El Museo de la Evolución Humana de Burgos ha sido el escenario en el que se ha presentado uno de los desarrollos más prometedores de la robótica europea: el proyecto METATOOL, que busca replicar con máquinas el momento en que los homínidos pasaron de usar herramientas a inventarlas. En una demostración en directo, el robot TIAGo, desarrollado por la empresa PAL Robotics, ha diseñado e impreso en 3D un gancho para alcanzar un objeto, ejemplificando lo que podría suponer una revolución cognitiva en la inteligencia artificial.
“Hace tres millones de años, los humanos pasaron de usar herramientas a construirlas. Nos estamos intentando inspirar en esos procesos cognitivos”, explicó durante el acto Pablo Lanillos, investigador del CSIC y coordinador del proyecto, que fue ovacionado por mostrar en tiempo real cómo la tecnología puede replicar hitos evolutivos.
De la arqueología a la robótica
La presentación en Burgos es solo la punta del iceberg de un trabajo iniciado en 2022 y que combina disciplinas como la robótica, la neurociencia y la arqueología cognitiva. Según Lanillos, “lo que buscamos es entender cómo se dio ese salto evolutivo y replicarlo en máquinas que puedan razonar, adaptarse y fabricar lo que necesiten en cada momento”.
El origen del proyecto se remonta a un descubrimiento de 2015 en Kenia, donde se encontraron artefactos de piedra de hace 3,3 millones de años, como martillos y yunques. Estas evidencias demostraron que los primeros homínidos no solo utilizaban herramientas, sino que ya las diseñaban para resolver problemas.
A partir de ese hallazgo, METATOOL se planteó un objetivo disruptivo: conseguir que los robots se perciban a sí mismos y entiendan sus propias limitaciones físicas, como no alcanzar un objeto, para que, a partir de ahí, creen una herramienta que les permita completar la tarea. Tal como explicó el propio Lanillos: “El robot estará entrenado con experiencias, pero no sabe cómo resolver la tarea. Tiene que inventar una solución”.
Tecnología con conciencia y visión a largo plazo
La capacidad de autopercepción es uno de los pilares de esta investigación. “Llevo casi 10 años trabajando en robots que se perciben a sí mismos”, afirmó Lanillos, que lidera el proyecto desde el Centro Internacional de Neurociencia Cajal (CINC) en Madrid, tras haber investigado en universidades de Alemania y Países Bajos.
El proyecto, que ha recibido cuatro millones de euros del Consejo Europeo de Innovación a través del programa Pathfinder, está aún en fase inicial. Pero ya se han realizado experimentos con materiales diferenciados por elasticidad o peso, simulando lo que harían los primeros humanos: combinar objetos para crear utensilios útiles. En una futura demostración prevista para un yacimiento arqueológico, los robots pondrán a prueba su inventiva en un contexto más exigente.
¿Un nuevo ‘MacGyver’ robótico?
“En lugar de tener una IA que optimice un chip, usamos una que inventa un chip”, resumió Lanillos. La analogía sirve para entender la naturaleza creativa de estos sistemas. Con herramientas que podrían fabricarse con impresoras 3D, los robots del futuro serían capaces no solo de adaptarse a su entorno, sino de inventar nuevas soluciones para tareas cambiantes.
La demostración de TIAGo en Burgos —que combinó percepción, navegación y manipulación en tiempo real— mostró cómo la robótica está entrando en una etapa donde los autómatas no solo ejecutan tareas, sino que las comprenden y resuelven por iniciativa propia.
Aplicaciones industriales, médicas y espaciales
Los investigadores creen que los avances de METATOOL podrían tener un impacto profundo en la industria, donde los robots crearían herramientas personalizadas en función del trabajo; en la medicina, con autómatas capaces de imprimir instrumental quirúrgico; o en la exploración espacial, donde la autosuficiencia es vital.
Sin embargo, Lanillos advierte que también hay que atender a los retos éticos. Como recordó Eudald Carbonell, vicepresidente de la Fundación Atapuerca, “la tecnología nos hizo humanos, y ahora nos convertirá en transhumanos”, porque el lenguaje de los algoritmos será el que compartamos con las futuras especies del planeta.
Un horizonte de cinco años
El primer prototipo funcional está previsto para finales de 2025. En su segundo año, se hará una demo arqueológica y, en el cuarto, una industrial. Según Lanillos, en unos cinco años la tecnología podría llegar al mercado, en lo que sería uno de los avances más importantes de la IA europea.
Hasta entonces, los robots seguirán aprendiendo de nuestros ancestros, demostrando que, a veces, el futuro más radical está inspirado en el pasado más remoto.

