En un estudio lleno de instrumentos y aroma a café, el músico etíope Dawit Ketema, conocido como Mashela, experimenta con la combinación del sonido ancestral de la flauta washint y los sintetizadores digitales. Su objetivo es construir un archivo sonoro africano impulsado por inteligencia artificial (IA), capaz de preservar los timbres antiguos y generar nuevas melodías. “La IA no está reemplazando al arte; se está convirtiendo en un nuevo instrumento”, afirma Mashela. “Podemos usarla para mantener vivas nuestras tradiciones mientras creamos algo orientado al futuro”.
El auge de la IA en la música
A nivel global, el mercado de la IA aplicada a la música —valorado en 5.200 millones de dólares en 2024— se prevé que alcance los 60.000 millones en 2034. Los algoritmos que componen melodías, mezclan pistas o imitan instrumentos están revolucionando la forma en que se crea y se consume la música.
En África, este fenómeno tiene un potencial aún mayor. Con un valor actual estimado de 4.500 millones de dólares, la IA promete democratizar la creatividad, reducir los costes de producción y revivir géneros históricos como el Highlife, la Rumba, el Makossa o el Tizita, digitalizando grabaciones raras y tradiciones orales.
Proyectos como el AI Rhythm Fusion del artista nigeriano Ayo Jay o las iniciativas etíopes de archivo sonoro impulsadas por IA demuestran cómo el aprendizaje automático puede extender la vida del patrimonio cultural, en lugar de borrarlo.
Preservar y reinventar la herencia
Gracias a su capacidad analítica, la IA se está utilizando para digitalizar, transcribir y analizar la música histórica africana —desde el tama senegalés y la kora maliense hasta el bubblegum pop y el Kwaito sudafricanos—. Alimentando estos sonidos a los sistemas de IA, investigadores y artistas entrenan modelos capaces de reconocer y reproducir la diversidad musical del continente.
En 2025, la Universidad de Witwatersrand lanzó el programa Beyond the Algorithm: African Musical Creativity in the Age of AI, una iniciativa que invita a músicos africanos a co-crear herramientas de IA adaptadas a sus lenguas y tradiciones. Este esfuerzo académico y artístico refleja una convicción creciente: el futuro de la IA en África debe ser definido por los africanos, no por tecnologías o datos importados.
Desafíos y tensiones éticas
Pese al entusiasmo, el auge de la IA en la música también pone de relieve debilidades estructurales en la industria creativa africana. Los vacíos de datos dificultan la formulación de políticas efectivas, especialmente en países como Nigeria. En Sudáfrica, la falta de protección de la propiedad intelectual supone pérdidas de hasta 690 millones de rands (unos 46 millones de dólares) al año debido a la piratería. Además, la desigual distribución de beneficios amenaza con concentrar los ingresos generados por la IA en manos de grandes tecnológicas internacionales, dejando atrás a los creadores locales.
El veterano de la industria Charles Goldstuck advierte: “Sin marcos de gobernanza que protejan el trabajo creativo y garanticen una compensación justa, la IA podría profundizar la desigualdad en las artes”.
A nivel mundial, los modelos regulatorios varían: Japón y Singapur permiten el data mining de material protegido por derechos de autor, Brasil debate nuevas leyes sobre IA y copyright, y Corea del Sur excluye las obras generadas por IA de la protección legal. Estas diferencias refuerzan la necesidad de un marco africano de gobernanza que equilibre innovación y equidad.
Políticas emergentes y comercio digital
Los primeros pasos ya se están dando. En 2024, el Área de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA) adoptó su Protocolo de Comercio Digital, que introduce normas sobre gobernanza de datos y podría ayudar a los músicos a proteger sus obras y colaborar más allá de las fronteras.
El verdadero progreso, sin embargo, dependerá de invertir en alfabetización digital, infraestructura de datos y formación creativa. Sin estos pilares, la IA corre el riesgo de ser una herramienta excluyente, en lugar de un catalizador de inclusión cultural.
Innovación desde la inclusión
Mientras la inteligencia artificial transforma las industrias creativas, África se encuentra en una encrucijada. Con el apoyo adecuado, los artistas del continente pueden liderar una redefinición global del arte digital basada en la autenticidad y la propiedad colectiva.
“Para nosotros, la IA es un puente entre el pasado y el futuro”, reflexiona Mashela. “Si la entrenamos con nuestras historias y nuestros sonidos, cantará con nuestras voces”.
En un mundo donde la tecnología suele homogeneizar la cultura, África ofrece una lección poderosa: la inteligencia artificial puede transformar el paisaje sonoro global, pero también garantizar que el patrimonio siga siendo parte de la armonía.

