La inteligencia artificial también puede ser una figura de apego
A medida que herramientas como ChatGPT se integran cada vez más en nuestra vida diaria, crece el interés por comprender cómo nos relacionamos psicológicamente con ellas. Un reciente estudio publicado en la revista Current Psychology explora una sorprendente hipótesis: las personas podrían desarrollar vínculos emocionales con la inteligencia artificial similares a los que se establecen con seres humanos o incluso con mascotas.
Este trabajo, realizado por Fan Yang y Atsushi Oshio, investigadores de la Universidad de Waseda (Japón), utiliza la teoría del apego (un marco clásico de la psicología desarrollado por John Bowlby) para analizar las experiencias emocionales que emergen en las interacciones con sistemas de IA generativa como ChatGPT.
Del apego humano al apego hacia la IA
La teoría del apego describe cómo las personas buscan seguridad emocional en figuras que consideran más fuertes y sabias. Tradicionalmente, se ha aplicado a relaciones entre padres e hijos, parejas o amistades. Pero Yang y Oshio han querido explorar si esas mismas dinámicas se manifiestan en la interacción con inteligencias artificiales.
En su investigación, realizaron dos estudios piloto y un estudio formal en los que participaron más de 250 personas usuarias de IA en China. Sus hallazgos indican que muchos participantes recurren a la IA como refugio emocional, buscan su compañía o confían en ella para expresar sus logros o angustias, funciones clave del apego según la teoría original.
Así es el nuevo test de apego hacia la IA
Los autores diseñaron una nueva herramienta llamada Experiences in Human-AI Relationships Scale (EHARS), basada en dos dimensiones: ansiedad de apego y evitación del apego hacia la IA.
La ansiedad de apego se caracteriza por una fuerte necesidad de reafirmación emocional por parte de la IA y miedo a respuestas inadecuadas. La evitación del apego, en cambio, refleja incomodidad con la cercanía emocional y una preferencia por mantener distancia con estas tecnologías.
El cuestionario incluye afirmaciones como: “Necesito que la IA me demuestre afecto para sentirme aceptado” o “Prefiero no mostrar a la IA cómo me siento realmente”. El análisis estadístico de estas respuestas confirmó que estas dimensiones permiten evaluar cómo diferentes personas se relacionan emocionalmente con los sistemas de IA.
¿Apego sin cuerpo ni reciprocidad?
Una de las preguntas más complejas del estudio es cómo puede surgir el apego hacia una entidad que no tiene cuerpo ni emociones reales. A diferencia de humanos o animales, la IA no puede abrazarnos ni rechazar nuestra compañía. Sin embargo, los autores sostienen que su capacidad de respuesta constante y sin juicios la convierte en una fuente predecible de apoyo emocional, especialmente útil para personas con ansiedad social o en situaciones de aislamiento.
Esta fiabilidad, según el estudio, puede sustituir, al menos en parte, la necesidad de contacto físico, dando lugar a una forma única de apego.
Consecuencias prácticas y éticas
El desarrollo de esta nueva escala podría tener múltiples aplicaciones. Por un lado, permitiría diseñar IA más empáticas y adaptadas a las necesidades emocionales de sus usuarios, ajustando su estilo de comunicación a distintos perfiles psicológicos. Por otro, plantea importantes dilemas éticos sobre el riesgo de dependencia emocional hacia máquinas que simulan empatía sin sentirla.
“Los desarrolladores deben ser transparentes sobre el carácter programado de estas respuestas”, advierten los autores. Manipular la percepción de la IA como figura emocionalmente disponible podría dañar a personas vulnerables, especialmente si no son conscientes de que están interactuando con un sistema sin conciencia.
Un nuevo campo de estudio
Este trabajo abre una vía prometedora en la intersección entre psicología y tecnología, al demostrar que los vínculos afectivos con la inteligencia artificial pueden analizarse con las herramientas clásicas de la teoría del apego. A medida que la IA se vuelve más omnipresente, comprender estas nuevas formas de relación podría ser clave para garantizar interacciones beneficiosas y emocionalmente seguras.
La fotografía de representación de este artículo es un fotograma de la película Her (2013).

