“Somos los caballos. Somos las cámaras de carrete.” Con esta frase provocadora, el futurista estadounidense Adam Dorr ilustra lo que, según él, está a punto de ocurrir: una disrupción total del mercado laboral provocada por la inteligencia artificial y la robótica. En una entrevista publicada por The Guardian durante su visita a Irlanda, Dorr advierte que esta transformación tecnológica dejará a gran parte de la humanidad sin trabajo antes del año 2045.
Dorr es director de investigación en RethinkX, un centro de estudios estadounidense centrado en anticipar los efectos de las disrupciones tecnológicas. Con un doctorado en asuntos públicos por la Universidad de California (UCLA), ha dedicado su carrera a estudiar cómo las tecnologías cambian los sistemas sociales y económicos. Según su equipo, tras analizar más de 1.500 transformaciones tecnológicas a lo largo de la historia, han identificado un patrón común: cuando una tecnología logra apenas un pequeño porcentaje del mercado o del interés público, su dominio se consolida en apenas dos décadas.

Una revolución imparable
Para Dorr, la automatización no es una posibilidad futura, sino una certeza inminente. Máquinas capaces de pensar ya están aquí, y su capacidad mejora cada día. Lo alarmante es la rapidez con la que estas tecnologías se están expandiendo, desplazando a trabajadores humanos en todos los sectores. “Si puedo obtener lo mismo o algo mejor por el mismo o menor precio, cambiarme es obvio”, explica. “La tecnología tiene un nuevo objetivo en el punto de mira: nosotros. Nuestro trabajo.”
Aunque algunos sectores podrán convivir con la inteligencia artificial durante un breve período, como ocurrió con los ajedrecistas que colaboraban con programas de ordenador, pronto los humanos serán vistos como un obstáculo, no como un complemento. Incluso profesiones que dependen de la interacción humana, como entrenadores deportivos, políticos o trabajadores sexuales, verán cómo las máquinas empiezan a competir en esos espacios.
Ni utopía ni distopía: una bifurcación crítica
Pese al tono sombrío, Dorr no es un pesimista. De hecho, cree que esta revolución puede llevar a una “superabundancia” que libere a la humanidad del trabajo obligatorio, siempre y cuando se gestione correctamente. Si no se hace, lo que nos espera es una sociedad aún más desigual, dominada por una oligarquía tecnológica.
Para evitar este futuro distópico, Dorr propone repensar conceptos básicos como el valor, el precio o la distribución, y experimentar con nuevas estructuras de propiedad y participación. “No tengo las respuestas. Ni siquiera sabemos si estamos haciendo las preguntas adecuadas. Hay que empezar a experimentar ya”, insiste.
Una vida sin trabajo: ¿utopía alcanzable?
La idea de una sociedad sin necesidad de trabajar no es nueva. Otros futuristas la han planteado antes, y se han equivocado. Pero Dorr cree que esta vez es diferente. Con el ejemplo de aristócratas que lograron llevar vidas plenas sin tener que trabajar, el investigador sugiere que el ocio podría convertirse en un espacio de realización personal y comunitaria.
“Creo que encontraremos sentido en nuestras relaciones con amigos, familia y nuestras comunidades. Suena cursi, pero es profundamente cierto”, afirma.
Dorr también es autor del libro Brighter: Optimism, Progress and the Future of Environmentalism, un canto a las energías limpias y al potencial transformador del progreso bien dirigido. En él, insiste en que la abundancia futura puede distribuirse de forma justa, por ejemplo, imitando modelos de software de código abierto.
Prepararse ya: el reloj corre
Durante su intervención en el Dargan Forum en Dún Laoghaire, Irlanda, Dorr dejó clara su preocupación por la falta de preparación global ante lo que se avecina. “No tenemos tanto tiempo para prepararnos. Sabemos que será un proceso muy convulso.”
El mensaje es claro: la automatización masiva es inevitable, pero sus consecuencias sociales y económicas dependen de las decisiones que tomemos ahora. La pregunta ya no es si los robots sustituirán a los humanos, sino cómo nos adaptaremos a un mundo donde el trabajo ya no sea la base de la sociedad.
Las fotografías de esta noticia pertenecen a Rethinkx.

