La policía de Oulu, en el norte de Finlandia, ha abierto una investigación penal por un posible delito contra el medio ambiente en las obras de un futuro centro de datos de Google en Muhos.
Antes, el regulador finlandés ya había ordenado a la filial de la compañía paralizar los trabajos en dos de sus futuros campus para IA. Allí se han talado unos 400.000 árboles, según distintas estimaciones, antes de completar la evaluación de impacto ambiental obligatoria.
El caso ha desatado una ola de indignación en un país que se ha convertido en uno de los destinos favoritos de los centros de datos.
Qué ha pasado con los centros de datos de Google en Finlandia
El 9 de septiembre, Google anunció una inversión de 13.000 millones de euros en Finlandia para ampliar su centro de datos de Hamina y levantar otros nuevos en Kajaani, Vaala y Muhos.
Para entonces, su filial finlandesa, Tuike Finland, llevaba meses preparando los terrenos. En Muhos taló unas 330 hectáreas a unos 400 metros del río Oulujoki, en una parcela de 571 hectáreas donde prevé nueve edificios, y retiró además la capa superficial del suelo. En Otanmäki, cerca de Kajaani, la superficie talada roza las 200 hectáreas, según la propia empresa.
Según The Guardian, en Muhos cayeron unos 250.000 árboles. Mari Annala, ecóloga de la Asociación Finlandesa para la Conservación de la Naturaleza, estima otros 150.000 en Otanmäki. Según Annala, como considera que la tala fue ilegal, la madera de los dos terrenos no puede venderse a la industria maderera.
Un análisis de imágenes del satélite Sentinel-2 de la organización Vertical52 eleva la superficie talada o desbrozada a al menos 647 hectáreas entre los dos emplazamientos.
Una cadena de avisos
La cronología reconstruida por la televisión pública Yle muestra que las dudas venían de lejos. En marzo, Google anunció las talas y pidió al ayuntamiento de Muhos un permiso para grandes movimientos de tierra.
En mayo, la Autoridad de Licencias y Supervisión (LVV) respondió al municipio que no debía conceder ese permiso mientras no terminara la evaluación ambiental, y le dijo a Google que no podía saltársela. Muhos no lo concedió.
Los trabajos siguieron. Kajaani y Muhos admitieron que la empresa se acogiera a un artículo de la ley de construcción que permite hacer «trabajos preparatorios» antes de construir. En una visita a la obra el 27 de agosto, según la LVV, un representante del organismo advirtió de que ya se habían hecho trabajos que no debían hacerse mientras no terminara la evaluación. Google sostiene que en esa visita nadie se opuso a que continuaran los trabajos.
El 17 de septiembre, la Asociación Finlandesa para la Conservación de la Naturaleza denunció una posible tala ilegal. El 6 de octubre, la LVV ordenó detener de inmediato, y como tarde el 23 de octubre, los trabajos preparatorios que alteren de forma significativa el entorno hasta que concluyan las evaluaciones ambientales. Advirtió de que, si no se cumplía, podría recurrir a medidas de ejecución forzosa, incluida una multa coercitiva. La empresa sí puede seguir haciendo mediciones, estudios del suelo y planificación.
Una investigación penal
El 29 de octubre, la policía de Oulu anunció que investiga un posible delito de daños al medio ambiente en las obras de Muhos, tras varias peticiones de investigación, entre ellas una de la LVV. Según AfterDawn, los datos preliminares de la policía apuntan a irregularidades y carencias sobre todo en el drenaje y la gestión del agua. Prevé terminar la investigación en 2027.
El problema está bajo tierra. El terreno se asienta sobre esquisto negro, un material que, al secarse y removerse, puede oxidarse y soltar aguas ácidas cargadas de metales. La empresa había abierto ya la mayor parte de los nueve kilómetros de zanjas previstos cuando presentó la notificación obligatoria, y su propio control mostraba indicios de acidificación.
La LVV considera que las medidas propuestas, como echar cal, no bastan, y exige ahora un permiso de aguas para el drenaje. También estudia por separado cómo afectan las obras al lugar de cría de una rana protegida.
Lo que dice Google
Google sostiene que actuó de buena fe y que taló cumpliendo plenamente la ley forestal. La LVV replica que, en la práctica, la tala para este tipo de proyectos no puede hacerse amparándose solo en esa ley. Según Yle, la ley forestal no se aplica cuando el objetivo no es cultivar y mantener el bosque.
