ELIZA, considerado el primer chatbot del mundo, fue desarrollado en los años 60 por el profesor Joseph Weizenbaum en el MIT. Nombrado en honor al personaje Eliza Doolittle de la obra Pygmalion, este programa fue diseñado para simular una interacción con un psicoterapeuta. Con frases como «Por favor, cuéntame tu problema» o «¿En qué sentido?», ELIZA lograba mantener una conversación básica, un avance impresionante para la época.
El código original de ELIZA fue escrito en un lenguaje de programación ahora extinto, conocido como Michigan Algorithm Decoder Symmetric List Processor (MAD-SLIP). Posteriormente, fue adaptado al lenguaje Lisp, lo que permitió su difusión a través de la incipiente internet. Sin embargo, la versión original quedó obsoleta y se creyó perdida durante décadas.
Cómo lograron restaurar el código perdido de ELIZA
El redescubrimiento del código de ELIZA se produjo en 2021, cuando el investigador Jeff Shrager, de la Universidad de Stanford, y el archivista Myles Crowley, del MIT, hallaron los documentos originales en los archivos del creador de ELIZA. El proceso para reanimar este fragmento de historia digital no fue sencillo. Los científicos tuvieron que depurar el código y crear un emulador para replicar el entorno computacional de los años 60.
El 21 de diciembre de 2024, ELIZA volvió a funcionar por primera vez en 60 años. Durante el proceso, se identificó un error en el código que los investigadores decidieron no corregir para preservar la autenticidad del programa, comparándolo con «corregir un trazo erróneo en la Mona Lisa».
Aunque ELIZA no puede competir con las capacidades de los modelos de lenguaje actuales como ChatGPT, su capacidad para «escuchar» y motivar al usuario a continuar la conversación sigue siendo destacable. Según Shrager, esto representa un enfoque más cercano al «auténtico chateo» que muchas de las tecnologías actuales.
El renacimiento de ELIZA ha reabierto el debate sobre la importancia de preservar la historia de la informática. David Berry, coautor del estudio, subrayó que estas piezas de software no solo son avances técnicos, sino también partes esenciales de la historia cultural. Comparó su valor con obras icónicas como la Mona Lisa o el David de Miguel Ángel.

