Builder.ai, startup británica promocionada por Microsoft como pionera en desarrollo de software con IA, ha entrado en quiebra tras descubrirse que su sistema se basaba supuestamente en humanos y no en inteligencia artificial. La plataforma, promocionada como asistida por una IA llamada Natasha, era en realidad operada por 700 programadores en India.
Builder.ai prometía revolucionar el desarrollo de aplicaciones gracias a Natasha, una supuesta inteligencia artificial capaz de construir apps como si fueran piezas de Lego. Sin embargo, la realidad era muy distinta: tras bambalinas, el código lo escribían a mano cientos de ingenieros en India, sin automatización alguna.
Una fachada de IA
Durante años, Builder.ai se vendió como una empresa de vanguardia en el sector no-code, con una plataforma supuestamente impulsada por inteligencia artificial. Fue tal su éxito de imagen, que logró captar el respaldo de Microsoft. Pero todo se vino abajo en 2025, cuando se supo que el sistema no tenía nada de automático.
“Las peticiones de los clientes eran enviadas a la oficina de la India, donde 700 indios escribían el código en lugar de la IA”, declaró Bernhard Engelbrecht, fundador de Ebern Finance, en una publicación en X que se hizo viral. “Todo parecía inteligencia artificial de verdad, salvo que no lo era”, añadió.
😃 The Natasha neural network turned out to be 700 Indian programmers
— Bernhard Engelbrecht (@BernhardEngel_) May 29, 2025
The startup BuilderAI offered to write any application, like in a constructor, by selecting the necessary functions.
In reality, customer requests were sent to the Indian office, where 700 Indians wrote code… pic.twitter.com/lYWipf63cp
El colapso financiero
El escándalo estalló tras el impago de un préstamo de 50 millones de dólares concedido por Viola Credit. El acreedor embargó 37 millones de las cuentas de Builder.ai, lo que paralizó la operativa de la empresa y dejó sin sueldo a sus empleados. Según Bloomberg, otros fondos en India siguen congelados por restricciones regulatorias.
La empresa se ha acogido ahora a un proceso formal de insolvencia en Reino Unido. Un administrador judicial ha sido nombrado para intentar recuperar activos o salvar parte del negocio. En un comunicado en LinkedIn, Builder.ai reconoció “errores tempranos” que llevaron al “punto de no retorno”, y declinó hacer más comentarios por estar bajo investigación legal.
Consecuencias para sus socios
El escándalo también ha salpicado a VerSe Innovation, empresa que mantiene vínculos comerciales con Builder.ai desde 2021. Sin embargo, su cofundador Umang Bedi, exdirector general de Facebook India, negó categóricamente cualquier implicación en el fraude. “Las acusaciones son absolutamente infundadas y falsas”, declaró a Bloomberg, subrayando que su compañía no infló ingresos ni facturó servicios no prestados.
No es un caso aislado
El de Builder.ai no es el primer fraude tecnológico enmascarado tras una supuesta inteligencia artificial. En 2023, la startup británica Kaedim fue señalada por emplear mano de obra barata en China para generar modelos 3D que vendía como si hubiesen sido creados automáticamente. Según reveló una investigación de 404, los artistas eran contratados para producir modelos a contrarreloj —entre 1 y 4 dólares por unidad— mientras la empresa afirmaba que los generaba una IA en minutos. La CEO de Kaedim, Konstantina Psoma, acabó reconociendo que la herramienta no era totalmente autónoma y que dependían de un equipo humano para asegurar la calidad del contenido.
Una historia que se repite desde el siglo XVIII
El engaño de Builder.ai recuerda inevitablemente a la leyenda del autómata ajedrecista descrita por Robert Löhr en La máquina de ajedrez. A finales del siglo XVIII, el inventor Wolfgang von Kempelen presentó ante las cortes europeas un supuesto robot capaz de jugar al ajedrez: el célebre Turco. En realidad, dentro del aparato se ocultaba un jugador humano, Tibor Scardanelli, que manejaba en secreto las piezas. Napoleón Bonaparte llegó incluso a enfrentarse a la máquina, fascinado por sus movimientos supuestamente mecánicos. Más de dos siglos después, la ilusión del autómata se reencarna en Natasha, otra máquina que nunca existió.
Una alerta para el sector tecnológico
El caso Builder.ai deja en evidencia los riesgos de la actual fiebre por la inteligencia artificial. En un mercado saturado de promesas futuristas, el engaño ha sido posible porque muchos inversores y clientes buscan soluciones rápidas y mágicas sin evaluar su funcionamiento real.
También plantea dudas sobre los controles de grandes corporaciones como Microsoft a la hora de asociarse con startups. ¿Cómo pudo pasar desapercibida durante tanto tiempo una estructura basada en trabajo humano intensivo? ¿Qué tipo de auditoría se realizó antes de apoyar públicamente a la empresa?
¿Qué consecuencias tendrá?
La caída de Builder.ai podría convertirse en un caso de estudio sobre los excesos del marketing en el sector tecnológico. La presión por subirse al carro de la IA puede llevar a empresas a inflar sus capacidades o, como en este caso, a construir castillos de humo. Además, es probable que este caso lleve a inversores a ser más exigentes en la evaluación de proyectos no-code y de supuesta automatización basada en IA.
Builder.ai ha dejado tras de sí un rastro de promesas incumplidas, empleados sin cobrar, usuarios con productos defectuosos y la reputación de Microsoft dañada. La IA “Natasha” nunca existió. En su lugar, hubo cientos de desarrolladores trabajando en silencio para mantener viva la ilusión. Una ilusión que, finalmente, ha estallado.
La fotografía de representación de esta noticia pertenece a la cuenta oficial de Instagram de la compañía.

