La inteligencia artificial generativa irrumpe en el corazón de la fotografía contemporánea, y lo hace en un escenario cargado de simbolismo: Les Rencontres d’Arles, uno de los festivales más prestigiosos del mundo en esta disciplina. La edición de 2025, inaugurada el 7 de julio en la iglesia de los Trinitarios en Arlés (Bouches-du-Rhône), presenta una exposición que está dando mucho que hablar: Futurs ancestraux, comisariada por Thyago Nogueira.
Entre los artistas participantes, dos nombres destacan por el uso declarado de inteligencia artificial en sus procesos creativos. La brasileña Igi Lọlá Ayedun, polifacética artista visual, ha entrenado al generador Midjourney con sus propios retratos para crear nuevas imágenes fotográficas. A pocos metros, su compatriota Mayara Ferrão utiliza también la IA para dar vida a archivos históricos inexistentes, imaginando amores lésbicos entre antiguas esclavas negras en un contexto decimonónico. Ambas exploran territorios inexplorados por la historia oficial, dando visibilidad a narrativas afrodescendientes y LGBTQIA+.
No obstante, su experiencia ha sido todo menos sencilla. Ferrão tuvo que luchar con los sesgos de los algoritmos, a los que calificó de «diabólicamente racistas», según relata Nogueira. Esa lucha contra los estereotipos codificados en la tecnología pone en evidencia una de las mayores críticas hacia estas herramientas: su entrenamiento a partir de bases de datos sesgadas y, en muchos casos, obtenidas sin consentimiento de los creadores originales.
Y ahí se abre un segundo frente. Aunque solo estas dos artistas han declarado el uso de IA en sus obras este año, la cuestión del uso no autorizado de obras para entrenar modelos generativos sigue sin resolverse. Christoph Wiesner, director del festival, admite que, aunque aún no está especificado en el reglamento, será necesario indicar claramente el uso de IA en los carteles informativos para el público.
Mientras tanto, las negociaciones entre representantes de creadores visuales y empresas tecnológicas para alcanzar acuerdos de licencia no avanzan. Muchos artistas denuncian que sus imágenes han sido utilizadas sin permiso para alimentar herramientas como Midjourney, DALL·E o Stable Diffusion. En este contexto, el festival de Arlés funciona como un espejo de las tensiones globales entre innovación y derechos de autor.
La exposición Futurs ancestraux reúne a una nueva generación de artistas brasileños que utilizan fotografía, vídeo y collage para reinterpretar las tradiciones visuales del país. Inspirados por el libro Futuro Ancestral del filósofo indígena Ailton Krenak, los artistas proponen una revisión del pasado desde una perspectiva espiritual y descolonial. Desde los archivos fotográficos del colectivo Lakapoy hasta los cuerpos como archivos vivos que proponen Rafa Bqueer o Melissa Oliveira, el mensaje es claro: el arte es también una herramienta para cuestionar el poder, la historia y las tecnologías que la perpetúan.
El uso de la IA en el arte visual no es una moda, sino una disrupción de fondo. Como demuestra Arlés, ya no se trata solo de un debate estético, sino de una discusión urgente sobre derechos, sesgos, transparencia y atribución. La fotografía, medio históricamente vinculado a la verdad y al documento, se encuentra ahora frente a su mayor dilema: cómo representar sin tergiversar, cómo crear sin apropiarse.
El futuro del arte en la era de la inteligencia artificial aún está por escribirse. Pero si algo ha dejado claro esta edición del festival es que no basta con admirar la imagen: hay que entender cómo y con qué ha sido hecha.

