Durante el rodaje de grandes producciones, los actores y actrices son sometidos a complejos procesos de escaneo corporal en 3D mediante bancos de cámaras que registran cada detalle de su anatomía. Según ha explicado Williams, los intérpretes apenas reciben información sobre cómo se almacenan o reutilizan esos datos digitales, que podrían servir para recrear sus movimientos o incluso su rostro sin consentimiento.
“Una solicitud razonable sería seguir el precedente del nudity rider: este material solo puede usarse en la acción de esa escena. No puede utilizarse en ningún otro contexto y, una vez editada la escena, debe eliminarse de todos los formatos”, afirmó la actriz en una entrevista con The Guardian.
La intérprete subraya que muchas cláusulas contractuales conceden a los estudios derechos amplísimos sobre la imagen del artista, incluyendo el uso “en todas las plataformas existentes o por inventar, en cualquier parte del universo y a perpetuidad”. Williams asegura que ha intentado modificar esas cláusulas sin éxito, y que incluso exploró la posibilidad de poseer legalmente sus propios escaneos, aunque los abogados le advirtieron de la falta de base legal para hacerlo.
Un problema creciente en la era de la IA
El caso de Williams refleja una preocupación generalizada en el mundo del cine y la televisión. La creación del personaje digital Tilly Norwood, una actriz generada íntegramente por inteligencia artificial, ha encendido las alarmas en la profesión. Muchos intérpretes temen que sus escaneos puedan entrenar modelos de IA capaces de replicar su apariencia o voz, sustituyéndolos en futuras producciones.
Algunos actores y especialistas han relatado que fueron “sorprendidos” en el set y presionados para someterse a los escaneos, sin tiempo para negociar condiciones o entender cómo se tratarían sus datos. Una de las historias más preocupantes mencionadas por Williams fue la de una menor de 17 años que fue escaneada con el consentimiento de su abuela, sin que esta comprendiera el alcance legal de la decisión.
“No quiero cobrar más dinero por el uso de mi imagen”, dijo Williams. “Solo quiero que mi rostro no aparezca en lugares donde no he estado, haciendo cosas que no he hecho, diciendo cosas que no he dicho.”
El debate legal y sindical en Reino Unido
La polémica ha llevado al sindicato Equity, que representa a los trabajadores de las artes escénicas en Reino Unido, a abrir negociaciones con Pact, la asociación que agrupa a los productores audiovisuales. El objetivo es establecer normas mínimas de transparencia y consentimiento en la captura y uso de datos corporales.
“Estamos exigiendo que las protecciones frente a la IA se integren en los principales acuerdos del sector audiovisual, situando el consentimiento y la transparencia en el centro del proceso de escaneado”, explicó Paul W. Fleming, secretario general de Equity.
Por su parte, Pact ha declarado que los productores “son plenamente conscientes de sus obligaciones en materia de protección de datos” y que el tema “está siendo tratado como parte de las negociaciones colectivas en curso”.
Aunque la legislación británica contempla el derecho a la privacidad y la protección de datos personales, la reproducción de una imagen digital mediante IA aún se mueve en una zona legal gris, especialmente cuando se deriva de material grabado con consentimiento parcial o ambiguo.
Riesgos y consecuencias para el futuro del cine
La cuestión va más allá de la privacidad. Si los estudios conservan y reutilizan libremente los escaneos, podrían crear réplicas digitales de actores sin necesidad de contratarlos de nuevo, lo que alteraría por completo la estructura laboral del sector. Además, la falta de control sobre los datos personales puede exponer a los intérpretes a usos indebidos o manipulaciones digitales, desde falsificaciones hasta deepfakes con contenido no autorizado.
Williams reconoce que muchos actores firman los contratos sin posibilidad de negociación: “Si no lo firmo, pierdo el trabajo”, lamenta. Por eso, insiste en que es necesario crear precedentes legales y éticos antes de que la tecnología avance aún más rápido que la regulación.
El debate coincide con movimientos similares en Hollywood, donde sindicatos como SAG-AFTRA han exigido incluir cláusulas específicas sobre inteligencia artificial en sus acuerdos laborales. La preocupación es compartida a nivel global: el auge de la IA en la creación audiovisual plantea una redefinición de los derechos de imagen, autoría y propiedad intelectual que podría transformar para siempre la relación entre artistas y estudios.
La fotografía de representación de este artículo es un fotograma de la película ‘The Heart of Me‘.

