En un país donde el trabajo en el campo sigue siendo esencial y la escasez de mano de obra es una constante, una empresa española ha dado un paso más en la automatización con la presentación de un robot temporero. Se trata de una máquina equipada con inteligencia artificial y drones recolectores, capaz de trabajar día y noche sin descanso, salarios ni vacaciones. La propuesta llega de la mano de Moreno Intec del Pla, y ha sido presentada durante las XXX Jornadas Frutícolas del IRTA en Cataluña.
Una revolución que ya está en marcha
El nuevo sistema, que lleva cuatro años en desarrollo, consiste en una plataforma móvil con depósitos para fruta, motor diésel y ocho drones acoplados, cada uno equipado con un brazo robótico. Estos drones vuelan alrededor de los árboles para identificar y recoger manzanas de forma autónoma, guiados por un sistema de visión por cámara e inteligencia artificial que analiza el tamaño y color del fruto.
Además, el robot puede configurarse para seleccionar solo las frutas que cumplan determinados parámetros, e incluso eliminar selectivamente frutos pequeños. Aunque cuenta con control remoto y una sola persona puede supervisar hasta cinco unidades desde una tablet, su funcionamiento está diseñado para ser completamente autónomo. Y, gracias a su iluminación integrada, puede operar también por la noche.
Menos costes, más polémica
Lluís Asín, responsable del programa de Fruticultura del IRTA, asegura que este tipo de sistemas suponen “un salto importante en la competitividad del sector”, recordando que entre el 30% y el 40% del coste de producción de una plantación se destina a la cosecha. El uso de maquinaria como esta podría mejorar la rentabilidad de las explotaciones agrarias, un factor clave ante la falta de mano de obra que sufre el sector.
No obstante, la polémica está servida. El propio Sergi Moreno, director técnico de Tallers Moreno, creadores del robot, reconoce que “sustituye la parte humana del proceso. Cada dron actúa como si fuera una persona, pero con la capacidad de operar de día y de noche sin descanso”.
Aunque la productividad todavía no alcanza los niveles del trabajo manual, los impulsores del proyecto insisten en que este es solo el comienzo, y que el futuro del campo pasa inevitablemente por la automatización.
Japón y la crisis demográfica como catalizadores
El proyecto cuenta también con el respaldo de Kubota Corporation, una multinacional japonesa especializada en maquinaria agrícola, que está desarrollando drones similares para el cuidado de plantaciones. En Japón, la escasez de trabajadores agrícolas se ha agudizado debido a la caída de la natalidad y el envejecimiento poblacional, lo que ha convertido a la automatización en una necesidad urgente.
Desde la compañía aseguran que, además de reducir los costes laborales en un 30%, estos robots permiten cultivar árboles más altos, y por tanto más productivos, al eliminar la necesidad de escaleras y facilitar el acceso a las copas con los drones. Según sus estimaciones, el retorno de la inversión puede alcanzarse en apenas tres semanas.
Una solución global a un problema común
La innovación no se limita a España y Japón. En Estados Unidos, estados como California y Washington ya están integrando drones para recolectar frutas y lechugas. En Europa, países como Italia y España desarrollan programas piloto para evaluar su viabilidad, mientras que en Chile se estudia su uso para manzanas y uvas.
El desarrollo global está liderado también por Tevel Aerobotics Technologies, una empresa israelí que trabaja junto a Kubota en la mejora de esta tecnología. Israel, como otros países, enfrenta dificultades para encontrar trabajadores temporales en el campo, lo que acelera la adopción de estos sistemas.
¿Progreso o amenaza?
La llegada de estos robots plantea una cuestión de fondo: ¿qué ocurrirá con los trabajadores humanos que dependen de la recolección de fruta para subsistir? Las voces críticas advierten que la automatización amenaza miles de empleos estacionales, y que las grandes explotaciones serán las únicas con recursos para adquirir estas tecnologías, agravando la desigualdad y dejando atrás a las pequeñas plantaciones.
Frente a estos argumentos, quienes defienden el uso de maquinaria robótica aseguran que ya no hay personas dispuestas a realizar estos trabajos y que surgirán nuevos perfiles laborales centrados en la programación, supervisión y mantenimiento de estos robots.
El campo, históricamente anclado en métodos tradicionales, está a punto de vivir un nuevo sorpasso tecnológico. La pregunta ya no es si los robots llegarán a la agricultura, sino cuándo sustituirán definitivamente a los humanos. Por ahora, no recolectan tan rápido como un temporero, pero no se cansan, no enferman y no paran. Para muchos agricultores, esa sola ventaja ya justifica su uso.

