Mientras Estados Unidos y buena parte de la industria estrechan el acceso a sus modelos más potentes, el fundador del laboratorio chino Zhipu (ahora Z.ai) ha salido a defender justo lo contrario: que la IA de frontera debe seguir siendo abierta y accesible. En un memo interno al que ha tenido acceso Bloomberg, Tang Jie sostiene que la seguridad real no nace de levantar barreras, sino de la participación, la transparencia y la supervisión amplias.
No es una reflexión abstracta. Lo dice justo después de liberar su modelo GLM-5.2 en código abierto, y en pleno pulso geopolítico por quién controla la IA. La apertura, aquí, es a la vez una postura sobre la seguridad y un arma competitiva.
«Elegimos otro camino»
Tang, que además es profesor en la prestigiosa Universidad Tsinghua, resume su filosofía en una imagen. Su empresa, dice, publica sus capacidades punteras para que cualquiera pueda descargarlas e incluso comercializarlas.
«Elegimos otro camino. Una mano llega más alto, retando los límites de la inteligencia, mientras la otra allana el camino, haciendo las capacidades de frontera lo más abiertas y accesibles posible».
Tang Jie, fundador de Zhipu, en un memo interno citado por Bloomberg
El cierre de Occidente, como telón de fondo
La declaración cobra sentido por el momento en que llega. Desarrolladores como Anthropic u OpenAI, y varios gobiernos, llevan meses lidiando con modelos cada vez más capaces que algunos expertos temen que acaben armando a los ciberatacantes. Anthropic llegó a restringir temporalmente el acceso a algunos de sus modelos de frontera después de que el Gobierno de EE. UU. le pidiera suspender su uso por parte de extranjeros, y mantiene vetados a los desarrolladores chinos por motivos de seguridad nacional. El choque no es nuevo: ya lo vimos cuando Anthropic acusó a Alibaba de «destilar» su modelo Claude.
De fondo late un temor concreto. La aparición de sistemas como la IA Mythos de Anthropic, capaz de explotar fallos ocultos en el software a veces sin supervisión humana, apunta a una fase más rápida e impredecible de la tecnología. Es el argumento de quienes piden cerrar el grifo: cuanto más poderoso es el modelo, más arriesgado resulta ponerlo en manos de cualquiera.
La apertura china, entre estrategia y contradicción
Zhipu no está sola. La apuesta china por el código abierto, de DeepSeek a la familia Qwen de Alibaba, ha disparado su adopción global y ha servido para acortar distancias con Estados Unidos. Pero conviene no idealizarla. El propio Tang recuerda que Zhipu nació con respaldo estatal y con la idea de que la IA sirva a fines estratégicos nacionales. Y China tampoco predica siempre con el ejemplo: según Reuters, Pekín estudia limitar el acceso extranjero a algunos de sus modelos abiertos más avanzados.
Dicho de otro modo, la frontera entre abrir y cerrar se mueve según a quién beneficie. Es la misma pugna por la autonomía tecnológica que empuja a otros actores, como Taiwán con su hoja de ruta de IA soberana, a jugar sus propias cartas.
Menos monetización, más frontera
El memo también traza el plan. En los próximos dos años, Zhipu no perseguirá la monetización rápida de sus aplicaciones, sino que se centrará en avances técnicos como las tareas de largo horizonte, los agentes autónomos y los modelos que se entrenan a sí mismos. Su plataforma GLM-5, orientada a la programación y a tareas de agente, ya se mide directamente contra la serie Claude Opus de Anthropic. Y el mercado acompaña: sus acciones se dispararon tras anunciar una ampliación de capital de 4.000 millones de dólares en Hong Kong y planes para cotizar también en Shanghái.
El debate de fondo, abierto contra cerrado, se vende como una cuestión de seguridad, pero se parece cada vez más a una cuestión de quién va por delante. Washington cierra para conservar su ventaja; Pekín abre para recortarla, y se reserva cerrar cuando le convenga. En medio queda una certeza incómoda: la misma apertura que democratiza la IA también la pone al alcance de quien quiera hacer daño, y esa ecuación no la ha resuelto todavía nadie.

