«Estamos al borde de la analfabetización de la imagen. Estamos al borde de la analfabetización cinematográfica.» Con esas palabras, recogidas por Variety, Guillermo del Toro alertó del momento crítico que vive el cine ante el avance de la inteligencia artificial y la concentración empresarial de Hollywood. El director mexicano pronunció el discurso el 15 de junio de 2026 en la cena del BFI America, celebrada en el restaurante Mother Wolf de Hollywood en su honor por la concesión del BFI Fellowship, la mayor distinción del British Film Institute.
«Una forma de estupidez natural»
Del Toro, ganador del Óscar por «La forma del agua» y director de «El laberinto del fauno», «Hellboy» y, el año pasado, «Frankenstein», calificó la inteligencia artificial de «una forma de estupidez natural», un juego de palabras con el que dio la vuelta a las siglas de la IA. Su crítica no fue solo técnica, sino casi moral: «El pacto entre el hombre y la imagen es sagrado», sostuvo, y recordó que el deseo humano de expresarse es tan antiguo como las primeras imágenes pintadas en las paredes de las cavernas.
Frente a quienes presentan la imagen sintética como un sustituto de la sensibilidad humana, el cineasta defendió el valor de lo que se mira: «Nos dicen que las imágenes pueden generarse por medios artificiales. La existencia de una imagen no es solo estar ahí: es conectarnos, hacernos sentir la belleza.» Para del Toro, el peligro de fondo es una analfabetización de la imagen, la pérdida progresiva de la capacidad de leer e interpretar el lenguaje audiovisual a medida que se normalizan los contenidos creados con IA generativa.
El cine como oficio humano
Su advertencia apunta a un riesgo más cultural que económico. Si la mirada humana deja de educarse, sostiene, el cine corre el peligro de convertirse en un flujo de contenido homogéneo, modelado por los patrones de entrenamiento de los sistemas, en el que se diluyen la autenticidad narrativa y la memoria audiovisual de las nuevas generaciones. La metáfora que escogió para describir la urgencia fue visual: «Ahora mismo, el autobús está tan cerca del precipicio que todos tenemos que inclinarnos hacia un lado.»
Ese temor conecta con conflictos muy concretos que el sector ya vive, desde la reivindicación de los actores de doblaje en España hasta la exigencia de los guionistas de Hollywood de cobrar por el uso de su trabajo para entrenar modelos.
Un debate que divide a la industria
La postura de del Toro no es nueva. En los premios Gotham llegó a soltar un rotundo «Fuck AI», y en una entrevista con NPR en octubre de 2025 afirmó que preferiría morir antes que recurrir a la IA generativa en sus proyectos. Su firmeza, sin embargo, convive con una industria que está lejos del consenso, una división que ya quedó patente en el último festival de Cannes.
Tampoco han faltado las voces que apuntan cierta tensión en que un cineasta cuyas películas recurren con intensidad a los efectos digitales trace una frontera tan tajante con la imagen generada por máquinas, y mientras él rechaza la herramienta de plano, otros profesionales defienden que se puede usar sin renunciar a la autoría. En paralelo, la pugna se libra en lo legal y lo laboral: del plante del cine francés a la cláusula de IA del Estatuto del Artista en España, pasando por lo que la nueva ley de IA cambia para el audiovisual.
Del homenaje al archivo
El BFI Fellowship es el mayor reconocimiento que concede la institución británica. Del Toro confesó que se emocionó al visitar la cámara acorazada del archivo del BFI, cuyos fondos se remontan a 1935, y anunció que donará un tercio de sus propios papeles y archivos personales a esa colección. «El corazón del BFI es el Archivo Nacional, una de las mayores colecciones de cine del mundo», dijo al presentarlo su director ejecutivo, Ben Roberts.
El cineasta, que recordó cómo de adolescente en Guadalajara escribía al BFI para que le enviara copias en 16mm de clásicos británicos con las que nutrir su cineclub, dijo encarar ahora una etapa de devolver lo recibido, enseñando y divulgando cine. La cena, además, recaudó fondos para el Film on Film Festival, la cita del BFI dedicada a proyectar películas en su formato fotoquímico, que regresa a Londres el próximo junio. «No somos guardianes de la puerta, somos quienes la sostienen para que más gente pueda entrar y salir de la iglesia del cine», resumió, «las imágenes me han salvado muchas veces en mi vida».
Su discurso terminó en una nota de esperanza apoyada en la permanencia del cine clásico. «Estas películas nunca son del pasado», dijo. «Cuando alguien las ve por primera vez, están presentes.» Defender el cine hoy, vino a decir, es defender la capacidad de sentir y compartir la belleza en un mundo cada vez más automatizado.
La fotografía de representación de este artículo es un fotograma de la serie «El gabinete de curiosidades de Guillermo del Toro».

