso responsable que fomente la unidad y la comprensión mutua.
Sanidad y educación
En el contexto de los entornos sanitarios, el documento menciona que la introducción y el uso de la inteligencia artificial (IA) pueden tener efectos contradictorios. Por un lado, la IA puede facilitar la comunicación y el manejo de datos en la atención médica, pero por otro lado, también existe la preocupación de que podría profundizar el sentido de soledad que a menudo acompaña a la enfermedad. Esto se debe a que la interacción con sistemas de IA podría sustraer oportunidades de conexión humana genuina, llevando a una mayor sensación de aislamiento y despersonalización en los pacientes .
En relación con los estudiantes, se señala que la IA también podría contribuir a un aislamiento social perjudicial. Si los estudiantes desarrollan patrones de interacción que consideran a los sistemas de IA como sustitutos de relaciones humanas, esto podría afectar negativamente su percepción de la interacción humana. Por ejemplo, podrían ver a los educadores simplemente como dispensadores de información, en lugar de mentores que guían su desarrollo intelectual y moral.
La IA no es humana
Además, el documento advierte sobre el peligro de antropomorfizar la IA, es decir, atribuirle características humanas, como emociones o capacidades empáticas. Esta tendencia puede dar lugar a confusiones sobre la naturaleza de la IA y podría llevar a las personas, especialmente a los niños, a desarrollar relaciones más transaccionales y menos auténticas. La verdadera empatía y las relaciones humanas requieren una complejidad que la IA no puede proporcionar, ya que esta última carece de experiencias vividas, sensibilidad y la capacidad de conectar emocionalmente con otros de manera genuina. Por lo tanto, el Vaticano condena la antropomorfización de la IA ya que plantea serios desafíos para la comprensión de las relaciones humanas y puede afectar negativamente el desarrollo de habilidades interpersonales importantes en las personas.
La fotografía que ilustra esta noticia pertenece a Fray Paolo Benanti, docente en la Pontificia Universidad Gregoriana, experto en bioética y en ética de la tecnología, durante la presentación radiofónica de la nota a la editorial de los medios vaticanos.

