Google ha presentado Project Suncatcher, un nuevo proyecto de investigación que pretende llevar la computación de inteligencia artificial al espacio. La compañía trabaja en el diseño de una constelación de satélites solares equipados con sus chips Tensor Processing Unit (TPU), capaces de interconectarse mediante enlaces ópticos de alta velocidad. El objetivo es aprovechar la energía casi ilimitada del Sol para escalar el poder de cálculo de la IA más allá de las limitaciones terrestres.
El anuncio, publicado por Google Research el 4 de noviembre de 2025, describe una visión de futuro en la que redes de satélites, impulsadas por energía solar y conectadas entre sí mediante enlaces ópticos, procesarán grandes volúmenes de datos para alimentar modelos de inteligencia artificial. Este esfuerzo se suma a la tradición de los llamados moonshots de Google, proyectos de alto riesgo e impacto como la computación cuántica o los vehículos autónomos.
Una constelación para el futuro de la IA
Según Google, Project Suncatcher parte de una idea simple pero ambiciosa: aprovechar la luz solar directamente en el espacio para alimentar los centros de datos del futuro. En órbita, los paneles solares pueden producir hasta ocho veces más energía que en la Tierra y hacerlo casi de forma continua. La compañía estudia cómo un conjunto de satélites pequeños, cada uno con procesadores TPU Trillium y conectados por enlaces ópticos de alta velocidad, podría funcionar como un data center orbital.
El equipo de investigación, liderado por Travis Beals, Blaise Agüera y Arcas y James Manyika, ha publicado un documento titulado “Towards a future space-based, highly scalable AI infrastructure system design”, que detalla el diseño del sistema, el control de las constelaciones y la resistencia de los chips ante la radiación.
Retos técnicos: comunicación, órbita y radiación
Uno de los mayores desafíos es lograr interconexiones de alta velocidad entre satélites, comparables a las de un centro de datos terrestre. Para ello, Google ha desarrollado un sistema de enlaces ópticos (DWDM) capaz de alcanzar decenas de terabits por segundo. La clave está en mantener los satélites a escasa distancia unos de otros, en formaciones de apenas cientos de metros.
El segundo reto es la estabilidad orbital. Los satélites se ubicarán en una órbita baja sincrónica con el Sol, lo que permite recibir luz casi constante. Los modelos físicos elaborados por Google demuestran que una constelación de 81 satélites de un kilómetro de radio puede mantenerse estable con pocas maniobras correctivas.
En cuanto a la radiación, las pruebas realizadas con los chips TPU Trillium v6e en un haz de protones de 67 MeV revelaron una resistencia notable: los chips soportaron una dosis de 15 krad(Si) sin fallos permanentes, más del doble de lo necesario para una misión de cinco años.
Economía espacial: el precio del lanzamiento
El coste de lanzar miles de satélites sigue siendo un obstáculo clave. Sin embargo, Google estima que los precios de lanzamiento podrían caer por debajo de los 200 dólares por kilogramo para 2035 gracias a la reutilización de cohetes como Starship de SpaceX. A ese precio, el coste energético de un centro de datos orbital sería comparable al de uno terrestre.
Próximos pasos: probar en órbita
El siguiente paso será una misión conjunta con Planet, prevista para 2027, que lanzará dos satélites prototipo. Servirá para validar los enlaces ópticos y la resistencia del hardware en condiciones reales. Google considera que la física y la economía ya no descartan un futuro en el que la IA opere directamente desde el espacio, alimentada por el Sol.
Un futuro impulsado por el Sol
Si el proyecto tiene éxito, podría transformar la infraestructura tecnológica global. La computación en órbita reduciría el impacto ambiental de los centros de datos y permitiría una escalabilidad sin precedentes. Pero también plantea preguntas sobre la seguridad y la regulación del espacio como entorno computacional. Google reconoce los desafíos que aún quedan —como la gestión térmica o la fiabilidad en órbita—, pero da por superado el primer paso: demostrar que la idea es viable.
La fotografía de portada de esta noticia pertenece a NASA y ha sido publicada en Unsplash

