Un retrato del trabajador ante la IA
La inteligencia artificial está transformando de manera acelerada el mundo laboral. Mientras empresas como Amazon o Microsoft anuncian despidos impulsados por la automatización, los trabajadores se preguntan cómo encajarán con las nuevas herramientas tecnológicas. ¿Qué esperan realmente de la IA?
Una investigación del Instituto de Inteligencia Artificial Centrada en el Ser Humano (HAI) de la Universidad de Stanford y del Digital Economy Lab ha intentado dar respuesta a esta cuestión. El estudio, publicado en junio de 2025, recogió la opinión de 1.500 empleados de 104 ocupaciones distintas y de 52 expertos en IA. El resultado: una cartografía precisa de las tareas que los trabajadores desean automatizar, las que prefieren mantener bajo supervisión humana y las que, simplemente, aún no confían a la tecnología.
Automatizar, sí… pero con condiciones
El estudio confirma que los trabajadores desean que la IA se encargue, sobre todo, de tareas repetitivas y tediosas. Actividades como agendar citas con clientes, mantener archivos actualizados o corregir errores en registros fueron vistas con buenos ojos por una gran mayoría. Según los datos recogidos, el 69,4 % de los encuestados valoran que la automatización les libere tiempo para tareas de mayor valor, mientras que el 46,6 % aprecia que la IA mejore la calidad de su trabajo.
Sin embargo, esta apertura no implica una cesión total de control. El 45,2 % de los trabajadores quiere una relación colaborativa con la IA, en la que ambas partes trabajen juntas como iguales. Otro 35,6 % prefiere que haya supervisión humana en los momentos clave. En definitiva, los empleados no quieren ser sustituidos por la tecnología, sino trabajar con ella.
Lo que la IA aún no puede hacer
La investigación también comparó las expectativas de los trabajadores con las capacidades reales de los sistemas de IA, creando un “mapa de zonas” que clasifica las tareas en función de su deseabilidad y viabilidad técnica. Este análisis reveló que un 41 % de las tareas caen en zonas con baja prioridad o directamente no deseadas, lo que sugiere que muchas implementaciones de IA están fuera de sintonía con las necesidades reales.
Entre las áreas con alta demanda pero baja capacidad técnica —la llamada “zona de oportunidad de I+D”— se encuentran la supervisión de presupuestos o la creación de cronogramas de producción. Estas zonas representan una oportunidad clave para orientar la investigación futura.
Un cambio en las habilidades más valoradas
El auge de la IA también parece estar reconfigurando el mercado laboral en términos de competencias. Las habilidades analíticas, tradicionalmente bien remuneradas, podrían perder valor frente a otras que requieren interacción humana. Según el estudio, capacidades como organizar el trabajo, enseñar, priorizar tareas o comunicarse eficazmente con otros ganarán importancia en un entorno laboral cada vez más automatizado.
¿Por qué importa lo que piensan los trabajadores?
Según Yijia Shao, estudiante de doctorado y primera autora del estudio, tener en cuenta las preferencias de los trabajadores es fundamental no solo para garantizar una adopción ética de la IA, sino también para construir herramientas que sean verdaderamente útiles y eficaces. “Los trabajadores son los más afectados por estos cambios y sobre ellos recae, en última instancia, el funcionamiento de la economía”, afirma.
El estudio se presenta como un punto de partida, pero sus autores advierten que deberá actualizarse constantemente para seguir el ritmo de los rápidos avances tecnológicos. Las empresas que deseen integrar con éxito la IA en sus procesos deberán tener en cuenta estas dinámicas si no quieren fracasar en el intento.

