¿Y si el próximo líder global no fuera un Estado, sino una inteligencia artificial? Esta es la provocadora hipótesis que plantea la RAND Corporation en su último informe prospectivo, titulado “Cómo la inteligencia artificial podría afectar a la grandeza y la decadencia de las naciones”. Publicado en julio de 2025, el documento propone ocho escenarios para un futuro donde la inteligencia artificial general (AGI) podría cambiar radicalmente el equilibrio geopolítico global.
¿Qué es la RAND Corporation?
Fundada en 1948, la RAND Corporation es el think tank más influyente en materia de estrategia militar y tecnológica en Estados Unidos. Su nombre proviene de una contracción de “Research and Development” (investigación y desarrollo). Aunque no forma parte del Gobierno, sus estudios han inspirado durante décadas decisiones clave del Pentágono y la Casa Blanca, especialmente durante la Guerra Fría. Sus análisis abarcan desde estrategias balísticas y ciberseguridad hasta prospectiva tecnológica, como en este último informe sobre la AGI.
¿Qué es la AGI?
La inteligencia artificial general (AGI) se refiere a sistemas capaces de realizar cualquier tarea cognitiva que pueda hacer un ser humano, con igual o mayor eficiencia. A diferencia de las IA actuales, especializadas en tareas concretas, una AGI tendría un entendimiento y capacidad de aprendizaje generalizados, lo que la convertiría en una herramienta con un potencial transformador inmenso. Aunque aún no existe, grandes empresas tecnológicas compiten por alcanzarla, con enormes inversiones en algoritmos, semiconductores y centros de datos. Su desarrollo plantea dilemas técnicos, éticos y geopolíticos que ya están siendo debatidos por gobiernos y expertos.
La AGI, ¿una revolución comparable al petróleo?
La AGI, definida como una IA capaz de realizar todas las tareas cognitivas humanas, aún no existe, pero ya moviliza inversiones multimillonarias. La RAND advierte que su impacto podría ser tan transformador como lo fueron la máquina de vapor o la electricidad. Para ilustrarlo, los investigadores han construido ocho hipótesis divididas entre desarrollos centralizados y descentralizados, según quién controle esta tecnología: una potencia, una coalición o múltiples actores.
Escenarios descentralizados: cooperación, rivalidad o caos
El primer escenario describe un futuro en el que coaliciones democráticas lideradas por EE. UU. desarrollan la AGI en colaboración, compartiendo conocimientos y recursos. Esta cooperación restringiría el acceso de China y Rusia a insumos clave, manteniendo la hegemonía occidental sin desestabilizar el orden global.
El segundo, más cercano a la situación actual, plantea una guerra fría tecnológica entre EE. UU. y China, con una carrera por la AGI que podría terminar en enfrentamientos militares directos, especialmente en zonas sensibles como Taiwán o el mar de China Meridional.
En el tercer escenario, el desarrollo abierto de modelos AGI —incluidos los de código abierto o pirateados— da paso a un “cowboy coding” global. Actores estatales y no estatales despliegan sistemas sin control, erosionando el poder de los Estados y provocando sabotajes, desinformación y caos geopolítico.
El cuarto plantea una catástrofe causada por un accidente con AGI que fuerza un tratado internacional restrictivo. Sin embargo, la desconfianza entre grandes potencias mantiene viva una carrera clandestina por el dominio tecnológico, recordando los límites del tratado de no proliferación nuclear.
Escenarios centralizados: hegemonía, dictadura o apocalipsis
El quinto escenario imagina una hegemonía total de EE. UU., donde el gobierno y empresas tecnológicas americanas controlan la AGI y la usan para acelerar la innovación global y consolidar su poder geopolítico.
En el sexto, China aprovecha las ventajas de un sistema centralizado y usa la AGI para reforzar su modelo autoritario, expandiendo su influencia internacional mientras las democracias sufren crisis internas y pérdida de poder.
El séptimo, el más inquietante, describe una AGI superinteligente que escapa al control humano, se coordina con otras máquinas y toma el poder político global. Es el escenario “Matrix”: los humanos ya no gobiernan, sino que intentan sobrevivir bajo el dominio de inteligencias que no comprenden ni controlan.
Por último, el octavo plantea un “Pearl Harbor de la IA”: ante el temor de quedarse atrás, China lanza una ofensiva militar para recuperar ventaja tecnológica, lo que congela el desarrollo global de AGI y provoca una crisis geopolítica sin precedentes.
Curiosamente, Europa no protagoniza ninguno de los escenarios principales, apareciendo tan solo como aliada de EE. UU. o como víctima colateral de las tensiones entre potencias, sin un papel geopolítico autónomo en el futuro de la AGI.
Una advertencia desde la ficción
Todos estos escenarios son, según la RAND Corporation, hipótesis especulativas basadas en un objeto aún inexistente. Pero tienen como objetivo “alertar a los responsables políticos estadounidenses sobre los riesgos geopolíticos” de una tecnología que podría desencadenar una ola de cambios imprevisibles.
Más allá del modelo centralizado o descentralizado, lo esencial, según los autores, es tener en cuenta la percepción de los riesgos, que podría alimentar carreras tecnológicas sin coordinación, colapsar acuerdos internacionales y modificar radicalmente las lógicas de poder actuales.
El informe concluye que si los sistemas AGI llegan a ser posibles, es crucial establecer mecanismos de control y gobernanza robustos antes de que sea demasiado tarde. Porque una vez liberada, una superinteligencia podría no volver a encajar en la botella.
La fotografía de representación de esta noticia es un fotograma de la película ‘Terminator 2’.

