Según el último estudio anual Enterprise Cloud Index del sector financiero, elaborado por Nutanix y presentado este mes de junio de 2026, la adopción de la inteligencia artificial está avanzando a una velocidad que supera la capacidad de control de los departamentos de informática. El dato más impactante revela que el 66% de los responsables de tecnología en empresas de servicios financieros admite que sus empleados utilizan herramientas de IA no autorizadas, una práctica conocida como Shadow AI.
Esta situación no es solo una anécdota operativa, sino que el 86% de los directivos la identifica ya como un riesgo significativo para el negocio. El informe destaca que, aunque la intención de implementar IA es máxima, las instituciones financieras están chocando con muros que van más allá de lo técnico: la complejidad de los procesos y la falta de personal capacitado están frenando la escalabilidad de estas soluciones. Este escenario importa porque define la seguridad y la soberanía de nuestros datos financieros en un entorno donde la infraestructura todavía no está preparada para las exigencias de la nueva era digital.
¿Qué es la Shadow AI y por qué crece en los bancos?
El término Shadow AI, o IA invisible, se refiere al uso de aplicaciones y herramientas de inteligencia artificial dentro de una organización sin el consentimiento o la supervisión directa del departamento de TI. En un entorno tan regulado como el financiero, que esta práctica se extienda sin control supone un desafío mayúsculo para la seguridad de la información y el cumplimiento normativo.
Conviene no caer solo en la alarma. La IA en la sombra no aparece por imprudencia: los empleados tapan un hueco. Cuando las herramientas oficiales llegan tarde, son rígidas o no existen, el personal recurre por su cuenta a lo que sí funciona. Vista así, es también una señal de demanda no atendida, y la respuesta más eficaz no suele ser prohibir, sino ofrecer alternativas oficiales igual de útiles y seguras.
Este fenómeno suele ocurrir cuando las herramientas oficiales de la empresa no avanzan tan rápido como las necesidades de los trabajadores. El estudio de Nutanix indica que el sector financiero está implementando la IA a gran velocidad, pero la gobernanza (las reglas y procesos que dictan cómo se usa la tecnología) no siempre sigue el mismo ritmo. Esto crea un vacío que los empleados llenan de forma independiente para mejorar su productividad, a menudo ignorando los riesgos de privacidad que conlleva introducir datos sensibles en plataformas de terceros.
Nutanix, especialista en computación híbrida multicloud, sostiene que la salida pasa por unificar la gestión de aplicaciones e IA en una sola plataforma y simplificar las operaciones, para que la tecnología oficial resulte tan ágil y útil como las herramientas que los empleados buscan por su cuenta.
El muro de la complejidad: por qué no basta con la tecnología
Uno de los hallazgos más reveladores del informe es que el hardware o el software no son los principales culpables de que la IA no termine de despegar a gran escala. Aunque solemos pensar que los límites son técnicos, la realidad es más humana y organizativa. Según los datos recogidos, la complejidad de los procesos es el mayor obstáculo para el 38% de las empresas, seguida muy de cerca por las carencias de liderazgo y competencias del personal, que afectan al 34%.
Curiosamente, las limitaciones técnicas puras solo preocupan al 28% de los encuestados. Esto significa que las empresas tienen las herramientas, pero no saben cómo integrarlas en sus flujos de trabajo actuales o no cuentan con el talento necesario para sacarles provecho. De hecho, el 83% admite que los silos entre las áreas de negocio y los equipos de TI dificultan ejecutar con eficacia las iniciativas tecnológicas, una traba más organizativa que técnica. Además, el 68% de las instituciones financieras reconoce que su infraestructura física actual todavía no está totalmente preparada para soportar la enorme carga de trabajo que requiere la inteligencia artificial.
Esta falta de preparación ha llevado a que casi dos tercios de las organizaciones (64%) dependan de proveedores externos para cubrir sus carencias de infraestructura. Esta dependencia genera un nuevo reto: la dificultad de mantener el control total sobre dónde residen los datos y cómo se procesan. Entre las implicaciones más directas de este retraso organizativo encontramos:
- Dificultad para cumplir con normativas de protección de datos locales.
