Björn Ulvaeus, uno de los miembros fundadores del legendario grupo sueco ABBA, ha vuelto a sorprender al mundo con su espíritu innovador. En el marco del festival SXSW London, el artista de 80 años reveló que está trabajando en un nuevo musical, actualmente completado en tres cuartas partes, con la colaboración de herramientas de inteligencia artificial (IA).
Durante su intervención, Ulvaeus explicó cómo la tecnología está transformando su proceso creativo. Aunque no dudó en señalar que la IA es “muy mala para escribir letras” y que suele generar resultados “basura”, también admitió que le ha resultado útil para desbloquear situaciones creativas difíciles: “Puedes pedirle que continúe una letra que has empezado, y aunque muchas veces no sirve, en ocasiones da con algo que te inspira”, dijo.
Una herramienta, no una amenaza
La posición del artista sueco contrasta con la de otros músicos como Dua Lipa y Paul McCartney, que han mostrado su preocupación por el uso de IA en la música. Este año, ambos firmaron una carta abierta instando al primer ministro británico a proteger los derechos de autor de los artistas ante el avance de la tecnología.
Sin embargo, Ulvaeus no ve a la IA como un peligro, sino como un recurso: “Es como tener otro compositor en la habitación con un marco de referencia enorme. Es una extensión de tu mente. Accedes a cosas que no se te habrían ocurrido de otra manera”. Estas palabras ponen de manifiesto un enfoque positivo frente a una tecnología que aún genera división en la industria.
De los hologramas a los algoritmos
El nuevo musical representa solo el capítulo más reciente en la larga relación de Ulvaeus con la innovación tecnológica. Abba Voyage, el espectáculo de avatares digitales que representa al grupo en una arena construida especialmente en Londres, es un precedente de éxito que combinó nostalgia con tecnología puntera.
Esa iniciativa, calificada por The Guardian como una “extravagancia retrofuturista deslumbrante”, demostró el potencial comercial y artístico de fusionar música e innovación. La empresa responsable del proyecto, Pophouse Entertainment, tuvo que recaudar 140 millones de libras para cubrir los costes, pero el riesgo ha dado frutos con un público entusiasta y salas llenas desde su estreno en 2022.
Una trayectoria guiada por la experimentación
Desde los años 70, Ulvaeus y su compañero de composición, Benny Andersson, mostraron un fuerte interés por las nuevas tecnologías en el estudio. Fueron pioneros en la incorporación de sintetizadores como el Minimoog y en la adopción temprana de sistemas de grabación digital, buscando constantemente sonidos únicos para sus discos.
Ese mismo afán sigue impulsando su trabajo actual. “Siempre queríamos lo último. Escuchabas un sonido nuevo y querías saber cómo se hacía”, recordó el músico. Ahora, con la inteligencia artificial como nueva herramienta, Ulvaeus sigue demostrando que la curiosidad creativa no tiene edad.
El futuro de la música con IA
Mientras algunos creadores siguen viendo la IA como una amenaza para la autenticidad artística, otros como Ulvaeus y el cantante Daniel Bedingfield —quien también ha expresado su entusiasmo por esta tecnología—, la ven como parte del futuro inevitable de la música. “La máquina puede hacer buena música”, dijo Bedingfield recientemente.
La historia de Ulvaeus refleja un cambio generacional y de mentalidad. Lejos de resistirse, está explorando cómo la tecnología puede enriquecer la creatividad humana, en lugar de sustituirla. Y aunque reconoce las limitaciones actuales de estas herramientas, su experiencia sugiere que la IA puede convertirse en un aliado valioso para los artistas dispuestos a experimentar.
En una época en la que la inteligencia artificial está reconfigurando sectores enteros, desde la educación hasta la sanidad, la música no es una excepción. La iniciativa de Ulvaeus no solo marca un nuevo hito en su carrera, sino que podría abrir el camino para una nueva generación de creadores que vean en la IA una fuente de inspiración más que una amenaza.
La fotografía de representación de esta noticia pertenece a la portada del álbum ABBA Voyage.

