El primer aparato que OpenAI pone a la venta no lo ha diseñado Jony Ive, no habla y no va al salón de tu casa. Es un teclado pequeño de 230 dólares que sirve para una sola cosa: mandar en los agentes que te escriben el código. Y lleva una rueda para decidir cuánto tienen que pensar.
Se llama Codex Micro y se puede pedir desde el 15 de julio en la tienda de OpenAI. Lo fabrica Work Louder, una empresa de teclados, y las unidades son limitadas.
Un mando para tus agentes
Lo que hay encima de la mesa es un macropad: un panel de teclas que no sustituye al teclado, lo complementa. La diferencia con cualquier otro está en para qué sirven esas teclas.
Seis de ellas se encienden con el estado de tus agentes. Cada una refleja una de las tareas en marcha y cambia de color según lo que esté pasando al otro lado: parado, pensando, terminado, esperando una respuesta tuya o error. Sin abrir la ventana, sin cambiar de chat.
El resto de teclas son atajos para lo que se hace todo el rato con un agente: aceptar un cambio, rechazarlo, abrir una conversación nueva o hablarle por voz. El joystick lanza flujos enteros, como revisar una pull request, depurar un error o refactorizar.
Una rueda para decidir cuánto piensa
Y luego está el detalle que mejor retrata el momento. El aparato lleva un dial que sube y baja el nivel de razonamiento del modelo. Lo giras hacia abajo para lo rápido y hacia arriba cuando el problema pide pensar más.
Es decir: el esfuerzo cognitivo de la máquina se ha convertido en un mando físico, como el volumen de una radio. Hace dos años se discutía si la IA razonaba; ahora tiene rueda.
La ficha técnica es la de un teclado caro y bien hecho: cuerpo de policarbonato y aluminio mecanizado, base anodizada, 13 interruptores mecánicos (a elegir entre sonoros o silenciosos), un sensor táctil, un codificador rotatorio y un joystick planar. Se conecta por Bluetooth o USB-C, va con Mac y con Windows, y trae 32 teclas de recambio con iconos para reasignar lo que quieras.
No es el aparato que esperaba nadie
Conviene situarlo, porque el hardware que se esperaba de OpenAI era otro. La compañía se quedó con io, la empresa de Jony Ive, el diseñador del iPhone, para construir un dispositivo doméstico que, según los rumores, sería un altavoz. Ese sigue sin llegar.
Y no llega en el peor momento posible: Apple ha demandado a OpenAI, a su filial de hardware y a dos empleados que salieron de Cupertino, por el presunto robo de secretos comerciales. Engadget lo resume con precisión: el Codex Micro es el menos problemático de los proyectos de hardware de OpenAI. Es lo que se puede enseñar mientras lo gordo está en los tribunales.
Tampoco es el primer hardware que lleva su nombre. En junio anunció con Broadcom Jalapeño, un procesador de inferencia para sus propios centros de datos. Aquello no se vende; esto se compra y se pone en la mesa.
Un accesorio que dice algo
Work Louder no es un fabricante cualquiera de este nicho: ya había hecho algo parecido con Framer, el creador de webs, y vende macropads para diseñadores. El patrón se repite, y ahora le toca a los agentes.
Porque eso es lo que hay debajo de un teclado de 230 dólares con unidades limitadas. Los agentes han dejado de ser una ventana de chat y se han convertido en algo que hay que vigilar: varios a la vez, cada uno en su tarea, unos parados y otros esperándote. Cuando un programador necesita seis luces para saber qué está haciendo su software, el problema ya no es que la IA no sepa programar.
OpenAI acaba de convertir Codex en una aplicación que junta ChatGPT, la programación y una herramienta nueva de productividad. El Codex Micro es el botón físico de todo eso. No hace falta para usarlo, y ahí está la gracia: es un objeto para quien pasa tantas horas dando órdenes a una IA que le compensa comprar un mando.

