Un informe de la ONU pide frenar la construcción de centros de datos

Un llamado urgente desde la ONU

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha recibido el informe El nexo entre el agua y la energía, elaborado por el relator español Pedro Arrojo Agudo. El texto, presentado el 3 de julio de 2025, establece un vínculo directo entre el crecimiento del sector tecnológico y la degradación ambiental. Según Arrojo, la interdependencia entre agua y energía “debe gestionarse con criterios de sostenibilidad y derechos humanos”, y advierte de que el actual modelo de desarrollo “prioriza el beneficio sobre la integridad ambiental y las comunidades vulnerables”.

La inteligencia artificial y las criptomonedas, en el punto de mira

El informe señala que la explosión del uso de inteligencia artificial (IA) y el auge de las criptomonedas están impulsando un rápido aumento del número de megacentros de datos. Estos complejos tecnológicos, donde se procesan cálculos masivos y se almacenan datos en la nube, demandan enormes cantidades de agua para refrigeración y electricidad para funcionamiento continuo, generando un “dramático aumento del consumo energético”.

Arrojo advierte que “este crecimiento genera importantes y preocupantes demandas de agua, así como un dramático aumento del consumo de electricidad”, lo que “entraña graves riesgos para los ecosistemas acuáticos y presenta expectativas insostenibles para el futuro”.

La falta de transparencia, un riesgo global

Uno de los puntos más graves del informe es la opacidad del sector. “La proliferación de estos centros se ha producido en circunstancias opacas, con falta de transparencia, participación y rendición de cuentas”, subraya el documento. En Irlanda, país con una de las mayores concentraciones de estas instalaciones, el propio ministro de Medio Ambiente reconoció ante el Parlamento que “no existe ningún registro público que detalle las necesidades de energía y agua de los centros de datos”.

Un consumo desmedido

Los datos recopilados por la ONU muestran un panorama alarmante: en 2018, los centros de datos de Estados Unidos consumieron 513 millones de metros cúbicos de agua, situándose entre las diez industrias más demandantes del país. Y la tendencia es creciente. “Como consecuencia de la demanda mundial de inteligencia artificial, en 2027 se requerirán entre 4.200 y 6.600 millones de m³ de agua”, alerta el documento.

En términos energéticos, las cifras son igual de preocupantes. Según estimaciones del Lawrence Berkeley National Laboratory, el 12% de la electricidad total de Estados Unidos podría destinarse a alimentar estos centros para 2028. En Irlanda, la situación ya ha llegado a un límite: los 82 centros de datos operativos consumen el 21% de la electricidad del país, más que todos los hogares juntos.

Un problema de justicia ambiental

El relator denuncia que este “crecimiento masivo de la demanda de agua y electricidad” socava los planes de mitigación del cambio climático y genera una “peligrosa competencia frente a otras demandas esenciales”, como el abastecimiento humano o la agricultura.

Arrojo sostiene que los países deben regular de forma urgente la expansión de esta industria y promover una doble transición justa, tanto energética como hídrica, que respete los límites ecológicos. “No tiene sentido afrontar la crisis climática agudizando la insostenibilidad de los ecosistemas acuáticos”, afirma en el texto.

“Nos hemos embarcado en un suicidio anunciado”

En declaraciones a El País, Arrojo se muestra tajante: “Nos hemos embarcado, en nombre de las criptomonedas y de la inteligencia artificial, en un suicidio anunciado”. A su juicio, mientras los gobiernos y corporaciones promueven el desarrollo tecnológico sin control, las consecuencias ambientales “amenazan la supervivencia de sectores productivos y el acceso al agua de millones de personas”.

El relator exige que los Estados “impongan una moratoria inmediata a la puesta en marcha de nuevos centros de datos” hasta que se establezcan estándares de transparencia y sostenibilidad. “Deben fijarse prioridades basadas en los principios de sostenibilidad, equidad y goce efectivo de los derechos humanos”, concluye.

Consecuencias y próximos pasos

Aunque los informes de los relatores de la ONU no son vinculantes, suelen marcar el inicio de debates internacionales y pueden inspirar nuevas regulaciones. En este caso, el documento sienta las bases para un futuro marco normativo que limite el impacto ambiental de las infraestructuras digitales.

Expertos en derechos humanos y cambio climático coinciden en que la advertencia de la ONU llega “en un momento crítico”, justo cuando las grandes tecnológicas, como Amazon, Google, Meta y Microsoft, están forjando alianzas con la industria de los hidrocarburos e incluso planeando centrales nucleares para alimentar sus servidores.

La decisión de Naciones Unidas podría marcar un antes y un después en la regulación ambiental del sector tecnológico global.

La fotografía de representación de esta noticia pertenece a İsmail Enes Ayhan y ha sido publicada en Unsplash

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