Un espacio para repensar los museos
El 28 de mayo de 2025, el MEIAC (Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo) se convirtió en el epicentro del debate cultural y tecnológico gracias a la jornada The AI Revolution Badajoz 2025: Museos e Inteligencia Artificial. El evento, impulsado por la Junta de Extremadura en colaboración con La Mola Studio y ARTYC content, fue una plataforma para abordar cómo la inteligencia artificial puede transformar el presente y futuro de las instituciones museísticas.

En la apertura, Francisco José Palomino, secretario general de Cultura de la Junta de Extremadura, destacó: “queramos o no, la inteligencia artificial va a llegarnos a todos. Así que es mejor que empecemos a utilizarla ya, sin miedo”. Palomino enfatizó el papel de la IA como aliada para museos que lidian con escasez de recursos, accesibilidad o gestión de datos, y subrayó la necesidad de prepararse para un futuro que ya está aquí.
Visiones complementarias sobre la IA
La ponencia inaugural corrió a cargo de Alby Ojeda, guionista y diseñador de productos digitales. Con un enfoque provocador, definió la inteligencia artificial como “la cuarta revolución industrial” y advirtió: “El viejo mundo está muriendo”. Ojeda recorrió los dilemas éticos, geopolíticos y creativos que plantea esta tecnología, alertando sobre su uso militar, los sesgos culturales y la pérdida de empleos, pero también animó a usarla como herramienta de empoderamiento, creatividad e inclusión. Su propuesta para museos: avatares históricos interactivos, guías virtuales y experiencias personalizadas.
Casos prácticos: de lo artístico a lo técnico
El colectivo 3Dinteractivo, formado por Ana Marcos y Alfonso Villanueva, presentó “La IA como herramienta creativa”. A través de proyectos como Museo_IA o Bosque_IA, demostraron cómo la IA permite recuperar patrimonio desaparecido, interpretar señales de árboles o generar arte participativo. “Queremos que los espectadores vean a las plantas con otra óptica”, explicó Villanueva.
La diseñadora Selene García ofreció un taller práctico titulado “Cómo empezar a usar la IA en mi museo”. Miembro de Prodigioso Volcán, García compartió herramientas accesibles como Freepik, Runway o ElevenLabs, y propuso casos de uso como locuciones automáticas, GPTs personalizados, generación de imágenes y análisis de datos. Su mensaje: “La IA es una herramienta, no un fin”.
El consultor Ricardo Cano, fundador de EVE Museos e Innovación, defendió una visión equilibrada entre tecnología y emoción. “La tecnología no puede condicionar el discurso. Es una herramienta que debe estar justificada”, afirmó. Cano criticó la digitalización sin estrategia y alertó sobre la brecha tecnológica entre museos con recursos y aquellos que no pueden permitirse adoptar estas herramientas.
Finalmente, Pedro Ortega, historiador del arte y divulgador, ofreció una panorámica global de cómo la IA ya está presente en museos de Países Bajos, Brasil, EE.UU. o España. Desde audioguías personalizadas hasta reconstrucciones de obras perdidas, Ortega mostró que la IA amplía las capacidades humanas sin sustituirlas. “La IA no sustituye a las personas, pero multiplica su capacidad de impacto”, concluyó.
Un debate con visión crítica
La jornada cerró con una mesa redonda en la que participaron todos los ponentes. Se debatieron cuestiones como los sesgos culturales, el acceso libre a herramientas, la ética de los modelos generativos y la responsabilidad institucional. Ricardo Cano reclamó mantener el foco en el visitante y evitar una “experiencia deshumanizada”. Selene García subrayó que “la IA no actúa sola; la responsabilidad recae en quienes la diseñan y emplean”. Alby Ojeda remató: “Deberíamos obligar a que la IA sea patrimonio de la humanidad”.
Conclusiones
The AI Revolution Badajoz 2025 no solo cumplió su objetivo de ofrecer herramientas, formación y reflexión sobre el uso de la inteligencia artificial en museos. También puso sobre la mesa la necesidad de una implementación ética, crítica e inclusiva de estas tecnologías. En un mundo donde lo digital avanza a toda velocidad, este encuentro demostró que los museos pueden ser faros de innovación sin perder su esencia humana. Y que el futuro cultural se diseña mejor si se hace en comunidad.

