En pleno auge de las plataformas digitales y la hiperconexión, la soledad se ha consolidado como una de las grandes preocupaciones de la sociedad moderna. En ciudades como San Francisco o Nueva York, están surgiendo iniciativas que buscan devolver la esencia de las relaciones cara a cara a través de la tecnología. Entre ellas destacan 222 y Kndrd, dos aplicaciones que, lejos de promover interacciones efímeras, quieren crear amistades reales y duraderas.
De los algoritmos a la mesa
La aplicación 222 ha sido uno de los proyectos más comentados en los últimos meses. Creada por Keyan Kazemian, un emprendedor de 26 años con experiencia en Match Group (matriz de Tinder y Hinge), su funcionamiento es sencillo: antes de acudir a un evento, los usuarios completan un detallado cuestionario que incluye desde sus valores hasta su tolerancia a las drogas. Con esta información, la IA organiza cenas o actividades en pequeños grupos de desconocidos con alta compatibilidad.
El paramédico JT Mason, de 25 años, fue uno de los participantes en San Francisco. Tras compartir una cena con cinco personas seleccionadas por la aplicación, explicó: «No recibo la imagen que me quieren transmitir, sino que tengo al ser humano real». Una vez finalizada la reunión, los usuarios pueden indicar a la app con quién desean volver a verse, lo que enriquece el sistema de emparejamiento.
La clave de aplicaciones como 222 está en el uso de algoritmos de inteligencia artificial que analizan los cuestionarios de los usuarios para encontrar patrones de compatibilidad. No se trata solo de intereses comunes, sino de un cruce mucho más profundo de datos que abarca valores personales, estilos de vida y hasta tolerancia a ciertas conductas. Con esta información, la IA sugiere pequeños grupos de personas con mayor probabilidad de tener una conexión real.
A diferencia de las plataformas tradicionales de citas, que se basan en deslizar perfiles de manera superficial, la IA aprende de las experiencias pasadas. Tras cada encuentro, los usuarios dan su opinión sobre con quién les gustaría volver a verse y por qué. Esa retroalimentación permite que el sistema ajuste sus recomendaciones y mejore en futuros emparejamientos.
De este modo, la inteligencia artificial no sustituye la experiencia social, pero sí actúa como un filtro inteligente que facilita que las personas se sienten frente a frente con quienes tienen más posibilidades de construir un lazo significativo.
La “epidemia de soledad”
La soledad no es solo un problema emocional, sino también de salud pública. El ex cirujano general de Estados Unidos, Vivek Murthy, ya la calificó en 2017 como una “epidemia”. En un informe de 2023, alertó de que la desconexión social puede ser tan perjudicial como fumar hasta 15 cigarrillos al día, aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares, demencia y depresión.
Los expertos señalan varias causas: la desaparición de instituciones sociales tradicionales, el uso excesivo de plataformas digitales, el impacto de la pandemia y el auge del trabajo remoto. Estos factores han creado un escenario donde la búsqueda de vínculos genuinos se ha vuelto prioritaria.
Kndrd y las redes sociales alternativas
La experiencia personal de Isabella Epstein, que se mudó de Vermont a Nueva York en 2021, refleja esta realidad. Tras probar diferentes clubes y aplicaciones sin éxito, decidió acercarse a desconocidos en la calle para entablar conversación. Poco a poco, formó un nuevo círculo de amigos y, a raíz de ello, lanzó Kndrd, una aplicación dirigida a mujeres menores de 40 años en Nueva York que ya cuenta con unas 10.000 usuarias.
Kndrd permite proponer actividades y encontrar compañeras para realizarlas. Al igual que 222, su objetivo es trasladar las interacciones digitales al mundo real. Epstein recuerda que fue un período difícil: «Fue un período emocionalmente complejo para mí», señaló sobre sus primeros meses en la ciudad.
Un modelo de negocio diferente
A diferencia de las redes sociales tradicionales, cuyo beneficio depende del tiempo que los usuarios permanecen conectados, estas aplicaciones funcionan de manera inversa. Felix-Olivier Ngangue, inversor en Convivialite Ventures, lo resume así: «El lado positivo de estas aplicaciones es que su modelo de negocio no depende del tiempo que se pasa conectado. Les conviene que las personas se reúnan en la vida real».
Plataformas como Timeleft, Plots y Realroots también se han sumado a esta tendencia, ofreciendo alternativas a quienes buscan conexiones más profundas y significativas.
Consecuencias y futuro
El auge de estas aplicaciones muestra cómo la inteligencia artificial, lejos de aislar, puede ser un recurso para reconstruir comunidades. Aunque la IA aún no logra comprender del todo la “química humana”, como señaló Mason, sí puede servir como primer paso para acercar a las personas y facilitar la creación de lazos auténticos.
En un momento en que la soledad se perfila como uno de los grandes retos sociales del siglo XXI, proyectos como 222 y Kndrd abren una vía de esperanza para quienes buscan algo más que una pantalla: amistades de verdad.
La fotografía de portada de esta noticia pertenece a Simon Maage y ha sido publicada en Unsplash