«Lamento muchísimo que estemos en esta situación. Quiero pedir disculpas por ello», dijo a Yle Antti Järvinen, responsable de Google en Finlandia. Järvinen defendió que la empresa actuó «según lo que mejor entendíamos de la legislación en ese momento», y un portavoz aseguró a The Guardian que la compañía cumplirá plenamente lo que le pida el regulador.
Google ha prometido además replantar 130 hectáreas en Muhos, una superficie que los conservacionistas consideran insuficiente.
Para el catedrático de Derecho Ambiental Ismo Pölönen, de la Universidad del Este de Finlandia, Google incumplió la ley de evaluación ambiental en los dos municipios. Matti Kuittinen, de la Universidad Aalto, cree que la empresa usó un atajo que quizá no era del todo legal y pide reglas más claras, con más de un centenar de proyectos de centros de datos en marcha en el país.
Los lobos que no eran
El caso ha dado la vuelta al mundo con un detalle llamativo: en un reportaje de The Guardian, una vecina de Otanmäki, Anni Ranta, contaba que la tala había empujado a los lobos hasta el pueblo. Medios de varios países repitieron la frase mientras circulaban por redes memes con lobos generados por IA.
El equipo de verificación de Yle concluye que no hay pruebas que la respalden. La base oficial de avistamientos no registra ningún lobo este año en las afueras de Otanmäki, aunque Ranta asegura que los vecinos no suelen notificarlos. Ella misma dice que otros medios que recogieron su frase la distorsionaron: cree que los lobos se han acercado algo al pueblo, no que paseen por sus calles.
Otso Huitu, profesor investigador del Instituto de Recursos Naturales de Finlandia, ve improbable la relación: en todos los territorios de lobos del país se tala constantemente y los animales simplemente evitan las zonas taladas.
Otras quejas apuntan a la fauna y al agua. Los conservacionistas aseguran que la tala ha expulsado a los picos tridáctilos que anidaban en el bosque, y vecinos de Muhos cuentan que el agua marrón que sale de la obra va a parar a un arroyo que desemboca en el Oulujoki.
En Otanmäki, a Ranta le preocupa el ruido que harán los centros de datos en un suelo de roca dura que transmite las vibraciones «como un tambor», según el reportaje de The Guardian reproducido por Mother Jones.
Los centros de datos, a debate en Finlandia
Finlandia, con su clima frío, se ha convertido en un imán para los centros de datos: según The Guardian, hay 145 proyectos en distintas fases de planificación.
El primer ministro, Petteri Orpo, había defendido que atraer estas inversiones era una prioridad máxima. Tras lo ocurrido en Muhos, lo calificó de «jarro de agua fría». El Ministerio de Medio Ambiente se ha mostrado dispuesto a proponer cambios legales si hace falta.
Una iniciativa ciudadana que pide normas más estrictas para los centros de datos y una tasa para compensar a las comunidades locales superaba las 93.000 firmas cuando informó de ella The Guardian.
No todos ven las ventajas que defiende el Gobierno. «En realidad, para Finlandia no hay beneficios», dijo a The Guardian Jussi Kangasharju, director del Departamento de Informática de la Universidad de Helsinki. Según él, estos centros aportan algunos empleos locales, pero muy poco al país, y dejan muy pocos impuestos de sociedades.
También hay quien se pregunta por qué la energía renovable finlandesa acaba alimentando a multinacionales, en plena preocupación por el precio de la luz en los hogares. El asunto apunta a ser uno de los temas de las elecciones legislativas de abril de 2027.
La polémica llega también desde Estados Unidos, aunque por otro motivo: según The Guardian, Donald Trump ha criticado el proyecto y ha pedido públicamente a Google que lo reconsidere, porque prefiere que esos centros se construyan en su país.
De fondo está la carrera por la IA. Los centros de datos que entrenan y ejecutan los modelos necesitan cada vez más terreno y energía, y las empresas buscan nuevas fuentes para alimentarlos. Algunas previsiones apuntan a que en 2030 los centros de datos consumirán tanta electricidad como Japón hoy.
La fotografía de representación de este artículo, una tala en el sur de Finlandia, es de Tero Laakso y se publica con licencia CC BY 2.0.

