Un reto con siglos de antigüedad
Durante siglos, filósofos y científicos han debatido por qué reímos. Desde Platón hasta Descartes, pasando por teorías modernas que asocian la risa a la resolución de incongruencias, el humor ha sido considerado un fenómeno exclusivamente humano. Pero la irrupción de modelos de lenguaje como ChatGPT ha desafiado esta creencia.
Un cómico y un algoritmo entran en un bar…
Joe Toplyn, guionista veterano de programas como Late Night with David Letterman y The Tonight Show with Jay Leno, se propuso demostrar que una IA podía ser graciosa. Así nació Witscript, una aplicación que, por 5,99 dólares al mes, genera chistes a partir de titulares, imágenes o frases. Para probar su eficacia, Toplyn organizó un experimento: enfrentó sus propios chistes contra los de la IA en actuaciones en directo. El resultado, medido por la risa del público, fue sorprendente: ambos tipos de chistes hicieron reír por igual.
El experimento se presentó oficialmente en el First Workshop on Computational Humor, celebrado en enero de 2025 dentro del congreso COLING. En colaboración con el neurocientífico y cómico Ori Amir, Toplyn diseñó una prueba controlada en la que el cómico Mike Perkins interpretaba monólogos de humor en directo ante diferentes audiencias. Cada set incluía chistes escritos por Toplyn y otros generados por Witscript, sin revelar el origen de cada uno al público. El volumen y duración de las risas fueron grabados y analizados, revelando que las bromas generadas por la IA funcionaban tan bien como las del guionista profesional.
La fórmula de la risa
El éxito de Witscript se basa en algoritmos desarrollados a partir de la Surprise Theory of Laughter, expuesta por Toplyn en su libro Comedy Writing for Late-Night TV. Según esta teoría, la risa surge cuando una incongruencia se resuelve de forma inesperada pero benigna. El sistema combina este enfoque con redes neuronales entrenadas en más de 36.000 chistes televisivos y técnicas de procesamiento de lenguaje natural. Utiliza un modelo BERT afinado para generar frases que conectan un titular con un remate humorístico, a menudo basado en juegos de palabras, rimas o asociaciones inesperadas.
Los resultados de Witscript fueron evaluados también mediante estudios en Amazon Mechanical Turk. Al comparar respuestas de la IA, del modelo DialoGPT y de un guionista humano a los mismos titulares, los evaluadores calificaron las respuestas de Witscript como chistes válidos en un 41,5% de los casos, frente al 17,9% del modelo base y el 85,1% del humano.
Humor con límites
Sin embargo, varios expertos alertan de que generar chistes no equivale a comprender el humor. Christian F. Hempelmann, investigador en lingüística computacional, señala que la IA aún no capta los matices sociales del humor, como la ironía o el sarcasmo. Algo esencial si queremos que los asistentes virtuales sean empáticos o sirvan como apoyo emocional.
Otros investigadores como Tristan Miller y Julia Rayz subrayan que los algoritmos carecen de contexto personal y cultural. Un ejemplo: cuando se pidió a una IA que hiciera una imagen más graciosa, aumentó los estereotipos físicos de los personajes, reflejando sesgos preocupantes.
¿Puede la IA ser graciosa sin ser consciente?
La paradoja es clara: la IA puede escribir chistes sin entenderlos. Drew Gorenz, de la Universidad del Sur de California, demostró que modelos como ChatGPT podían imitar con éxito titulares de medios satíricos como The Onion. Y sin embargo, cuando el público sabía que los chistes venían de una máquina, los encontraba menos divertidos.
Tal vez solo se necesite mucha información y reconocimiento de patrones para crear un buen chiste, sin necesidad de apreciarlo.
Drew Gorenz
¿Un futuro con asistentes cómicos?
Toplyn cree que una IA con sentido del humor podría tener aplicaciones reales: desde mejorar entrevistas de trabajo hasta aliviar la soledad. Ya existen asistentes virtuales que ayudan a escribir correos con juegos de palabras o titulares ingeniosos. Pero siempre hará falta un humano que seleccione las bromas adecuadas.
Porque como dice Hempelmann, “el humor permite jugar con los significados, explorar límites sin comprometerse del todo”. Algo que, por ahora, sigue siendo patrimonio de las personas.

