Utilizaron IA para desclasificar documentos del caso JFK

Tulsi Gabbard, actual directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, ha admitido que su equipo utilizó inteligencia artificial para determinar qué documentos sobre el asesinato de John F. Kennedy debían permanecer clasificados. Lo reveló el martes durante una intervención en la cumbre de Amazon Web Services en Washington y la noticia fue confirmada por medios como Associated Press o HuffPost.

Un caso que marcó la historia

El asesinato de John F. Kennedy en 1963 ha sido uno de los eventos más impactantes del siglo XX en Estados Unidos, generando múltiples teorías de conspiración, investigaciones oficiales y una fascinación mediática que aún persiste. Aunque la Comisión Warren concluyó que Lee Harvey Oswald actuó solo, muchas personas siguen creyendo que hubo más implicados. La publicación de nuevos documentos ha sido reclamada durante décadas como forma de esclarecer posibles dudas históricas.

Una herramienta para agilizar la burocracia

Según explicó Gabbard, su equipo alimentó con decenas de miles de páginas un sistema de IA para agilizar el proceso de revisión que tradicionalmente requería que analistas revisaran manualmente cada documento. “Hemos podido hacer esto mucho más rápido que antes, cuando había que revisar cada una de las páginas a mano”, declaró Gabbard, según AP.

La decisión responde a una orden ejecutiva firmada por Donald Trump en enero de 2025 para desclasificar documentos sobre los asesinatos de John F. Kennedy, Robert F. Kennedy y Martin Luther King Jr. En marzo, el gobierno publicó más de 80.000 páginas sobre el caso JFK, muchas de ellas previamente censuradas.

Errores en el proceso de desclasificación

Sin embargo, el uso de IA no estuvo exento de fallos. Tal como informó The Independent, algunos archivos fueron publicados sin censurar información sensible como números de la Seguridad Social, fechas de nacimiento y direcciones de personas aún vivas. La Casa Blanca tuvo que intervenir rápidamente para proteger a los afectados, ofreciéndoles nuevos números y servicios de vigilancia crediticia.

Esto ha despertado preocupaciones éticas y cuestionamientos sobre la fiabilidad de la IA para manejar información sensible. Según The Register, Gabbard defendió el uso de estas herramientas asegurando que ayudan a detectar contenido “que pueda ser sensible para los familiares de personas aún vivas”.

Una apuesta por la tecnología privada

Gabbard ha expresado su voluntad de ampliar el uso de tecnologías del sector privado en la inteligencia estadounidense. “Quiero alejarnos de que el gobierno construya sus propias soluciones tecnológicas, porque eso no es lo que mejor sabe hacer”, afirmó en el evento de AWS.

La Dirección Nacional de Inteligencia, que coordina las actividades de 18 agencias, ha lanzado incluso un chatbot interno y utiliza IA para procesar grandes volúmenes de datos, como los 10.000 horas de contenido multimedia que ahora se analizan en una hora gracias a estas tecnologías, según HuffPost.

Un contexto político tenso

El uso de IA por parte del gobierno estadounidense ocurre en un momento de profunda tensión en la comunidad científica del país. Los recortes presupuestarios, la censura ideológica y las políticas migratorias restrictivas del presidente Trump han generado una fuga de cerebros hacia Europa y Asia, poniendo en riesgo el liderazgo tecnológico de EE.UU.

Además, Gabbard ha sido una figura polémica desde su nombramiento. Como informó The New York Times, en febrero de 2025 ordenó reescribir un informe de inteligencia para evitar que pudiera usarse en contra de Trump. También despidió a dos altos funcionarios considerados críticos con el presidente.

Conclusión: ¿una revolución o un riesgo?

La decisión de usar IA para decidir qué secretos del caso JFK debían ver la luz marca un hito en el uso gubernamental de esta tecnología. Pero también pone sobre la mesa los límites de delegar tareas tan delicadas a algoritmos que aún pueden cometer errores graves.

Para Gabbard, se trata de una manera de modernizar la inteligencia nacional y permitir que los analistas se centren en tareas de alto valor. Para otros, es una muestra de cómo la tecnología puede ser mal aplicada en contextos donde la precisión y la sensibilidad son vitales.

Pero más allá de la eficiencia, quedan muchas preguntas en el aire: ¿qué modelo de IA y bajo qué estándares de seguridad se utilizó exactamente? ¿Qué garantías hubo de que los datos no se filtraran? ¿Es prudente ceder a una inteligencia artificial, que no es un ente racional sino una herramienta estadística, decisiones que afectan a la seguridad nacional y la memoria histórica?

Lo que queda claro es que la inteligencia artificial ya no es solo una herramienta corporativa: ha llegado al corazón del poder político. Pero aún no sabemos si lo ha hecho de forma suficientemente segura, transparente y ética.

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