La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la agencia de la ONU para las tecnologías digitales, ha lanzado en Ginebra la Comisión Global AI for Good, un organismo que nace con el propósito de democratizar el acceso a la inteligencia artificial y reducir la brecha digital. La copresiden el presidente de Ruanda, Paul Kagame, y el consejero delegado de Salesforce, Marc Benioff, con la secretaria general de la UIT, Doreen Bogdan-Martin, como vicepresidenta.
El problema que quiere atacar es enorme. Según la propia comisión, unos 2.200 millones de personas siguen sin conexión a Internet, alrededor de una cuarta parte de la humanidad, y quedan por tanto al margen de los avances de la IA. La cifra oficial más reciente de la UIT es incluso mayor, en torno a los 2.600 millones, así que el reto, en el mejor de los casos, es colosal.
Un quién es quién de la IA
La comisión reúne a más de cuarenta miembros fundadores, y su lista de nombres impresiona. Junto a jefes de Estado de países como Estonia, Namibia, Nigeria, Singapur o Togo se sientan los mayores actores del sector: altos directivos de NVIDIA, Microsoft, Amazon, Google o Anthropic, además de agencias de la propia ONU como la UNESCO. Es, a la vez, una cumbre política y un catálogo de la industria.
La paradoja de quién cierra la brecha
Y ahí asoma una tensión que conviene no pasar por alto. Un organismo pensado para que la IA sea «para el bien» y llegue a todos está copresidido por el jefe de una empresa que vende IA, y poblado en buena parte por las compañías que dominan ese mercado. No tiene por qué ser malo, porque son quienes tienen la tecnología y el dinero para desplegarla. Pero merece recordarse que quienes se encargan de cerrar la brecha de la IA son, en gran medida, quienes se lucran con ella.
Por qué importa
El fondo del asunto es serio. La propia ONU ya ha advertido de que la IA podría abrir una nueva era de desigualdad global si se concentra en unos pocos países. La nueva comisión se apoya en la veterana Comisión de la Banda Ancha para el Desarrollo Sostenible, que la UIT y la UNESCO impulsan desde 2010, y traslada el foco de la simple conexión a la capacidad de aprovechar la inteligencia sobre esa red. África, con Kagame al frente y con iniciativas para formar al continente en la era digital, ocupa un lugar central.
Su reunión inaugural se celebra durante la Cumbre Mundial AI for Good 2026, del 7 al 10 de julio en Ginebra, dentro de una Semana Digital que acoge también el primer Diálogo Global sobre Gobernanza de la IA, un mandato de Naciones Unidas.
¿Y ahora qué?
El nacimiento de esta comisión manda un mensaje: ningún país ni ninguna empresa puede gestionar en solitario el impacto de la IA. Pero su éxito no se medirá por los acuerdos que se firmen en Ginebra, sino por su capacidad para cambiar la vida de esos 2.200 millones de personas que todavía esperan su turno para entrar en la era digital. Y por si un organismo copresidido por quienes venden la tecnología es capaz de poner el interés público por delante del mercado.

