Fascinación y temor: así percibe la ciudadanía a la inteligencia artificial
La tercera edición del Observatorio de la Sostenibilidad de la Cultura Escrita, elaborado por Qbo Investigación para CEDRO, refleja una creciente preocupación social por el impacto de la inteligencia artificial generativa (IAG) en la creación cultural. Aunque el 59,3 % de los encuestados ha usado alguna vez herramientas de IA, como ChatGPT o Gemini, y el 72,3 % las ha empleado con contenidos preexistentes como libros o webs educativas, la percepción dominante es de amenaza más que de oportunidad.
Los ciudadanos sienten fascinación por las capacidades de la IA, pero al mismo tiempo temen la deshumanización, la pérdida del talento creativo y la homogeneización del pensamiento. Esta ambivalencia se intensifica al comparar la producción automática de contenidos con el esfuerzo humano detrás de libros, artículos o partituras.
El legado cultural, en riesgo
Uno de los hallazgos más relevantes del informe es la creencia generalizada de que la cultura escrita es un «bien de mérito», es decir, un valor colectivo que debe ser protegido activamente por el Estado. El 83,7 % de la ciudadanía considera que respetar los derechos de autor genera beneficios para toda la sociedad.
Sin embargo, el estudio también detecta que 67,6 % de las personas cree que falta información sobre estos derechos, lo que dificulta su defensa. Además, un 88,7 % piensa que ahora más que nunca hay que explicar mejor el valor de los derechos de autor y los efectos negativos de su vulneración.
Rechazo a las malas prácticas de las grandes tecnológicas y las instituciones
El informe denuncia la «democratización de la piratería», un fenómeno en el que tanto plataformas tecnológicas como Administraciones públicas estarían normalizando el uso no autorizado de contenidos protegidos. De hecho, el 76,3 % de los encuestados considera inaceptable usar obras sin consentimiento para entrenar sistemas de IA.
La responsabilidad se reparte entre las grandes tecnológicas y el sector público. Un abrumador 96,3 % de la ciudadanía considera que estas malas prácticas son más graves si las cometen las Administraciones que si las ejecuta una empresa privada. Esta percepción refleja una alta exigencia de ejemplaridad institucional, que actualmente no se estaría cumpliendo.
La cultura escrita como defensa frente al exceso tecnológico
Ante este panorama, la cultura escrita aparece como el principal antídoto contra la automatización del pensamiento. El 88,3 % de los encuestados cree que fortalecer la cultura escrita es la mejor forma de afrontar los riesgos de la IA, como la desinformación, el control social o la pérdida de diversidad.
Para ello, el Observatorio propone una batería de medidas: desde una legislación clara y sin ambigüedades hasta campañas educativas y sanciones efectivas. La ciudadanía reclama una implicación transversal del Gobierno, no solo del Ministerio de Cultura, sino también de Educación, Justicia, Hacienda e Industria.
¿Qué espera la ciudadanía del Estado?
El 89,7 % de los encuestados cree que el Estado debe asumir el liderazgo regulador en el uso de IA para evitar que las obras culturales sean explotadas sin control. Sin embargo, también se muestra muy crítica con la actuación actual: un 80 % considera que las Administraciones han cedido ante las tecnológicas, y el 74,1 % detecta un descontrol generalizado en las políticas públicas.
En definitiva, el informe pone de manifiesto una alarma social creciente: la IA puede suponer un avance, pero también un riesgo si no se regula con responsabilidad. Y el futuro de la cultura escrita depende, en gran parte, de las decisiones que se tomen hoy.
La fotografía de portada de esta noticia pertenece al gabinete de prensa de CEDRO y retrata uno de los momentos del evento de presentación del observatorio.

