Anthropic ha publicado una historia oral titulada «The Making of Claude Code», en la que ingenieros, investigadores y primeros usuarios cuentan cómo su agente de programación para la terminal pasó de ser un juguete interno a un producto. Lo interesante no es el «qué», que ya conocemos, sino el «cómo»: Claude Code no fue un lanzamiento planificado, sino un experimento casero que ni siquiera se llamaba así.
Todo empezó con «clide»
El origen está en el trabajo de Anthropic con agentes de código y aprendizaje por refuerzo. El primer intento fue una extensión para VS Code que sugería cuatro opciones por cada petición. De ahí, y a medida que el modelo aprendía a manejar una terminal, buscar y editar archivos, nació una herramienta interna de línea de comandos bautizada como «clide», un nombre que ya había acuñado el ingeniero Eli Tran-Johnson.
Era, en palabras de la propia responsable de aprendizaje por refuerzo, Shauna Kravec, «rara, muy adelantada a su tiempo». Funcionaba a base de conjuros, pero hacía cosas asombrosas: podía lanzar cien copias de Claude en paralelo para responder preguntas sobre una carpeta entera que no cabía en su memoria. El cofundador Ben Mann la trasteaba en su tiempo libre porque le fascinaba.
El día en que alguien vio el futuro
El punto de inflexión lo cuenta Boris Cherny, hoy responsable de Claude Code. Había escrito a mano un cambio de código y su jefe, Adam Wolff, se lo rechazó con una recomendación: que probara «clide». Pegó la incidencia en la herramienta y esta le devolvió el trabajo entero resuelto. «Nunca había visto nada igual, parecía el futuro», resume. La reacción del equipo fue darse cuenta de que las piezas ya estaban sobre la mesa.
«Vimos que ya teníamos todas las piezas; solo había que juntarlas».
Ben Mann, cofundador de Anthropic
De «clide» a Claude Code
El salto a producto no fue triunfal. En el programa de acceso anticipado la acogida fue tibia y la herramienta arrastraba fallos, pero Anthropic decidió sacarla igualmente al público en febrero de 2025. Fue entonces cuando el «Claude CLI» se rebautizó como Claude Code, un nombre que propuso Alex Isken, de marketing, por su sencillez.
Los detalles más humanos llegaron sobre la bocina: un ingeniero, Igor Kofman, montó de madrugada el logo en arte ASCII colaborando con el propio Claude, y la diseñadora Meaghan Choi coló en la terminal a «Clawd», el personaje mascota, como un pequeño guiño al arrancar.
Un año después
La adopción llegó rápido, empezando por casa. Cherny relata cómo el porcentaje de su propio código escrito por la herramienta no dejó de subir hasta comérselo del todo, y no es un caso aislado: en Anthropic la IA ya redacta la mayor parte del código de la casa.
«En febrero de 2025, Claude Code escribía quizá el 10% de mi código. En mayo subió al 30 o 40%. Para el invierno de 2025, el 100% de mi código lo escribía Claude Code, ni una sola línea a mano».
Boris Cherny, responsable de Claude Code en Anthropic
Fuera de Anthropic, la herramienta se coló en empresas como Ramp o IBM y entre desarrolladores de referencia. El creador de Bun, Jarred Sumner, cuenta que le pidió implementar la compresión de websockets pasándole directamente el documento técnico, y la herramienta acabó resolviéndolo sola tras varias vueltas.
El propio equipo mira ese éxito con perspectiva. Adam Wolff lo compara con lo que le pasó a React, el proyecto que ayudó a crear: lo que empezó como una idea pura de informática terminó convertido en una marca, un logo y una sensación, mucho más que su concepto original. Con Claude Code, intuye, pasará lo mismo, y esa es quizá la señal más clara de que la herramienta ha dejado de ser un experimento.

