Un laboratorio cuántico del tamaño de una caja de zapatos
El pasado 23 de junio, un cohete Falcon 9 despegó desde la base espacial de Vandenberg, en California, con un cargamento muy especial a bordo: el primer ordenador cuántico diseñado para operar en el espacio. Su tamaño es engañoso—apenas el de una caja de zapatos—pero su potencial es inmenso. El dispositivo fue desarrollado por un equipo internacional de investigadores de la Universidad de Viena, liderado por Philip Walther, junto con Iris Agresti y Simon Steiner.
Una hazaña tecnológica desde Viena
Durante más de un año y medio, el equipo vienés trabajó intensamente en este proyecto, culminando en enero de 2025 con una fase crítica de ensamblaje en la sala limpia del centro de competencia del Centro Aeroespacial Alemán (DLR) en Trauen. Solo dispusieron de once días hábiles para montar el modelo de vuelo que ahora ya orbita la Tierra a unos 550 kilómetros de altitud .
En palabras de Agresti y Steiner, la presión fue extrema: “Teníamos que construir el modelo desde cero y entregarlo a tiempo para su integración en el satélite. Un solo error podría haber significado perder días enteros de trabajo”, recuerdan. La complejidad técnica era máxima, desde la colocación de fibras ópticas ultrasensibles hasta la integración precisa de los componentes en un volumen de menos de tres litros .
Computación cuántica en órbita: ¿para qué sirve?
El ordenador cuántico utiliza una arquitectura fotónica: sus cálculos se basan en fenómenos ópticos como la interferencia y la difracción de la luz. Este enfoque lo convierte en un sistema extremadamente eficiente en términos energéticos (consume menos de 30 W), ideal para tareas complejas como transformadas de Fourier o análisis espectral directamente desde el espacio .
Gracias a ello, puede realizar edge computing, es decir, procesar datos directamente a bordo sin necesidad de enviarlos a la Tierra. Esto reduce el consumo de energía y acorta los tiempos de respuesta ante fenómenos como incendios forestales, emisiones solares o cambios climáticos repentinos. También permite optimizar antenas, limpiar señales espectrales de telescopios o buscar señales débiles de ondas gravitacionales desde el mismo satélite .
Un experimento pionero con vocación de futuro
Este experimento no solo demuestra que la computación cuántica puede sobrevivir en el espacio, sino que allana el camino para futuras misiones más ambiciosas. El dispositivo es versátil y adaptable, por lo que se espera que sea utilizado en estudios de aprendizaje automático, observación climática y análisis de la física cuántica fundamental bajo condiciones extremas .
“Trabajamos con fotones porque son ideales para aplicaciones cuánticas: son rápidos, resistentes a la interacción con el entorno y permiten un procesamiento de información muy preciso”, explica Agresti.

Una misión de SpaceX con 70 cargas útiles
El lanzamiento formó parte de la misión Transporter-14 de SpaceX, una operación de transporte compartido que puso en órbita 70 cargas útiles, incluidos satélites comerciales, cápsulas de reentrada para experimentos farmacéuticos y restos humanos enviados al espacio por The Exploration Company en colaboración con Celestis .
El propulsor del Falcon 9 completó su 26.º vuelo con éxito y regresó a un dron en el océano Pacífico, demostrando una vez más la eficiencia de los lanzamientos reutilizables de SpaceX .
Un impulso a la soberanía científica europea
Este logro fortalece la posición de Europa, y en particular de Austria, en la carrera global por liderar la computación cuántica. “Queríamos demostrar que un grupo de investigación relativamente pequeño puede lograr resultados punteros sin necesidad de los recursos masivos de gigantes como IBM o Google”, afirma orgulloso Philip Walther. El equipo ha mostrado cómo el ingenio, la colaboración interdisciplinar y el esfuerzo conjunto pueden hacer historia desde un laboratorio universitario .
El futuro ya ha comenzado
Durante las próximas semanas se espera que el ordenador comience a transmitir los primeros datos. Si todo sale según lo previsto, este será solo el comienzo de una nueva era: la de los ordenadores cuánticos en el espacio. Hasta entonces, como dice Walther, “miraremos al cielo y esperaremos que todo funcione como hemos soñado” .

