Ayer, 18 de junio de 2025, Luc Julia compareció ante la Comisión de Asuntos Económicos del Senado francés en una sesión dedicada a examinar el impacto y los límites de la inteligencia artificial. Invitado en su doble calidad de director científico del Grupo Renault y pionero en el desarrollo de asistentes de voz como Siri, Julia ofreció una intervención clara, directa y profundamente pedagógica. Su propósito fue desmontar las ideas equivocadas que rodean al desarrollo de estas tecnologías y aportar criterios para un uso responsable tanto a nivel educativo como legislativo.
Desde el comienzo, Julia subrayó que no se puede hablar de inteligencia en sentido humano cuando nos referimos a sistemas de IA. «La inteligencia artificial son matemáticas», afirmó, recordando que lo que hoy llamamos IA es el resultado de décadas de evolución de técnicas estadísticas. Los modelos actuales no entienden ni razonan, simplemente predicen resultados basándose en la probabilidad.
Para demostrar sus límites, citó un estudio de la Universidad de Hong Kong que analizó la precisión de ChatGPT ante hechos verificables. El modelo acertó un 64 % de las veces, pero el 36 % restante ofreció respuestas falsas. «Eso significa que más de un tercio de las veces, una IA te dice que un hecho verdadero es falso», advirtió. «Estos sistemas dicen disparates», concluyó.
Julia ilustró este problema con una anécdota ocurrida en Nueva York. En 2023, un abogado decidió confiar en ChatGPT para redactar una demanda. El texto, impecable en apariencia, fue elogiado por el juez… hasta que este descubrió que todas las jurisprudencias citadas eran completamente inventadas. «El abogado cometió dos errores: no pidió referencias y no leyó lo que la IA generó», explicó Julia. Su conclusión fue clara: el usuario es el responsable último, y la verificación humana es indispensable.
La autointoxicación de los modelos
Julia alertó también sobre un fenómeno preocupante: el uso de datos generados por IA para entrenar nuevas versiones de estos modelos. Este proceso, conocido como “autoalimentación”, genera una pérdida progresiva de calidad. Según un informe reciente de OpenAI, en dos años la pertinencia de las respuestas ha caído un 2 %. «Estamos metiendo porquería en los sistemas», sentenció. El peligro es que, al reciclar sus propios errores, las IAs acaben distorsionando aún más la información que producen.
Fomento del pensamiento crítico en las aulas
Consciente del impacto de la IA en la educación, Julia explicó que realiza unas 150 conferencias al año, muchas de ellas en centros escolares. Allí propone ejercicios como generar una biografía de Victor Hugo con IA y pedir a los estudiantes que analicen sus errores. «Estadísticamente, hay unos cinco errores en dos páginas», afirmó. Lo importante no es prohibir la IA, dijo, sino enseñar a utilizarla críticamente. «El profesor debe ser la referencia que sabe más que la herramienta», subrayó.
El espejismo de la inteligencia general
Sobre la llamada AGI (inteligencia artificial general), Julia fue tajante: «Esta AGI es imposible, simplemente imposible estadísticamente mientras utilicemos matemáticas». En su opinión, la idea de que una IA pueda alcanzar un nivel de razonamiento, conciencia o autonomía similar al humano es un mito promovido por discursos interesados. Tampoco ve viable que los coches autónomos alcancen un nivel de autonomía total. «Las promesas de Elon Musk desde 2014 no se han cumplido», recordó, y expuso cómo incluso los sistemas más avanzados requieren intervención humana constante.
Julia dedicó también parte de su intervención a denunciar el coste ecológico y energético de la IA generativa. Criticó usos frívolos como la creación de imágenes al estilo Ghibli o de memes personalizados. «Todo eso consume recursos», dijo, y mencionó que cada 10 a 30 consultas a ChatGPT pueden evaporar hasta 1,5 litros de agua por los sistemas de refrigeración de los centros de datos. Para él, resulta absurdo emplear semejante capacidad tecnológica en usos banales.
Sobre Luc Julia
Luc Julia (Toulouse, 1966) es un ingeniero e informático franco-estadounidense especializado en inteligencia artificial. Desde joven se interesó por la electrónica y la programación, y estudió matemáticas e informática en la Universidad Pierre-et-Marie-Curie y en Télécom Paris. En Estados Unidos trabajó en el MIT y en SRI International, donde impulsó tecnologías de voz y cofundó Nuance Communications. Fue uno de los impulsores del asistente Siri antes de su compra por Apple, y ha trabajado también en HP y Samsung. En 2021 se incorporó a Renault como director científico. En su libro La inteligencia artificial no existe desmonta con humor y rigor los mitos sobre esta tecnología.

