Una lista de lectura veraniega publicada en la edición dominical del Chicago Sun-Times ha desatado una ola de críticas y vergüenza pública para el periódico y su socio de contenidos, King Features Syndicate. El motivo: muchos de los libros recomendados en la lista sencillamente no existen.
La sección especial, titulada “Heat Index: Your Guide to the Best of Summer (Índice de calor: tu guía para lo mejor del verano)”, fue producida por el periodista freelance Marco Buscaglia y distribuida por King Features Syndicate, una unidad del grupo Hearst. Buscaglia admitió haber utilizado una herramienta de inteligencia artificial para elaborar parte del contenido, incluyendo las sinopsis de libros y sus títulos, sin verificar su autenticidad. “Estúpidamente, y 100% culpa mía, simplemente publiqué esta lista que [un programa de IA] generó”, declaró Buscaglia.
Ficción disfrazada de realidad
Entre los títulos falsos se encuentra “Tidewater Dreams (Sueños de marea)”, atribuido erróneamente a la reconocida autora Isabel Allende, y “Boiling Point (Punto de ebullición)” supuestamente de Rebecca Makkai. Ambas autoras, junto a otros escritores reales como Andy Weir, Brit Bennett o Min Jin Lee, vieron sus nombres asociados a obras ficticias. La propia Lee negó en redes sociales haber escrito “Nightshade Market (Mercado de solanáceas)”, uno de los títulos incluidos.
I have not written and will not be writing a novel called “Nightshade Market.” Thank you.
— Min Jin Lee (@minjinlee11) May 20, 2025
En total, 10 de los 15 libros de la lista eran invenciones de IA. Los cinco restantes eran libros reales, pero antiguos, como “Bonjour Tristesse (Buenos días, tristeza)” (1954) de Françoise Sagan y “Dandelion Wine (El vino del estío)” (1957) de Ray Bradbury, lo que resulta contradictorio para una selección de novedades de verano.
Reacciones y consecuencias
El escándalo no tardó en extenderse más allá del Sun-Times. El Philadelphia Inquirer también publicó una versión de la sección con el contenido generado por Buscaglia, quien reconoció no haber revisado otros artículos elaborados con IA. King Features ha anunciado la ruptura de su relación con el periodista, alegando que violó su política sobre el uso de inteligencia artificial.
Gabriel Escobar, editor y vicepresidente senior de The Inquirer, explicó que el uso de inteligencia artificial para producir contenido es una “violación de nuestras propias políticas internas y una infracción grave. Estamos buscando formas de mejorar la verificación del contenido de estos suplementos en el futuro”, aunque también dejó en claro que el personal de noticias del Inquirer no estuvo involucrado.
La voz de alarma surgió del medio 404 media que comenzó a recopilar los comentarios de irónicos lectores del periódico.
Desde Chicago Public Media, empresa matriz del Sun-Times, su directora ejecutiva Melissa Bell declaró que se está investigando a fondo el incidente. Bell expresó su “decepción profunda” y aseguró que la edición fue retirada de la versión digital, además de prometer que los suscriptores no serán cobrados por esa edición. Añadió que se revisará la relación con el proveedor de contenido para evitar que se repita un fallo de tal magnitud.
El sindicato de periodistas del Sun-Times también se pronunció: “Nos horroriza que contenido generado por IA se haya publicado junto a nuestro trabajo”, subrayando que la sección fue producida sin conocimiento ni participación de la redacción.
El propio periódico ha publicado este artículo explicando lo sucedido y matizan que «ha sido escrita y editada por miembros del equipo editorial de Chicago Public Media. Según el protocolo de CPM, ningún funcionario corporativo ni líder ejecutivo externo a la redacción revisó esta historia antes de su publicación».
Una advertencia para el futuro
El caso ha abierto un debate sobre los límites y peligros del uso de inteligencia artificial en el periodismo. El Sun-Times ya ha comenzado a actualizar sus políticas para prevenir incidentes similares. Como explicó Bell: “Esto debería servir de lección para todo el periodismo sobre por qué nuestro trabajo es valioso: por la relación entre nuestros periodistas y editores reales y nuestras audiencias”.
Buscaglia, por su parte, asumió toda la responsabilidad y dijo estar dispuesto a aceptar cualquier consecuencia. Aseguró que lamenta que sus acciones hayan perjudicado a otros periodistas que sí siguen procesos rigurosos de verificación y edición.
El incidente pone de relieve la necesidad urgente de transparencia y control en el uso de herramientas automatizadas, especialmente cuando el periodismo se basa en la confianza entre medios y lectores. Esta vez, una lista veraniega de lectura terminó siendo una advertencia muy real sobre los riesgos de la automatización sin supervisión.

