Aunque muchas personas piensan que los algoritmos son una invención moderna, lo cierto es que llevan entre nosotros miles de años. Clara Grima, matemática y divulgadora incansable, arranca su nuevo libro, Con algoritmos y a lo loco, reivindicando esa historia. “Los primeros algoritmos se remontan a la época de Babilonia (1800-1600 a. C.), pero los que han tenido mayor trascendencia y han dejado más huella son los que mantienen a nuestra Cleopatra expectante: aquellos que surgieron de las matemáticas de la Grecia clásica”, escribe.
Entre esos primeros algoritmos está el de Euclides de Alejandría, del siglo III a. C., que aún se utiliza hoy para tareas tan modernas como la criptografía. Grima conecta así pasado y presente, demostrando que estas antiguas “recetas” matemáticas siguen funcionando en pleno siglo XXI.
De espaguetis a WhatsApp
Una de las anécdotas del libro es la del “ordenador de pasta”. Para explicar cómo funcionan los algoritmos de ordenación, Grima propone usar fetuchini: cortarlos según la longitud de cada número, alinearlos sobre una mesa y, así, visualizar el orden de menor a mayor. Un ejemplo tan casero como genial para entender ideas complejas sin recurrir a fórmulas.
Y si eso parece rudimentario, también hay espacio para la alta tecnología. Grima explica que el algoritmo de Euclides (el mismo de hace más de 2.000 años) es la base de muchos sistemas de cifrado, como el que protege nuestros mensajes en WhatsApp. “Ninguna máquina puede manejar un número infinito de cifras, pero los humanos sí podemos manejar el concepto de infinito cuando abstraemos”, señala.
La FFT, TikTok y los filtros
Otro protagonista inesperado del libro es la Transformada Rápida de Fourier (FFT, por sus siglas en inglés), un algoritmo que, según Grima, “es imprescindible para tratar cualquier tipo de señal”. Se usa en el MP3, en el reconocimiento de voz, en la compresión de imágenes y hasta en los filtros de TikTok. “¿Qué sería de nuestros selfis sin la FFT?”, se pregunta.

Heroínas invisibles
El libro también rescata a mujeres que la historia de la ciencia ha invisibilizado. Como Pandrosion de Alejandría, mencionada en el siglo IV por Pappus pero transformada al masculino por traductores del siglo XIX. O como Sophie Germain, que estudió matemáticas en secreto porque no le estaba permitido acceder a la universidad. Grima no olvida a las protagonistas de Figuras ocultas, las mujeres que calcularon las órbitas de los cohetes de la NASA. Ni a Margaret Hamilton, quien acuñó el término “ingeniería de software” y diseñó los sistemas que permitieron al Apolo 11 alunizar con éxito.
Entre hormigas e inteligencia artificial
La autora también dedica espacio a los algoritmos bioinspirados, como los que imitan el comportamiento de las hormigas para encontrar rutas óptimas. Esos mismos principios están detrás de los sistemas de inteligencia artificial actuales. De hecho, muchos captchas que resolvemos hoy (identificando semáforos o bicicletas) ayudan a entrenar algoritmos para la conducción autónoma.
Pero Grima no es complaciente: alerta sobre los peligros del mal uso de la IA, desde sesgos en sistemas judiciales hasta chatbots como Tay, de Microsoft, que acabó publicando mensajes racistas tras ser entrenado con odio. Por eso insiste en que “la tecnología más puntera tiene que mirar a los ojos a la filosofía”.
Una divulgadora con sello propio
Clara Grima es doctora en Matemáticas, profesora titular en la Universidad de Sevilla y divulgadora. Ha recibido premios como la Medalla de la Real Sociedad Matemática Española en 2024 y ha llevado las matemáticas a todos los formatos, desde blogs hasta el teatro. Con Con algoritmos y a lo loco, editado por Ariel, confirma que es posible enseñar, divertir y emocionar con una ecuación en la mano.
La imagen de representación de esta noticia ha sido generada con ChatGPT.

