Hanoi lleva años ampliando su red de videovigilancia, pero un caso reciente ha vuelto a ponerla en el foco. A comienzos de 2026, la policía de la ciudad destapó que unas 300 toneladas de carne de cerdo enfermo habían llegado a las cocinas de 26 colegios de primaria y varias guarderías de Hanoi y provincias vecinas. La comida es solo uno de los frentes: la capital vietnamita va a desplegar 21.671 cámaras conectadas a inteligencia artificial, dirigidas por su policía, para vigilar la vía pública en tiempo real. Se presenta como gestión urbana; es, sobre todo, una infraestructura de vigilancia.
El escándalo de la carne enferma
El detonante fue sonado. Según la policía, una red distribuyó unos 3.600 cerdos enfermos, equivalentes a esas 300 toneladas, que terminaron en comedores escolares, con la complicidad de un veterinario que expedía certificados de sanidad falsos. A raíz de aquello, en abril de 2026 Hanoi anunció un piloto de 100 cámaras con IA en mataderos, mercados mayoristas y zonas de comida callejera, con detección automática de infracciones, códigos QR en los puestos y un teléfono de denuncias. El piloto, sin embargo, es solo una pieza de una vigilancia mucho más ambiciosa que la ciudad ya tenía en marcha.
Un despliegue de 21.671 ojos
El grueso lo lidera la Policía de Hanoi, que actúa como principal inversora. En realidad son dos proyectos: uno de 2.460 cámaras de tráfico y otro de esas 21.671 cámaras de seguridad, con finalización prevista para el último trimestre de 2026. La red debe atacar cinco problemas de la ciudad: atascos, orden público, inundaciones, contaminación y seguridad alimentaria.
Y no es un capricho puntual. Un plan municipal de enero de 2025 fija un objetivo de 40.210 cámaras para toda la ciudad, 23.736 de ellas para seguridad pública, con el horizonte de superar las 40.000 cámaras con IA en 2030. Todo se integra en un esquema nacional: el Centro Nacional de Datos, bajo el Ministerio de Seguridad Pública, conectará las cámaras de todo el país, también las de Ho Chi Minh, Da Nang o Hai Phong. Y conviene recordar quién fabrica esos ojos: en Vietnam, el mercado de cámaras lo copan las chinas Hikvision y Dahua, que rondan el 90%.
Reconocimiento facial y «ver» a 700 metros
El anuncio de 2026 describe esas 21.671 unidades solo como «cámaras con IA», sin detallar sus funciones. De lo que es capaz este programa se sabe por el lote que Hanoi ya instaló en 2025: según el medio estatal Vietnam News, integra diez funciones por unidad, gira 360 grados, funciona las 24 horas y reconoce caras y matrículas hasta a 700 metros. La imagen se envía en directo al centro de mando de la policía, que ajusta los semáforos según el tráfico y avisa al infractor en un par de horas a través de la identidad digital VNeID. Lo decisivo es su reconocimiento facial: permite localizar a personas buscadas y dar la alerta de forma automática. El director de la Policía de Hanoi presumió del alcance: desde el centro de mando, dijo, se puede ver a «personas sentadas en barcas» en un embarcadero a las afueras de la ciudad.
¿Seguridad o vigilancia? El debate que Hanoi no ha tenido
Aquí es donde el relato oficial se queda corto. Hanoi es la capital de un Estado de partido único en el que el Ministerio de Seguridad Pública, que maneja estas cámaras, acaba de ver reforzado su poder, y donde las organizaciones de derechos documentan más de 160 presos políticos. Sobre ese telón de fondo, la videovigilancia masiva con reconocimiento facial no es un simple detalle técnico.
Tampoco es una preocupación abstracta. Incluso los análisis del propio mercado vietnamita señalan que la inquietud por la privacidad y la seguridad de los datos se ha disparado tras varios casos de cámaras hackeadas y filtraciones. Y una red de reconocimiento facial en manos de la policía, sin apenas contrapesos, arrastra los riesgos que los expertos llevan tiempo advirtiendo: el seguimiento constante de personas, el efecto disuasorio sobre la protesta y la autocensura.
Hay incluso una contradicción legal. Vietnam estrenó en marzo de 2026 su primera ley de inteligencia artificial, que sobre el papel prohíbe la identificación biométrica remota en tiempo real en espacios públicos por parte de las fuerzas del orden (salvo delitos graves con aprobación específica) y veta las bases de datos masivas de reconocimiento facial. El problema salta a la vista: el actor que despliega la red es justo la excepción que la ley se reserva.
El despliegue es tecnológicamente impresionante, y buena parte de sus usos (menos atascos, respuesta más rápida ante emergencias, control de vertidos y de la comida) pueden mejorar de verdad la vida diaria. La pregunta, la de siempre con estas infraestructuras, es quién vigila al vigilante: 21.671 ojos nuevos, sumados a una red que ya reconoce rostros, en manos de la policía de un Estado con pocos contrapesos, dibujan una ciudad más eficiente y, a la vez, mucho más observada.
Fuente de la imagen de representación: NKSTTSSHNVN, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

