Microsoft y Universidad San Jorge impulsan la formación en IA educativa

Microsoft Ibérica y la Fundación Universidad San Jorge han firmado un acuerdo para impulsar la formación en inteligencia artificial aplicada a la educación. La colaboración arranca con un curso en Zaragoza los días 9 y 10 de julio, integrado en los cursos de verano que la universidad aragonesa organiza junto a la Universidad Complutense de Madrid.

La justificación que esgrimen es una brecha de competencias. Según el Work Trend Index de Microsoft, el 77% de los directivos españoles considera que las habilidades en IA serán clave para la competitividad de sus empresas, pero solo el 39% de los profesionales dice haber recibido formación en IA por parte de su compañía. Ese hueco entre el discurso y la práctica es el que la iniciativa promete acortar.

En qué consiste el curso

La primera piedra es el curso «Inteligencia Artificial aplicada a la educación y contextos educativos», que codirigen Manuel Abellán, director de Educación Superior de Microsoft España, y Silvia Carrascal, rectora de la USJ. El programa se plantea práctico y multidisciplinar: cómo la IA puede asistir en la evaluación, personalizar el aprendizaje, ayudar a crear contenidos y qué marcos éticos hacen falta para llevarla al aula sin atropellos.

Una apuesta que no parte de cero

El acuerdo tiene, como es lógico en este tipo de alianzas, una vertiente comercial: a Microsoft le conviene que profesores y universidades se familiaricen con sus herramientas de IA, y parte de los datos que enmarcan la iniciativa proceden de sus propios estudios. Nada extraño ni reprochable en una colaboración de este tipo. Y desde luego no es su primer paso: la compañía lleva tiempo reforzando su apuesta por la IA educativa y firmando acuerdos de formación en España, como el de capacitar a 75.000 personas en Madrid.

El gesto encaja, además, en una corriente más amplia. España ya ha desplegado su propia IA para evaluar a los alumnos y apoyar a los docentes, y la tecnología se abre paso en las aulas a la vez que crece el debate sobre cómo hacerlo bien.

Formar sin crear dependencia

Ahí está la cuestión de fondo, que ningún curso de dos días resuelve por sí solo. Meter la IA en la educación no es solo enseñar a manejar la herramienta, sino evitar que su comodidad erosione el criterio. No en vano, ya hay quien alerta de que el pensamiento crítico se resiente en las aulas universitarias cuando se delega demasiado en la máquina. Una formación que se quede en el «cómo se usa» y olvide el «cuándo conviene no usarla» se quedaría a medias.

¿Y ahora qué?

La Universidad San Jorge, una privada zaragozana con más de 5.100 estudiantes, enmarca la apuesta en su discurso de empleabilidad, con una inserción laboral que ronda el 85% un año después de graduarse. La dirección es bastante clara: la IA va camino de ser un componente transversal de la enseñanza, no un añadido opcional.

El éxito, en todo caso, no se medirá por cuántos cursos se impartan, sino por si las instituciones logran equilibrar la eficiencia tecnológica con la ética y el pensamiento crítico de los estudiantes. Y por no perder de vista que, por útil que resulte, una iniciativa así es también un escaparate.

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