Una revolución en marcha
La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una promesa futura para convertirse en un motor presente de transformación. España se encuentra en una posición privilegiada dentro de esta revolución. Con más de 2.800 empresas nativas de IA y una plantilla que superaba los 109.000 trabajadores en 2022, el país ha apostado fuerte por esta tecnología. El crecimiento del sector es notable: un 10% anual, ocho puntos por encima del resto de sectores económicos.
Según el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (ONTSI), el 42,1% de la población española entre 16 y 74 años ha usado IA al menos una vez, siendo la modalidad más común la IA generativa, utilizada principalmente para redactar textos, traducir, generar imágenes o chatear.
Este panorama ha sido analizado en profundidad en el reportaje especial «Los caminos que abre la inteligencia artificial», publicado en El País como parte de la serie El poder de las empresas con el patrocinio de Banco Sabadell.
La empresa como eje de desarrollo
La adopción empresarial de la IA es desigual según el tamaño de las compañías. El 44% de las grandes empresas (más de 249 empleados) la utiliza, frente a solo un 7% de las microempresas. Además, la implantación varía por sectores: las empresas de información y comunicación lideran, seguidas por las tecnológicas y las científicas, mientras que sectores como la construcción o el transporte presentan menor adopción.
También existen diferencias territoriales. Madrid y Cataluña encabezan la adopción empresarial de la IA, mientras que Canarias, Ceuta y Melilla se sitúan a la cola. Esta brecha digital regional es uno de los principales desafíos para lograr una implementación equitativa.
Fortalezas que posicionan a España
España cuenta con centros de investigación de primer nivel como el Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona (Marenostrum), designado por la UE como una de sus 15 AIFactories. Santiago de Compostela acogerá una segunda fábrica centrada en salud, lo que convertirá a España en uno de los tres únicos países europeos con dos centros de este tipo.
Desde 2020, el Gobierno ha desplegado 600 millones de euros en proyectos de IA, a los que se sumaron otros 1.500 millones en 2024 del plan europeo NextGeneration. Toda esta inversión se articula a través de la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA).
En cuanto a la regulación, España ha sido pionera al crear la Agencia Española de Supervisión de Inteligencia Artificial (AESIA), en línea con la nueva Ley de IA de la UE, el primer marco legal global sobre esta tecnología. Esta ley prohíbe usos como la puntuación social y exige transparencia en las interacciones con IA.
Además, el país cuenta con una de las mejores infraestructuras digitales de Europa: el 96,3% de la red es de alta capacidad y el 92,3% dispone de cobertura 5G.
Hacia una IA propia en español
España también trabaja en desarrollar una alternativa pública a los grandes modelos extranjeros. La ENIA ha destinado 10 millones de euros para crear un modelo de IA en castellano, gallego, euskera y catalán. Este esfuerzo ya ha dado lugar a herramientas como un chatbot para la Agencia Tributaria y un sistema de diagnóstico precoz en sanidad.
Alejandro Domingo, cofundador de Neural Trust, destaca: “Nos vamos a enfocar en las cosas en que somos únicos, en la chispa creativa que la IA no tiene”. En su opinión, estamos ante “la tecnología más potente que ha conocido la humanidad” y su impacto será “brutal”.
Los retos: desigualdad, ética y sostenibilidad
A pesar de los avances, persisten importantes desafíos. La falta de conocimiento sigue siendo un freno: según la Encuesta Funcas de 2024, el 44% de los ciudadanos reconoce tener conocimientos muy limitados sobre IA. También preocupa la necesidad de asegurar una gobernanza ética, que evite sesgos, garantice la privacidad y promueva la equidad.
Además, el impacto ambiental es significativo. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) alerta de que una consulta a ChatGPT consume diez veces más electricidad que una búsqueda en Google. En países como Irlanda, el consumo de los centros de datos ya supera al de la población.
Paul van Branteghem, asesor del Gobierno en IA, resume la situación: “Hasta a los humanos nos está costando adaptarnos a la velocidad que evoluciona la IA”.

