Un estudio francés ha llevado a cabo una prueba educativa que pone a la inteligencia artificial a competir directamente con los docentes en una de sus tareas más complejas: la corrección de exámenes. El experimento se centró en el examen de Francés de la certificación de los estudios obligatorios en Francia, el Diplôme National du Brevet (DNB), comparando las correcciones realizadas por profesores reales con las generadas por sistemas de IA, como Gemini (de Google) y ChatGPT-4o.
Un contexto de sobrecarga docente
Según datos del Ministerio francés, los docentes dedican una media de 6 horas y 30 minutos semanales a corregir exámenes en materias literarias. Ante esta carga, el uso de tecnología, y en particular de inteligencia artificial, surge como una alternativa para aligerar el trabajo docente. Herramientas ya existentes como La Quizinière permiten corregir automáticamente QCM (cuestionarios de tipo test), pero la IA promete ir más allá, evaluando incluso redacciones manuscritas.
Una metodología rigurosa
Thibaud Hayette, docente implicado en el proyecto, recogió siete copias oficiales del DNB 2024, escaneadas en alta resolución antes y después de ser corregidas por profesores. Estas copias fueron digitalizadas para ser evaluadas por la IA, utilizando para ello el sistema NotebookLM de Gemini, el cual fue instruido para transformar el texto manuscrito en formato digital.
Aquí surgió el primer gran obstáculo: la reconocimiento de escritura manuscrita (HTR) aún presenta dificultades notables. Aunque los avances son significativos, la IA tiende a corregir errores ortográficos o incluso a inventar frases para dar coherencia al texto, lo cual puede desvirtuar el contenido original del alumno y afectar la objetividad de la evaluación.
La corrección automatizada con ChatGPT
Una vez digitalizadas las copias, fueron analizadas por ChatGPT-4o, que aplicó el baremo oficial del DNB para asignar puntuaciones. El resultado fue revelador: en las secciones de comprensión y gramática, la diferencia media entre las correcciones humanas y las automáticas fue de 0,5 puntos sobre 11 posibles. No obstante, se detectaron varios sesgos, como una mayor indulgencia de la IA ante errores ortográficos o su incapacidad para captar matices interpretativos en las respuestas.
Dictado y redacción, los mayores desafíos
En el caso del dictado, la IA mostró una tendencia a ser más severa que los docentes, penalizando incluso de forma doble ciertos errores. Por su parte, en la sección de redacción, la IA otorgó a menudo más puntos que los profesores, posiblemente por una apreciación más técnica y menos emocional del estilo del alumno.
Un ejemplo citado es revelador: una redacción evaluada con 33/40 por la IA recibió solo 20/40 por el docente, que valoró aspectos más subjetivos como la riqueza narrativa y la profundidad del argumento.
¿Ventaja tecnológica o reemplazo apresurado?
El balance global de las siete copias mostró una diferencia media de tan solo 0,5 puntos, aunque con variaciones significativas en secciones clave. El mayor atractivo de la IA sigue siendo su velocidad: unos segundos frente al tiempo prolongado de corrección humana. Sin embargo, esta ventaja se ve disminuida por el tiempo necesario para escanear, digitalizar y revisar las transcripciones, además de tener que afinar constantemente las instrucciones (prompts) para adecuarse a cada tipo de ejercicio.
Un futuro aún en construcción
La conclusión del estudio es clara: aunque la IA demuestra un gran potencial, aún no está lista para sustituir por completo el juicio docente. El ojo humano sigue siendo indispensable para interpretar matices, valorar la originalidad y reconocer conocimientos específicos. Además, el uso de la IA requiere una gran preparación previa que contrarresta parte del supuesto ahorro de tiempo.
Como señala el propio Hayette, «confiar a una máquina sin alma la tarea de sondear la originalidad del estilo de un alumno» plantea dilemas pedagógicos profundos. La IA, por ahora, se limita a evaluar desviaciones de una norma preestablecida, sin poder captar lo implícito o lo extraordinario que cada alumno puede aportar.
Así, esta primera incursión en la corrección automatizada de exámenes oficiales en Francia deja claro que el rol del profesor sigue siendo fundamental. La IA, más que un sustituto, puede llegar a ser en el futuro un asistente eficaz, siempre bajo supervisión humana.
Puedes ampliar información sobre el estudio en la publicación de diciembre de 2024.
La fotografía que ilustra esta noticia pertenece al Ministerio de Educación Nacional, Enseñanza Superior e Investigación de Francia.

