Una apuesta para cambiar Hollywood
La película ‘Critterz’ nació hace tres años de la mano de Chad Nelson, especialista creativo de OpenAI, mientras probaba el generador de imágenes DALL·E. Lo que comenzó como un cortometraje experimental se ha convertido en un largometraje internacional respaldado por Federation Studios, matriz de Vertigo Films, y por el estudio estadounidense Native Foreign. La meta es clara: culminar en nueve meses lo que en Hollywood suele requerir tres años, con un presupuesto reducido que no superará los 30 millones de dólares, frente a los más de 100 millones habituales en la animación tradicional.
El guion estará a cargo de parte del equipo responsable de Paddington en Perú, mientras que la animación combinará modelos de OpenAI como GPT-5 y generadores de imágenes con la participación de artistas humanos, encargados de bocetos iniciales, y actores profesionales que darán voz a los personajes.
De experimento creativo a estrategia industrial
La producción de Critterz no surge de la nada. En 2023, Nelson ya había presentado un corto homónimo creado íntegramente con DALL·E 2, que más tarde fue remasterizado con la herramienta de vídeo Sora. Ahora, OpenAI respalda este proyecto como “caso de estudio” para mostrar cómo la IA puede producir cine de forma más rápida y económica.
James Richardson, cofundador de Vertigo Films, explicó que el proyecto es “un experimento masivo y muy ambicioso” con gran incertidumbre sobre el resultado final. La estrategia de producción contempla un modelo de compensación que permitirá a las 30 personas implicadas en el proyecto participar en los beneficios de taquilla.

La polémica: creatividad y derechos de autor
El impacto de la inteligencia artificial en el cine no está exento de polémica. Como recuerda José Luis Farias, director de NextLab, a El País “el primer problema no es tecnológico, sino legal: cómo hacer estas películas sin infringir los derechos de autor y que las majors puedan estar tranquilas el día del estreno”. A ello se suman las demandas de estudios como Disney, Universal o Warner contra compañías como Midjourney, acusadas de utilizar material protegido para entrenar sus sistemas.
Además, sindicatos de actores y guionistas han mostrado su preocupación por el posible impacto de la IA en el empleo creativo. En este contexto, la decisión de contar con guionistas humanos y voces profesionales en Critterz podría facilitar que la obra quede amparada bajo la legislación de derechos de autor.

Una nueva frontera en la animación
La trama de Critterz sigue a un grupo de criaturas del bosque que emprenden una aventura tras la llegada de un extraño a su aldea. Aunque aparentemente sencilla, la historia busca demostrar que la IA no solo puede generar imágenes, sino también articular narrativas cinematográficas complejas.
Para OpenAI, el filme tiene un valor estratégico: si resulta exitoso, podría allanar el camino para que la IA se consolide como herramienta clave en Hollywood, reduciendo barreras económicas y facilitando que nuevos creadores accedan a la gran pantalla.
Entre la esperanza y el escepticismo
El proyecto se enmarca en un momento de intenso debate. Mientras Disney y Netflix experimentan con la IA en sus producciones, crece el escepticismo entre creadores. “Hay que ver si se pueden contar grandes historias o si al final solo es humo para conseguir productos más baratos”, advierte Farias. La duda que persiste es si el público aceptará una película producida en gran parte con inteligencia artificial o si rechazará la idea por considerar que resta autenticidad.
El estreno previsto en Cannes 2026 será, probablemente, la primera gran prueba de fuego. En palabras de Farias, “hasta que los grandes actores no se muevan, el sector no se va a mover, y esta puede ser la piedra de toque”.


