El consultor Ricardo Cano, fundador de EVE Museos e Innovación, participó el pasado 28 de mayo en el evento The AI Revolution Badajoz 2025, con una ponencia titulada «IA y Cultura: Aplicaciones, Beneficios y Retos«, en la que ofreció una reflexión crítica y apasionada sobre el impacto de la inteligencia artificial en el ámbito museístico. Desde el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC), Cano apeló al equilibrio entre tecnología y emoción, destacando la necesidad de que los museos sigan siendo espacios de humanidad, memoria y aprendizaje.
Ricardo Cano planteó que los museos deben priorizar la experiencia del visitante y su conexión con la comunidad ya que “el museo es una herramienta didáctica, un generador de experiencia”. El ponente reivindicó la emoción, la sensorialidad y la mediación humana como ejes fundamentales de la comunicación museística, frente a una visión tecnocentrista que podría deshumanizar la experiencia cultural. «La tecnología no puede condicionar el discurso. Es una herramienta que debe estar justificada«.
Nos gustaría que los visitantes salgan de los museos siendo mejores personas
En su relato, recordó el congreso ‘El museo reimaginado‘ celebrado en Oaxaca en 2019 donde “se habló muy poco de tecnología”. Subrayó la importancia de figuras como Nina Simon, que defendió en aquel congreso que “el museo crea la comunidad”. Según Cano: «La emoción debe ser el instrumento de comunicación fundamental«.
A través de ejemplos y vivencias personales, como su visita al Museo de la Memoria y la Tolerancia de Ciudad de México, destacó el valor de la interacción directa entre guías y visitantes. Expuso también cómo la pandemia obligó a muchos museos a adoptar la digitalización de forma improvisada, dejando en evidencia la falta de estrategias a largo plazo para la transformación digital del sector.
Inteligencia artificial y Cultura
Ricardo Cano abordó el papel de la inteligencia artificial desde una perspectiva crítica y pragmática. Rechazó cualquier entusiasmo acrítico y subrayó que esta tecnología, aunque poderosa, no debe condicionar la esencia ni la dirección de los discursos museográficos. Para Cano, la IA es una herramienta útil que debe responder a necesidades reales, no convertirse en el eje central de la estrategia cultural. Reconoció su creciente relevancia, señalando que su presencia en el sector es ya inevitable, pero alertó sobre el riesgo de que su uso desplace la atención sobre el valor humano, emocional y sensorial del museo.
Los promotores insisten en que si no es tecnológico no es moderno, pero lo tecnológico es sólo una herramienta.
En su análisis, Cano identificó la IA como un “ente insaciable” que necesita alimentarse constantemente de datos, lo cual introduce retos adicionales, tanto técnicos como éticos. Insistió en que su equipo y sus proyectos utilizan esta tecnología de manera estratégica y con criterio, priorizando siempre que no condicione la experiencia museística ni sustituya a las formas tradicionales de mediación cultural. Esta postura se enmarca dentro de su visión más amplia: la tecnología debe ayudar a resolver problemas concretos y no imponerse como solución universal.

Además, el consultor destacó el desequilibrio que la implantación de la inteligencia artificial puede generar entre instituciones. Señaló que muchos museos, especialmente en América Latina, no cuentan con los recursos para adoptarla, y que esta brecha tecnológica puede agravar desigualdades estructurales. A pesar de ello, Cano mostró esperanza en que los museos sigan apostando por enfoques humanos, sensoriales y personalizados, recordando que lo esencial de la experiencia cultural no debe perderse en una carrera por digitalizarlo todo.
Finalmente, hizo un llamamiento a mantener una distancia crítica frente a las modas tecnológicas, recordando que los museos deben ser ante todo espacios de aprendizaje, memoria y transformación personal.

