El tren de la fabricación masiva de chips basados en silicio ya pasó para España y el resto de Europa, ya que alcanzar a las potencias asiáticas o norteamericanas en ese campo es hoy inviable. Sin embargo, una nueva oportunidad aparece en el horizonte con la llegada de la tercera generación de procesadores, y esta vez nuestro país no quiere quedarse en el andén.
Indra Group lidera el ambicioso proyecto GIGaNTE, una iniciativa estratégica que busca dotar a España de la capacidad completa para diseñar, fabricar e integrar componentes basados en nitruro de galio (GaN). Este material semiconductor, mucho más veloz, resistente y eficiente que el silicio tradicional, es la pieza clave para el futuro de la defensa electrónica, las comunicaciones 5G/6G y la movilidad eléctrica.
Con el inicio de la construcción de una planta pionera en Vigo a través de SPARC Foundry, España se posiciona en la élite tecnológica europea para reducir la dependencia de terceros países y garantizar su propia soberanía civil y militar. Esto importa porque, en un contexto de tensiones geopolíticas, tener tecnología propia es sinónimo de autonomía estratégica.
¿Qué es el nitruro de galio y por qué es el material del futuro?
El nitruro de galio, conocido químicamente como GaN, es una aleación binaria de semiconductores que destaca por su dureza y su estructura cristalina tipo Wurtzita. A diferencia del silicio convencional, el GaN es lo que los científicos llaman un semiconductor de banda prohibida ancha (Wide Bandgap o WBG).
La banda prohibida es, de forma sencilla, la energía mínima necesaria para que un material deje de ser aislante y empiece a conducir electricidad. En el caso del GaN, este valor es de 3,4 eV, casi el triple que el del silicio. Esta característica permite que los dispositivos operen a temperaturas y voltajes mucho más elevados sin dañarse.
Además, los electrones se mueven dentro del GaN con una rapidez asombrosa, una propiedad llamada movilidad de electrones. Esto permite realizar conmutaciones mucho más rápidas, reduciendo las pérdidas de energía y permitiendo que los cargadores y componentes sean significativamente más pequeños y ligeros.
Implicaciones reales: radares AESA y coches eléctricos
El cambio que supone la adopción de estos chips no es solo teórico, sino que tiene aplicaciones prácticas que transformarán industrias enteras. En el ámbito militar, el nitruro de galio permite desarrollar módulos transmisores-receptores (TRM) para radares de tipo AESA (barrido electrónico activo) con un alcance y resolución muy superiores.
Al soportar mayores temperaturas y densidades de potencia, estos chips son ideales para sistemas antimisiles y equipos de guerra electrónica que operan en entornos de radiofrecuencia muy densos. En este sector, cada milímetro y cada vatio cuentan para obtener lo que los expertos denominan superioridad operativa.
Pero el ciudadano de a pie también notará sus beneficios, especialmente en el ámbito de la sostenibilidad:
- Carga inalámbrica de coches eléctricos: prototipos actuales ya alcanzan una eficiencia del 96% en la transferencia de energía.
- Integración de renovables: en redes eléctricas inteligentes o smart grids, los componentes de GaN ofrecen una fiabilidad extrema con eficiencias de hasta el 98,4%.
- Redes 5G y 6G: los amplificadores de GaN permiten una transferencia de datos más rápida y económica para el despliegue del Internet de las Cosas.
- Sistemas V2G (Vehicle-to-Grid): permite que la batería del coche devuelva energía a la red eléctrica de forma eficiente cuando no se usa.
Vigo: el corazón de la revolución industrial del chip
El epicentro de este despliegue se encuentra en el Parque Tecnológico de Valadares, en Vigo. Allí se ha puesto la primera piedra de la futura fábrica de SPARC Foundry, de la cual Indra Group es el socio mayoritario con una participación del 37%. Esta planta no solo es un hito para Galicia, sino para toda la soberanía tecnológica europea.
Se espera que la fábrica esté operativa en 2027, generando unos 200 empleos directos de alta cualificación. El proyecto se enmarca dentro del PERTE Chip, el Plan Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica de la microelectrónica, que movilizará más de 12.000 millones de euros de inversión pública en España.
La nueva SPARC Foundry actuará como una fundición abierta, facilitando que otras empresas diseñen sus propios chips y los fabriquen localmente. Esto crea un ecosistema industrial completo donde colaboran universidades de Madrid, Salamanca y Vigo junto a centros tecnológicos como Gradiant.
El futuro de la microelectrónica en España
El proyecto GIGaNTE y la apuesta por el nitruro de galio sitúan a España en una posición privilegiada dentro de la cadena de valor de los semiconductores compuestos. Aunque el proceso de fabricación es complejo y requiere reactores que operen a más de 1.000 °C, los beneficios a largo plazo superan con creces los costes iniciales.
La capacidad de producir estos chips en casa no solo nos protege de futuras crisis de suministro globales, sino que impulsa a nuestras empresas a liderar sectores como la aviación, los satélites y la medicina, donde el GaN ya se explora incluso en tratamientos de quimioterapia.
A medida que la tecnología madure y los procesos se abaraten, el nitruro de galio dejará de ser una promesa para convertirse en el estándar de una industria más eficiente y sostenible. España, con Indra a la cabeza, ha decidido que esta vez sí quiere ser protagonista de la revolución.

