¿Por qué tantos medios siguen difundiendo bulos a pesar del daño a su reputación? Un nuevo estudio publicado en Science Advances ofrece una explicación matemática: la desinformación, en un entorno de competencia feroz por la atención pública, puede ser una estrategia racional. Y el modelo lo demuestra.
Firmado por investigadores de la Universidad de Texas, la Universidad de Austin y otros centros, el trabajo modela la competencia entre fuentes informativas como un juego de suma cero, en el que cada “jugador” (un conjunto de medios ideológicamente afines) decide en cada ciclo informativo si comparte noticias veraces o engañosas. El modelo emplea conceptos como el equilibrio de respuesta cuantal, una aproximación probabilística al famoso equilibrio de Nash que tiene en cuenta la racionalidad limitada de los actores.
Del sensacionalismo al cálculo estratégico
El modelo introduce parámetros como la credibilidad de una fuente, la veracidad de una noticia, la opinión del receptor y su susceptibilidad, es decir, la probabilidad de que un individuo se deje influir. Los resultados muestran que los medios con sesgo hiperpartidista, los más extremos ideológicamente, son los que más tienden a difundir desinformación. Y lo hacen porque, al menos en las primeras etapas, les da visibilidad y refuerza sus cámaras de eco.
Pero no están solos: cuando un “jugador” intensifica el uso de bulos, el rival hace lo mismo para no perder influencia. Este bucle crea una suerte de carrera armamentística informativa, en la que ambos bandos alimentan la polarización para retener audiencia. Como muestran las simulaciones, este equilibrio puede ser estable y difícil de romper, salvo que cambien ciertos parámetros clave.
Una herramienta para probar políticas públicas
Más allá del diagnóstico, el modelo sirve para ensayar posibles políticas contra la desinformación. Por ejemplo, aumentar el “coste” reputacional de mentir o reducir la efectividad de los bulos en usuarios susceptibles puede alterar el equilibrio y desincentivar estas prácticas. Sin embargo, los autores advierten que no todas las soluciones son efectivas por igual, y algunas incluso pueden tener efectos no deseados si no se aplican con cuidado.
De hecho, cuando se reduce la susceptibilidad del público, el modelo muestra que los medios tienden a intensificar la desinformación para mantener su impacto. Del mismo modo, castigar a los medios poco creíbles puede desplazar la estrategia de desinformación hacia los medios más centristas, si estos conservan cierta credibilidad.
Matemáticas al servicio del ecosistema informativo
Aunque el estudio no analiza algoritmos de recomendación ni redes sociales directamente, su aproximación matemática es relevante en el contexto de la inteligencia artificial. Utiliza herramientas habituales en modelado de sistemas complejos para describir cómo la interacción entre medios y audiencia puede estabilizar entornos polarizados.
En tiempos de elecciones, pandemias o conflictos, entender las dinámicas que alimentan los bulos es crucial. Este modelo permite anticipar cómo se comportarán los actores informativos según las reglas del juego, y qué incentivos deben cambiarse para lograr un ecosistema más veraz y menos polarizado.
La fotografía de representación de esta noticia pertenece a Jorge Franganillo y ha sido publicada en Unsplash

