Hoy, 18 de julio, se cumplen 56 años de la fundación de Intel, la empresa que ayudó a que los ordenadores salieran de los laboratorios y llegaran al escritorio. Desde los primeros microprocesadores hasta los chips especializados para IA, su historia es también la de cómo la tecnología ha ganado músculo para alimentar algoritmos cada vez más complejos. No ha sido un camino sin competencia, pero sí uno en el que Intel ha marcado el paso durante décadas. Su futuro, ahora, se juega entre NPUs, computación cuántica y una carrera feroz por liderar la próxima ola de inteligencia artificial.
1968: el inicio del viaje
En los años 60, los ordenadores eran máquinas gigantes, lentas, caras y exclusivas de gobiernos, universidades o grandes empresas. La ENIAC, por ejemplo, pesaba más de 27 toneladas. La computación personal no existía.
Eso cambió cuando en 1968, Gordon Moore —químico y visionario— y Robert Noyce, coinventor del circuito integrado, fundaron Intel Corporation en California. Su objetivo era aprovechar el silicio para reducir el tamaño y coste de los ordenadores. Sin saberlo, estaban poniendo el primer ladrillo de una nueva era.
La Ley de Moore: profecía, presión e impulso
En 1965, tres años antes de fundar Intel, Gordon Moore escribió un ensayo donde predijo que el número de transistores en un chip se duplicaría cada dos años. Esa Ley de Moore, más una hoja de ruta que una ley natural, impulsó a toda la industria durante décadas.
Fue una promesa ambiciosa… y también una presión constante. Los ingenieros de Intel trabajaron contrarreloj para miniaturizar transistores y cumplir con la profecía. Durante años lo lograron, lo que permitió ordenadores cada vez más potentes, pequeños y baratos. Pero desde mediados de los 2010, la miniaturización extrema empezó a toparse con los límites físicos del silicio, y la industria se volcó en soluciones como arquitecturas híbridas, especialización en IA o nuevos materiales.
1969-1971: cómo se inventó el primer microprocesador
En 1969, una pequeña empresa japonesa llamada Busicom encargó a Intel el diseño de chips para una calculadora avanzada. La idea inicial era crear varios circuitos especializados, uno para cada función: suma, resta, control del teclado…
Pero el joven ingeniero Marcian Ted Hoff propuso algo revolucionario: ¿y si se hacía un solo chip, programable, capaz de ejecutar cualquier instrucción? Se unieron al proyecto Stan Mazor (diseño de instrucciones), Federico Faggin (diseño físico y tecnología de interconexión) y Masatoshi Shima (de Busicom). Faggin usó su técnica de puertas de silicio para comprimir toda la lógica de un ordenador en una sola pieza.
Así nació el Intel 4004: un microprocesador de 4 bits y 2.300 transistores que, en 1971, se convirtió en el primer ordenador en un chip.

1970s: del silicio al escritorio
Tras el 4004, llegaron el 8008, el 8080 y finalmente el Intel 8086, base del IBM PC en 1981. La elección de IBM por Intel cambió la historia: millones de ordenadores en hogares y oficinas empezarían a usar chips de la empresa californiana.
En esta década, la Ley de Moore se consolidaba como brújula de la industria: duplicar los transistores cada dos años, con mejoras exponenciales en potencia.
1980s-1990s: expansión, Pentium y el ascenso de la informática personal
En los años 80, el mercado del PC explotó. Intel lanzó chips como el 80286 y el 80386, que hicieron posible sistemas operativos más avanzados, multitarea y gráficos decentes. En 1993, llegó el Pentium, con 3 millones de transistores, que se convirtió en sinónimo de ordenador rápido.

Intel también dio un golpe de marketing: la campaña “Intel Inside” lo convirtió en una marca visible. Ya no era solo un proveedor técnico: era un sello de calidad.
En paralelo, en los centros de investigación, comenzaban los primeros experimentos serios con redes neuronales artificiales. Muchas de estas simulaciones se ejecutaban sobre procesadores Intel, no por especialización, sino por disponibilidad y potencia general.
2000s: la era del multinúcleo y el big data
Con la llegada del siglo XXI, la industria del chip entró en otra fase: no era posible seguir aumentando la frecuencia sin generar demasiado calor. La solución fue el paralelismo. Intel lanzó procesadores multinúcleo como los Core 2 Duo y las primeras generaciones de Xeon optimizados para centros de datos.
También se multiplicaban los datos. Con la expansión de internet y los móviles, llegaba la era del big data, donde la inteligencia artificial necesitaba procesar millones de registros. Intel adaptó sus chips Xeon E5 para cargas de inferencia y procesamiento en paralelo.
2010s: aceleradores, adquisiciones y el empujón hacia la IA
En 2016, Intel adquirió Movidius (chips de visión artificial para dispositivos móviles) y Nervana Systems (aceleradores para aprendizaje profundo). Sin embargo, cerró Nervana en 2020 para centrarse en otras líneas.
También lanzó OpenVINO, una herramienta para optimizar redes neuronales en dispositivos edge, adoptada por empresas y desarrolladores.
2020s: arquitectura híbrida, Gaudi 3 y NPUs
En 2024, Intel presentó los Gaudi 3, aceleradores diseñados para competir directamente con las GPU de NVIDIA, compatibles con PyTorch y eficientes en costes. Su arquitectura está pensada para entrenar modelos generativos como LLaMA o servir inferencias en centros de datos.
Por su parte, los chips Core Ultra introducen NPUs (unidades específicas para IA local) que permiten ejecutar Stable Diffusion en un portátil sin conexión a internet.
Competidores: el trono ya no es solo de Intel
Durante décadas, Intel fue la referencia. Pero en los últimos 20 años, ha tenido que compartir el escenario. AMD ha ganado terreno con sus procesadores Ryzen y EPYC, más competitivos en rendimiento/precio. NVIDIA se convirtió en líder indiscutible en IA gracias a sus GPU A100 y H100, y su ecosistema software.
Apple, con sus chips M1 y M2 diseñados in-house, dejó a Intel fuera de sus ordenadores y demostró que la integración vertical da frutos.
Intel sigue siendo un jugador clave, pero la partida es ahora a varios bandos.
¿Y ahora qué?: nube, ética y computación cuántica
Para no perder el tren de la próxima revolución, Intel ha lanzado Tiber Developer Cloud, una plataforma en la nube para probar hardware avanzado de IA sin tener que comprarlo.
También invierte en computación cuántica, con proyectos como Tangle Lake, con la esperanza de resolver en el futuro problemas hoy imposibles.
Y más allá del silicio, está el debate ético: cómo hacer que la IA sea segura, justa y comprensible. Intel se posiciona como defensora de estándares abiertos y responsables.
Intel, 56 años después
La empresa que en 1971 metió un ordenador en un chip, hoy diseña procesadores para entrenar inteligencias artificiales. No ha liderado todos los cambios, ni ha acertado siempre, pero ha sido una constante. De Faggin a Pat Gelsinger, de calculadoras a sistemas generativos, Intel ha alimentado el motor de la IA durante más de medio siglo. Y el viaje continúa.

