Hoy se estrena en cines La Odisea, la película de Christopher Nolan, con un presupuesto de unos 250 millones de dólares y Matt Damon de protagonista. Y hay otra Odisea esperando turno: Odysseus: The Fall, 135 minutos generados con inteligencia artificial por una sola persona, con un presupuesto de cinco cifras. Decenas de miles de dólares. Lo que cuesta un coche.
La ha hecho el cineasta iraní Ash Koosha para Fountain O, una empresa nueva dedicada a producir películas y series enteras con IA, y la presentó el martes, tres días antes del estreno de Nolan. La coincidencia es el plan.
No compiten: se cuelgan
Conviene deshacer un malentendido. Esto no es un pulso contra Hollywood, y sus autores no lo plantean así.
Esperamos que la película de Christopher Nolan, The Odyssey, sea un éxito rotundo en taquilla, y que de algún modo nuestra versión del viaje de Ulises contribuya a ese éxito llevando al cine a quienes no irían de otro modo, simplemente por curiosidad de ver lo máximo de la creación humana y compararlo con la colaboración de un hombre con la IA.
Ash Koosha, director de Odysseus: The Fall
Su productor lo dice todavía más claro: querían ofrecer una base de comparación en la misma ventana temporal que un director reverenciado, para que el espectador vea a qué nivel puede ya contribuir la IA al cine. La estrategia es esa: ponerse al lado del gigante y pedir que los midan juntos.
Aunque de momento no se puede. La Odisea llega hoy a las salas; la de Koosha, a finales de verano, por 9,99 dólares de alquiler en la web de Fountain O.
Con qué está hecha
El grueso de las imágenes lo ha renderizado Kling, el generador de vídeo chino. Lo usaron después de que OpenAI cerrase Sora, su herramienta de vídeo. El propio productor y posproductor de la película, Pooya Koosha, hermano del director, dice que no tienen suficientes elogios para el modelo.
El resto del equipo es un catálogo de la industria: Google Nanobanana para las imágenes y los fotogramas clave, Claude para la edición de los textos, Gemini para documentarse y tecnología propia de Fountain O para el blocking de los personajes, es decir, dónde se coloca cada uno y cómo se mueve por la escena, y para el modelado del mundo.
Y aquí el matiz que se pierde en casi todos los titulares. Lo que la IA sustituyó fueron los actores, las cámaras y los decorados. El guion, las imágenes y las voces de los personajes los hizo Koosha, según su propia descripción, con creatividad humana. No es una película que se haya escrito sola.
La trama tampoco es la épica que uno espera: sigue la memoria fracturada de un hombre que se ahoga en sus últimos minutos, un viaje que en realidad es un juicio, y que no acaba con el recibimiento del héroe sino con el perdón de quien sabe exactamente lo que hizo para volver a casa.
Qué pasa cuando salen del titular
Koosha defiende que la IA no amenaza a los narradores.
No amenaza a nada excepto a la distancia, la distancia entre una persona con una historia y los medios para contarla. Se harán más películas así, eso me parece seguro, igual que un día fue seguro que cualquiera podría rodar con la cámara que lleva en el bolsillo. Lo que tiene que sobrevivir al cambio es lo único que importó siempre: la historia, y la razón para contarla.
Ash Koosha, en su declaración como director
El argumento no es nuevo: Magnific hizo Candela con tres creativas, diez días y ninguna cámara. Pero hay un dato en esta historia que conviene no saltarse.
La película anterior de Koosha, Dreams of Violets, sobre la resistencia iraní, costó 2.000 dólares y se estrenó en Tribeca. Se ofreció al mercado y ningún distribuidor ni plataforma la ha comprado. Acabará también en la web de Fountain O, a 9,99 dólares.
Detrás del proyecto hay más industria de la que parece. El productor ejecutivo es Tom Rogers, que fundó la CNBC cuando dirigía el cable de NBC, y los hermanos Koosha, nacidos en Irán y salidos del país en 2009, ya montaron con él una empresa de IA en la nube. La película también es un escaparate: quieren vender su propio programa de producción de vídeo.
Esa es la otra odisea. Hacer la película ya cuesta lo que un coche. Que alguien la compre no lo ha conseguido todavía ni la anterior.

