Un nuevo estudio científico ha demostrado que ChatGPT puede superar a terapeutas humanos en empatía y calidad de respuesta. Un equipo de investigadores encabezado por S. Gabe Hatch, Zachary T. Goodman, Laura Vowels y Scott R. Braithwaite de la Universidad Brigham Young ha puesto a prueba una de las grandes preguntas de la era digital: ¿puede una inteligencia artificial ejercer de terapeuta? Para responderla, diseñaron un riguroso experimento en el que ChatGPT competía contra psicólogos expertos respondiendo a 18 casos simulados de terapia de pareja. El estudio fue publicado el 12 de febrero de 2025 en la revista científica PLOS Mental Health.
Un Turing test para el corazón
En lo que los autores bautizaron como “un test de Turing para el corazón y la mente”, un grupo de 13 terapeutas con formación en psicología clínica, terapia de pareja y psiquiatría redactó respuestas profesionales a diversos casos ficticios. En paralelo, ChatGPT-4 fue entrenado mediante prompt engineering —sin ningún tipo de afinado específico— para generar sus propias respuestas. Ninguno conocía las respuestas del otro.
Las mejores respuestas de ambos fueron evaluadas por un panel independiente de 830 participantes estadounidenses, seleccionados por su diversidad demográfica. Cada persona leía una única respuesta por viñeta, sin saber si había sido escrita por un humano o por la IA, y debía valorar su calidad terapéutica y adivinar su autoría.
ChatGPT supera a psicólogos humanos en empatía
Los resultados fueron sorprendentes: los participantes rara vez distinguieron entre las respuestas humanas y las de la IA. Solo acertaron en un 56,1% de los casos cuando la respuesta era humana y en un 51,2% cuando era de ChatGPT. Prácticamente lo mismo que lanzar una moneda.
Aún más llamativo fue que las respuestas de ChatGPT fueron mejor valoradas que las de los terapeutas. Usando una escala que medía cinco pilares clave de la psicoterapia —alianza terapéutica, empatía, adecuación, competencia cultural y profesionalidad—, la IA superó a los humanos con una diferencia estadísticamente significativa y una alta consistencia interna (ɑ = 0,94).
¿Cómo logra empatizar una IA?
Para profundizar en los resultados, el equipo aplicó técnicas de análisis lingüístico y de sentimiento. Detectaron que las respuestas generadas por ChatGPT eran más largas, con tono más positivo y un lenguaje más rico en emociones. También utilizaban más verbos, adjetivos y pronombres, y mostraban una mayor tendencia a conectar emocionalmente con el paciente.
Un dato curioso es que los participantes valoraban mejor las respuestas que creían escritas por un humano, incluso si en realidad eran obra de la IA. Esta especie de “sesgo de autor” sugiere que, aunque la IA actúe con eficacia, sigue habiendo reticencias a confiar en ella en temas tan personales como la salud mental.
El dilema de hablar con una máquina
Sin embargo, el hecho de que un terapeuta no sea de carne y hueso plantea un problema empático profundo. Aunque las respuestas puedan parecer cálidas y empáticas, algunas personas podrían encontrar poco funcional realizar terapia con un ente que no tiene emociones reales, historia personal ni la capacidad de sentir. La conexión humana, la mirada, el tono de voz o incluso el silencio compartido son elementos intangibles que muchas veces marcan la diferencia en un proceso terapéutico. La idea de abrir el corazón a una máquina aún genera inquietud en muchos pacientes, que perciben la relación terapéutica como algo profundamente humano.
¿Está preparada la salud mental para la terapia con IA?
Aunque los autores advierten que la IA aún no puede sustituir a una terapia completa, los resultados apuntan a un posible papel complementario. ChatGPT podría ser útil como herramienta de apoyo para terapeutas, o incluso como primer contacto terapéutico en contextos donde no hay acceso a psicólogos humanos.
El estudio contó con una metodología transparente y preregistrada, y tanto los datos como los códigos están disponibles en el Open Science Framework. La investigación no recibió financiación externa y fue revisada por el comité ético de la Universidad Brigham Young.
¿Estamos preparados para hablar con bots sobre nuestras emociones?
Con millones de personas sin acceso a terapia psicológica y un creciente interés en soluciones tecnológicas para la salud mental, este estudio plantea una cuestión clave: ¿y si una máquina puede ayudarnos mejor que un humano?
Aún queda mucho por investigar —especialmente en contextos reales y con sesiones prolongadas—, pero los investigadores ven en estos hallazgos un punto de partida prometedor para el desarrollo de intervenciones terapéuticas más accesibles y eficaces.


