El último informe del McKinsey Global Institute, titulado “Agents, Robots, and Us: Skill Partnerships in the Age of AI” (noviembre de 2025), redefine el futuro del trabajo. Según la consultora, la inteligencia artificial no destruirá el empleo, sino que transformará radicalmente los flujos laborales y las competencias que sostienen la economía. Para 2030, la asociación entre personas, agentes y robots —las tres fuerzas del nuevo ecosistema productivo— podría liberar un valor económico de hasta 2,9 billones de dólares solo en Estados Unidos, siempre que las empresas rediseñen sus procesos y los trabajadores desarrollen nuevas capacidades.
La revolución de los “equipos mixtos”: humanos y máquinas trabajando en pareja
El informe plantea un escenario en el que el trabajo del futuro será una alianza entre personas, agentes digitales y robots físicos, todos ellos impulsados por inteligencia artificial. Según McKinsey, la tecnología actual podría automatizar hasta un 57% de las horas laborales de EE. UU., aunque esto no implica que la mitad de los empleos desaparezcan, sino que las tareas cambiarán de naturaleza. La clave no estará en sustituir a las personas, sino en reconfigurar el trabajo para que humanos y sistemas inteligentes colaboren como “compañeros de equipo”.
Los autores —Lareina Yee, Anu Madgavkar y Sven Smit, entre otros— destacan que las “skill partnerships” o asociaciones de habilidades serán el pilar de la productividad del siglo XXI. En este nuevo entorno, los agents se encargarán de tareas cognitivas (análisis, redacción, comunicación o planificación), mientras que los robots asumirán funciones físicas y repetitivas. Sin embargo, el componente humano seguirá siendo esencial en todo lo que requiera empatía, juicio contextual o pensamiento creativo.
El estudio muestra que más del 70% de las habilidades actuales seguirán siendo útiles, aunque aplicadas de otro modo. La inteligencia artificial, lejos de hacerlas obsoletas, cambiará el contexto en el que se utilizan: los trabajadores dedicarán menos tiempo a tareas mecánicas —como redactar informes o recopilar datos— y más a formular preguntas, interpretar resultados o tomar decisiones estratégicas.
McKinsey clasifica el empleo del futuro en siete arquetipos, que van desde los “roles centrados en personas” —como enfermeros, docentes o psicólogos— hasta los “roles centrados en agentes o robots”, pasando por los híbridos en los que ambos colaboran, como ingenieros, técnicos de mantenimiento o especialistas en logística. En conjunto, el panorama que dibuja el informe no es el de un reemplazo masivo, sino el de una profunda reinvención del trabajo y la productividad, con nuevas ocupaciones aún por imaginar.
Un potencial económico de 2,9 billones de dólares… si se rediseñan los flujos de trabajo
El impacto económico de esta transformación podría ser monumental. McKinsey estima que la automatización mediante IA generará hasta 2,9 billones de dólares anuales en valor económico para EE. UU. en 2030, siempre que las empresas adopten un enfoque sistémico y no fragmentado. El estudio advierte que los beneficios no vendrán de automatizar tareas aisladas, sino de reimaginar flujos de trabajo completos, integrando a personas, agentes y robots en procesos coordinados.
Según McKinsey, el 60% del potencial económico se concentra en actividades “núcleo” de cada sector: gestión de la cadena de suministro en la industria manufacturera, diagnóstico clínico en sanidad o control de riesgos en finanzas. El resto procede de funciones transversales —como TI, recursos humanos o planificación estratégica— que afectan a todos los sectores. El informe desglosa el papel de las distintas tecnologías: los “agents” aportarían más del 75% del valor total, al encargarse de automatizar procesos no físicos (análisis de datos, redacción, decisión, coordinación), mientras que los robots representarían el 25% restante, sobre todo en tareas industriales, logísticas o de construcción.
Los sectores con mayor potencial de automatización serían las finanzas, la información y los servicios profesionales, seguidos de la sanidad y la educación. En cambio, áreas como el arte, el ocio o la atención personal seguirán dependiendo casi por completo de la interacción humana. McKinsey subraya que menos del 40% de las empresas que han invertido en IA reportan beneficios tangibles hasta la fecha, precisamente porque aún la aplican a proyectos piloto o a tareas sueltas. La adopción real —dice el informe— requiere rediseñar el trabajo “desde los cimientos”, no añadir herramientas de manera superficial.
Las nuevas habilidades del siglo XXI: aprender a trabajar con la IA
Si la economía cambia, también lo harán las capacidades humanas. El informe detalla un “Skill Change Index”, un nuevo indicador que mide qué habilidades se transformarán más y cuáles resistirán la automatización. Entre las más expuestas al cambio figuran las digitales y de procesamiento de información, como programación, análisis de datos o control de calidad, donde los sistemas de IA ya son capaces de asumir buena parte del trabajo. En el extremo opuesto, las habilidades más resistentes son las interpersonales —negociación, liderazgo, empatía, resolución de conflictos o cuidado personal—.
McKinsey identifica ocho habilidades “de alta prevalencia” que seguirán siendo universales: comunicación, gestión, liderazgo, resolución de problemas, atención al detalle, orientación al cliente, operaciones y escritura. Todas ellas seguirán siendo esenciales, aunque su aplicación cambiará en un entorno híbrido donde personas y agentes trabajen codo con codo.
El estudio revela un dato revelador: la demanda de “fluidez en IA” se ha multiplicado por siete en solo dos años. No se trata solo de programar o construir modelos, sino de saber utilizar y supervisar sistemas inteligentes, entender sus límites y combinarlos con criterio humano. En 2025, alrededor de siete millones de trabajadores en EE. UU. ya desempeñan funciones que exigen alguna competencia relacionada con la IA, y la cifra crecerá exponencialmente.
Sin embargo, el informe advierte que los sistemas educativos y las políticas de formación profesional no están preparados para el ritmo del cambio. Aunque el 77% de las empresas afirma tener planes de upskilling, la mayoría no los ejecuta, y la participación en programas de reciclaje laboral se mantiene estancada. El resultado es un mercado laboral que avanza hacia la colaboración con máquinas, pero con un déficit creciente de preparación humana. Por ello, McKinsey propone una “alianza tripartita” entre gobiernos, empresas y trabajadores para fomentar la capacitación continua, el aprendizaje personalizado mediante IA y la reconversión profesional hacia empleos más creativos y sociales.
Una revolución con rostro humano
El informe concluye con una advertencia y una esperanza. La inteligencia artificial tiene el potencial de aumentar la productividad y mejorar la calidad del trabajo, pero solo si las organizaciones y las instituciones priorizan el valor humano sobre la eficiencia tecnológica. Los líderes que sepan integrar la IA no como una herramienta, sino como un “socio de trabajo”, serán los que marquen la diferencia. Los que la utilicen solo para recortar costes podrían encontrarse con una fuerza laboral desmotivada y un sistema económico desequilibrado. Como resume McKinsey, “el futuro del trabajo no será humano o artificial, sino profundamente colaborativo”.

