7 de cada 10 españoles ya usan IA: así madura nuestra relación con la tecnología

El segundo Observatorio Anual IAON, presentado en Madrid este 14 de julio, confirma que la inteligencia artificial ya forma parte de la rutina en España: 7 de cada 10 personas usan IA generativa, frente al 51% de hace un año. Pero el dato más revelador no es cuánta gente la usa, sino cómo ha cambiado su actitud hacia ella.

El estudio, impulsado por el Gobierno de Aragón, Microsoft, Ibercaja y Fundación Ibercaja, retrata a una sociedad que ha pasado del deslumbramiento a la exigencia: usa más la tecnología y, al mismo tiempo, confía menos a ciegas en ella.

¿Qué es el Observatorio Anual IAON?

IAON es una iniciativa del Gobierno de Aragón, Microsoft, Ibercaja y Fundación Ibercaja que busca promover una inteligencia artificial ética, accesible y con impacto social positivo, a través de la formación, la divulgación y la investigación. Su Observatorio Anual es el estudio con el que mide, año a año, cómo evolucionan el conocimiento, el uso, la confianza y la percepción social de la IA en España. Esta es su segunda edición, y se apoya en más de 1.300 entrevistas realizadas entre febrero y marzo de 2026. La gran novedad de este año es la incorporación de un panel de 300 autónomos y pymes, para radiografiar también cómo entra la IA en el tejido empresarial más pequeño.

Se usa más, y con más frecuencia

La señal más clara del cambio es que quienes nunca habían tocado la IA generativa se reducen a marchas forzadas: eran la mitad de la población en 2025 y ahora son el 31,2%. Y no solo la prueban más, sino que la usan más a menudo, con un 19,8% que recurre a ella a diario y un 19,3% varias veces por semana. Los menores de 42 años son, con diferencia, el grupo más activo. Hace apenas un año, el mismo Observatorio dejaba una foto muy distinta, cuando más de la mitad de los españoles decían no saber nada de IA.

Menos confianza, y eso es buena señal

Lo llamativo es que ese mayor uso convive con un descenso de la confianza, algo que IAON interpreta como madurez y no como rechazo. La ciudadanía ya no ve la IA como un agente capaz de decidir por sí solo, sino como una herramienta que debe estar a su servicio. De hecho, solo hay una decisión que más de la mitad de la población delegaría en un sistema autónomo: planificar un viaje (55,5%). En terrenos más sensibles, como la educación, la salud o las finanzas, la confianza cae con claridad, y uno de cada cuatro no delegaría ninguna decisión importante. En la misma línea, afloja la idea de que la IA solo beneficia a los poderosos: quienes creían que sus ventajas se concentran en grupos con poder económico o acceso tecnológico bajan del 68,2% al 58,4% en un año.

Las empresas la usan, pero sin red

La otra gran novedad es la mirada al tejido de autónomos y pymes. Ahí, el 40% cree que la IA está mejorando su competitividad, y el 68% asegura que no ha tenido un impacto negativo en el empleo. El problema es el cómo: la mayoría la utiliza sin gobernanza interna, sin protocolos de uso ni una formación estructurada. La tecnología entra por la puerta de atrás, a título individual, un patrón parecido al que ya observamos cuando contamos que solo una minoría de los empleados en España la integra en su trabajo.

Lo que preocupa y la brecha que queda

Entre los recelos, el más extendido sigue siendo la privacidad y el uso de los datos personales (52,9%), seguido de la pérdida de empleos y la desigualdad económica (51,2%) y de la manipulación, la desinformación y los deepfakes (49,4%). El temor a perder el trabajo, que en 2025 figuraba entre los más intensos (64,7%), pierde algo de fuerza: se impone la percepción de que la IA transformará los empleos más que eliminarlos. Persiste, eso sí, una brecha por edad: el 49,3% de los mayores de 59 años no ha usado nunca IA generativa, mientras que la mayoría de la población ya se considera usuaria intermedia (38,5%) o avanzada (10,2%).

¿Qué dice esto sobre España?

El retrato de conjunto es el de una normalización. La inteligencia artificial está dejando de ser un asunto de expertos para convertirse en una utilidad cotidiana, algo parecido a lo que en su día supuso la llegada del internet móvil. Y la conclusión que subraya el propio informe es que la nueva brecha ya no es tecnológica, sino de conocimiento: no separa a quien tiene acceso a la IA de quien no, sino a quien sabe integrarla en su día a día de quien se queda mirando. El reto, para instituciones y empresas, ya no es que la gente use la IA, sino que aprenda a hacerlo con criterio.

La fotografía de representación de este artículo pertenece a Microsoft Copilot y ha sido publicada en Unsplash

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