¿La inteligencia artificial nos vigila?

Un nuevo estudio publicado en la revista Nature pone en evidencia el estrecho vínculo entre la investigación en visión por computador y las tecnologías de vigilancia. El artículo, titulado Computer-vision research powers surveillance technology, fue elaborado por Pratyusha Ria Kalluri, William Agnew, Myra Cheng, Kentrell Owens, Luca Soldaini y Abeba Birhane, y se publicó ayer, 25 de junio de 2025.

Tras analizar más de 19.000 artículos presentados en la prestigiosa conferencia CVPR y más de 23.000 patentes que los citan, los autores concluyen que el 90% de estos trabajos tratan sobre la extracción de datos de humanos. De estos, el 71% se centra específicamente en el cuerpo y partes del cuerpo humano, como rostros o gestos.

La vigilancia de la IA

La visión por computador, una rama de la inteligencia artificial que permite a las máquinas interpretar imágenes y vídeos, se ha presentado tradicionalmente como un campo neutro, centrado en aplicaciones como la robótica o el diseño de proteínas. Sin embargo, este nuevo trabajo muestra que su evolución ha estado profundamente influida por intereses militares, gubernamentales y comerciales. En palabras de los autores, esta tecnología «se ha desarrollado históricamente para identificar objetivos y recolectar inteligencia en contextos de guerra, seguridad y control migratorio».

La vigilancia masiva no necesita etiquetarse como tal para operar eficazmente. Según el estudio, basta con que una tecnología permita el monitoreo de datos humanos para generar «condiciones de miedo y autocensura«. Incluso si una herramienta se presenta con fines benévolos, su potencial para la vigilancia persiste, especialmente cuando quienes la emplean son entidades con poder.

El estudio adopta una definición amplia y académicamente respaldada de vigilancia: “una entidad que recolecta, extrae o atiende datos que pueden conectarse con otras personas, ya sean individuos o grupos”. Esto incluye tanto datos directamente identificables como patrones de comportamiento o características físicas genéricas.

Una de las claves del estudio es que la vigilancia no requiere que se etiqueten los datos con nombre y apellidos. Lo relevante es que esos datos puedan, en conjunto, revelar comportamientos, relaciones o identidades, o ser usados para fines de clasificación, control o influencia. Así, tecnologías que analizan rostros, cuerpos o entornos humanos —aunque no almacenen nombres— pueden ser vigilantes si sus resultados permiten monitorear o perfilar personas o grupos.

Uno de los hallazgos más preocupantes es el uso de un lenguaje deliberadamente vago en muchos artículos y patentes. Por ejemplo, se observa una tendencia a describir a los humanos como “objetos” o a utilizar ejemplos de imágenes de personas sin mencionar explícitamente su presencia. Esto permite a los desarrollos tecnológicos esquivar el debate ético, normalizando la vigilancia como si fuera una simple operación sobre datos abstractos.

Vigilancia creciente

El aumento del uso de estas tecnologías con fines de vigilancia ha sido drástico. En los años 90, solo la mitad de los artículos con patentes derivadas estaban relacionadas con vigilancia. En la década de 2010, esa proporción se disparó al 78%, con un incremento de más de cinco veces en el número absoluto de estudios aplicados a estas tecnologías.

Además, la normalización no es fruto de unos pocos actores. El análisis revela que el 71% de las instituciones, el 78% de los países y el 69% de las subdisciplinas con patentes derivadas están implicadas en desarrollos para vigilancia. Entre las entidades más activas se encuentran universidades de élite y grandes empresas tecnológicas de Estados Unidos y China, dos países que lideran globalmente el desarrollo de tecnologías de vigilancia con inteligencia artificial.

Los autores también documentan cómo la vigilancia se extiende más allá de los cuerpos individuales: se analizan hogares, oficinas, calles, y datos con contenido cultural o emocional. Todo ello contribuye a lo que la académica Shoshana Zuboff llama “la condición de no salida”, una realidad donde desconectarse del monitoreo constante se vuelve casi imposible.

Un ejemplo en Irán

Fotografía de Heru Eko Saputro en Unsplash.

Un ejemplo concreto reciente de este tipo de vigilancia puede verse en Irán, donde según un informe de Naciones Unidas publicado en marzo de 2025, se han empleado drones y sistemas de reconocimiento facial para identificar y multar a mujeres que no llevan el hiyab obligatorio en espacios públicos. El informe documenta cómo el Gobierno ha instalado software de reconocimiento facial en universidades, cámaras en carreteras y una aplicación móvil llamada «Observer» para que la ciudadanía denuncie incumplimientos. Esta vigilancia ha derivado incluso en situaciones de violencia, como el disparo policial a una mujer que huía tras recibir una advertencia automatizada.

Este caso también evidencia cómo las fronteras de lo ético y lo socialmente aceptable pueden volverse difusas en contextos culturales distintos. Lo que en una sociedad puede considerarse una forma legítima de proteger valores tradicionales, en otras se percibe como una violación grave de los derechos fundamentales. La tecnología de vigilancia, al ser culturalmente maleable, corre el riesgo de legitimar prácticas autoritarias bajo el paraguas de la legalidad local. Esta ambigüedad convierte a la inteligencia artificial en una herramienta especialmente peligrosa cuando no se acompaña de principios universales de derechos humanos.

Hay que actuar

Este estudio aporta una base empírica a las críticas que desde hace años señalan el potencial represivo de ciertas aplicaciones de la inteligencia artificial. Más allá de intenciones individuales, lo que desvela es un patrón sistémico en el que la ciencia de datos visuales se utiliza mayoritariamente para observar, clasificar y controlar a las personas.

Frente a esta realidad, los autores hacen un llamamiento a una reflexión profunda sobre los fundamentos del campo. Argumentan que cambiar unas pocas aplicaciones no basta: «hay que cuestionar las bases mismas de la disciplina para alejarla del camino hacia la vigilancia masiva».

La fotografía de representación de esta noticia es un fotograma de la película 1984, basada en en la célebre novela de George Orwell.

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