- Aumento de los costes operativos al depender de servicios externos de terceros.
- Riesgos de seguridad derivados de infraestructuras que no fueron diseñadas para la IA.
- Pérdida de competitividad frente a nuevas entidades digitales más ágiles.
Datos y soberanía: una tensión que no deja de crecer
El concepto de soberanía de los datos es hoy más importante que nunca. Se refiere a la capacidad de un país o una organización de mantener sus datos bajo su propia jurisdicción y leyes. En el sector financiero, el 79% de las instituciones afirma que esta es una de sus prioridades absolutas. Sin embargo, existe una contradicción evidente en su forma de actuar.
A pesar de esa supuesta prioridad, el 62% de estas entidades sigue ejecutando sus cargas de trabajo en la nube pública mediante contenedores. Los contenedores son una tecnología que permite empaquetar aplicaciones para que funcionen en cualquier entorno, y el 90% de los directivos admite que la IA es el motor que está impulsando su adopción masiva. El problema surge cuando estas aplicaciones corren en servidores ajenos, creando lo que el informe denomina una deuda de soberanía.
Conviene recordar de dónde sale el diagnóstico: Nutanix vende infraestructura de nube híbrida y plataformas de contenedores, justo las soluciones que el estudio plantea como remedio, y los datos proceden de una encuesta que la propia compañía encargó. Las cifras encajan con las de otros analistas, pero el marco con el que se presentan responde a su modelo de negocio.
Esta deuda implica que las empresas están asumiendo riesgos operativos y vulnerabilidades a cambio de la agilidad que les ofrece la nube pública. Como explican en el Financial Sector Enterprise Cloud Index completo, es fundamental alinear la infraestructura y la gobernanza para que la soberanía no sea solo un deseo, sino una realidad técnica que proteja tanto a la entidad como a sus clientes finales.
¿Qué significa esto para el futuro del sector?
Los datos presentados por Nutanix, basados en una encuesta realizada por Wakefield Research en noviembre de 2025 a 1.600 directivos de todo el mundo, España incluida, dibujan un panorama de transición necesaria. El sector financiero no puede permitirse seguir ignorando la realidad de la Shadow AI ni tampoco puede seguir escalando su tecnología sobre bases de infraestructura que se han quedado obsoletas. No es un asunto solo interno: los supervisores europeos ya vigilan estos riesgos, como mostró el aviso del BCE a la banca europea sobre la IA.
En la banca europea el margen es además estrecho. DORA, el reglamento de resiliencia operativa digital en vigor desde enero de 2025, obliga a las entidades a controlar sus riesgos tecnológicos y los de sus proveedores externos, y el Reglamento de IA empieza a aplicar el 2 de agosto de 2026 las obligaciones para los sistemas de alto riesgo, como el scoring crediticio. En ese contexto, no saber qué herramientas de IA usan los empleados deja de ser un asunto interno para convertirse en un riesgo de cumplimiento.
Lo que viene ahora es una fase de maduración. El éxito no dependerá de quién compre el modelo de IA más avanzado, sino de quién consiga simplificar sus procesos operativos y formar a su personal de manera efectiva. La dirección que señalan Nutanix y buena parte del sector son los entornos de nube híbrida, que combinan la flexibilidad de la nube pública con el control y la seguridad de los sistemas locales.
Más que una promesa de futuro, es una cuestión de orden: sacar la IA de la sombra y convertirla en herramientas oficiales, auditables y seguras, de modo que el personal no necesite buscarse la vida por su cuenta. En un sector que gestiona el dinero y los datos de millones de clientes, recuperar esa visibilidad pesa tanto como cerrar la brecha de infraestructura.
La fotografía de representación de este artículo pertenece a Miquel Parera y ha sido publicada en Unsplash

