Oracle cerró su año fiscal 2026 con unos 21.000 empleados menos, un recorte equivalente al 13% de su plantilla mundial, según el informe anual que la compañía presentó ante la SEC el pasado 22 de junio. En doce meses pasó de unos 162.000 trabajadores a 141.000, y gastó 1.840 millones de dólares en indemnizaciones y costes de salida, casi cinco veces más que el año anterior.
Buena parte de la cobertura lo ha presentado como un recorte impulsado por la inteligencia artificial, pero conviene leer la letra pequeña. En su comunicación a los reguladores, Oracle atribuyó los ajustes a una mezcla de factores: cambios de gestión y de producto, problemas de desempeño, virajes estratégicos y adquisiciones. La IA aparece como parte del contexto, y la empresa ha dado a entender que su adopción podría traer más recortes, pero no la señala como la única causa de lo ocurrido.
Despidos en pleno récord de ingresos
Lo más llamativo es el contraste. El recorte llega en el mejor momento financiero de la compañía: el ejercicio se cerró con ingresos récord de 67.400 millones de dólares, un 17% más, impulsados por un negocio en la nube que creció un 39%. Es la misma paradoja que ya se vio en otras tecnológicas: invertir con fuerza en IA mientras se recorta plantilla.
El motor de esa apuesta son los centros de datos para inteligencia artificial. Oracle ha firmado acuerdos multimillonarios con OpenAI (uno de ellos valorado en más de 300.000 millones de dólares) y Meta para competir con Amazon y Microsoft, y prevé una inversión cercana a los 70.000 millones de dólares solo este año fiscal. Ese esfuerzo le ha dejado un flujo de caja libre negativo: recurre a deuda y a la emisión de acciones para financiarlo, con su cotización cayendo en torno a un 10% en lo que va de año. No es casual que algunos analistas se pregunten si la tensión bursátil de Oracle anticipa un pinchazo de la burbuja de la IA.
Una pieza de una oleada mayor
El caso de Oracle no es aislado. Forma parte de una oleada de recortes en el sector tecnológico (el portal Layoffs.fyi contabiliza más de 119.000 despidos en lo que va de año) en la que la IA convive con otras razones. Movimientos como el de Meta, que anunció el recorte de miles de empleos para financiar su inversión en IA, apuntan en la misma dirección: adelgazar unas áreas para volcar el dinero en infraestructura y talento de inteligencia artificial.
Queda la pregunta de fondo: ¿está la IA sustituyendo de verdad a los trabajadores o sirve de relato cómodo para justificar reestructuraciones que llegarían igualmente? El debate sigue abierto y no todos lo ven igual; el propio Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, ha descartado una «apocalipsis laboral» por la IA. En casos como este lo más probable es que se solapen varias cosas a la vez: automatización, recorte de costes y una reorganización acelerada hacia la nube.
Con todo, las cifras dejan una foto nítida del momento: una empresa que crece a ritmo récord, gasta como nunca en infraestructura de IA y, a la vez, opera con menos gente. Esa combinación, más que un titular de «la IA ha despedido a 21.000 personas» que la propia Oracle no llega a firmar, es la verdadera señal de hacia dónde avanza el sector.

