La amenaza al mundo de los polinizadores
Los insectos polinizadores como las abejas, mariposas o moscas están en declive desde hace décadas. El problema no es nuevo, pero sigue agravándose, y la falta de datos impide que se tomen medidas adecuadas. Hasta ahora, los métodos tradicionales de monitoreo eran tan costosos y complejos que solo permitían análisis muy puntuales.
Aquí es donde entra en escena BeeVision, un nuevo proyecto de la Universidad de Hohenheim que promete revolucionar el seguimiento de estos insectos gracias a la inteligencia artificial.

Qué es BeeVision y cómo funciona
BeeVision es un sistema automatizado de observación de insectos que emplea cámaras dinámicas, conocidas como event cameras, para registrar los patrones de vuelo de distintos polinizadores. Gracias a estos datos, una IA entrenada puede clasificar automáticamente los insectos en seis grandes grupos, como abejorros o sírfidos.
La cámara capta el movimiento dentro de un radio de cuatro metros, y el análisis se realiza después mediante algoritmos. Aunque no permite identificar especies exactas, sí distingue de forma eficaz entre grupos funcionales, algo clave para medir la biodiversidad de una zona.
Una alternativa no invasiva y continua
Este enfoque supone una clara ventaja frente a métodos convencionales como las trampas tipo Malaise o las bandejas de colores, que requieren la captura (y a veces la muerte) de los insectos. Además, estas técnicas solo permiten una “foto fija” del ecosistema. BeeVision, en cambio, está pensada para el seguimiento continuo durante varios días o semanas, lo que permitirá analizar el efecto de distintas medidas de conservación a lo largo del tiempo.
Un equipo multidisciplinar al frente del proyecto
El proyecto BeeVision reúne al equipo de la Landesanstalt für Bienenkunde (LAB) de la Universidad de Hohenheim con investigadores de la Hochschule Niederrhein, la Hochschule Karlsruhe y el start-up apic.ai. Cada parte aporta su experiencia: desde la tecnología de sensores e IA hasta el conocimiento biológico de los insectos polinizadores.
Para entrenar la IA, los investigadores capturaron insectos con redes y los soltaron frente a un fondo neutro, grabando sus vuelos. Esto permitió eliminar elementos de distracción como hojas movidas por el viento, facilitando que el sistema aprendiera a identificar los movimientos clave de cada grupo de polinizadores.
Desafíos técnicos y próximos pasos
Uno de los principales retos ha sido enseñar a la IA a ignorar el “ruido visual” del entorno y reconocer las trayectorias de vuelo de manera precisa. A día de hoy, la cámara aún no puede contar insectos de forma fiable, pero el equipo ya trabaja para mejorar esta funcionalidad.
Desde que comenzó el proyecto en enero de 2024, se ha logrado reducir drásticamente el tamaño y la complejidad del sistema. Si al principio se necesitaban varios equipos pesados, ahora basta con una cámara compacta y un ordenador portátil.
Un futuro para ciudades más amigables con los insectos
El objetivo a largo plazo es poder desplegar estas cámaras en entornos urbanos y naturales para comprobar, por ejemplo, si un seto en flor o un jardín vertical realmente aumenta la presencia de polinizadores. Esta información es esencial para diseñar estrategias de protección más eficaces y adaptar los espacios urbanos a las necesidades de la biodiversidad.
“Los espacios urbanos pueden ser un refugio maravilloso para las abejas silvestres”, asegura la doctora Kirsten Traynor, directora del proyecto, quien subraya que la base de cualquier política de conservación es saber “dónde y con qué frecuencia siguen apareciendo los distintos grupos de polinizadores”.
Una herramienta para el futuro de la biodiversidad
BeeVision está financiado por la Carl-Zeiss-Stiftung y tiene una duración inicial de dos años. El equipo es optimista sobre el potencial de su tecnología: si se logra escalar y abaratar su producción, podría convertirse en un instrumento básico para científicos, ayuntamientos y organizaciones medioambientales de toda Europa.
Como apunta Michael Glück, uno de los desarrolladores, “hace un año todavía teníamos que llevar mucho equipo al campo […] ahora solo necesitamos nuestra cámara y un portátil”.
La esperanza es clara: usar la inteligencia artificial no solo para automatizar tareas, sino para salvar la biodiversidad antes de que sea demasiado tarde.
La fotografía de representación de esta noticia pertenece a Erin Minuskin y ha sido publicada en Unsplash

