Inicio Blog Página 6

Nace la Comisión Global AI for Good, un «quién es quién» de la industria de la IA

0

La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la agencia de la ONU para las tecnologías digitales, ha lanzado en Ginebra la Comisión Global AI for Good, un organismo que nace con el propósito de democratizar el acceso a la inteligencia artificial y reducir la brecha digital. La copresiden el presidente de Ruanda, Paul Kagame, y el consejero delegado de Salesforce, Marc Benioff, con la secretaria general de la UIT, Doreen Bogdan-Martin, como vicepresidenta.

El problema que quiere atacar es enorme. Según la propia comisión, unos 2.200 millones de personas siguen sin conexión a Internet, alrededor de una cuarta parte de la humanidad, y quedan por tanto al margen de los avances de la IA. La cifra oficial más reciente de la UIT es incluso mayor, en torno a los 2.600 millones, así que el reto, en el mejor de los casos, es colosal.

Un quién es quién de la IA

La comisión reúne a más de cuarenta miembros fundadores, y su lista de nombres impresiona. Junto a jefes de Estado de países como Estonia, Namibia, Nigeria, Singapur o Togo se sientan los mayores actores del sector: altos directivos de NVIDIA, Microsoft, Amazon, Google o Anthropic, además de agencias de la propia ONU como la UNESCO. Es, a la vez, una cumbre política y un catálogo de la industria.

La paradoja de quién cierra la brecha

Y ahí asoma una tensión que conviene no pasar por alto. Un organismo pensado para que la IA sea «para el bien» y llegue a todos está copresidido por el jefe de una empresa que vende IA, y poblado en buena parte por las compañías que dominan ese mercado. No tiene por qué ser malo, porque son quienes tienen la tecnología y el dinero para desplegarla. Pero merece recordarse que quienes se encargan de cerrar la brecha de la IA son, en gran medida, quienes se lucran con ella.

Por qué importa

El fondo del asunto es serio. La propia ONU ya ha advertido de que la IA podría abrir una nueva era de desigualdad global si se concentra en unos pocos países. La nueva comisión se apoya en la veterana Comisión de la Banda Ancha para el Desarrollo Sostenible, que la UIT y la UNESCO impulsan desde 2010, y traslada el foco de la simple conexión a la capacidad de aprovechar la inteligencia sobre esa red. África, con Kagame al frente y con iniciativas para formar al continente en la era digital, ocupa un lugar central.

Su reunión inaugural se celebra durante la Cumbre Mundial AI for Good 2026, del 7 al 10 de julio en Ginebra, dentro de una Semana Digital que acoge también el primer Diálogo Global sobre Gobernanza de la IA, un mandato de Naciones Unidas.

¿Y ahora qué?

El nacimiento de esta comisión manda un mensaje: ningún país ni ninguna empresa puede gestionar en solitario el impacto de la IA. Pero su éxito no se medirá por los acuerdos que se firmen en Ginebra, sino por su capacidad para cambiar la vida de esos 2.200 millones de personas que todavía esperan su turno para entrar en la era digital. Y por si un organismo copresidido por quienes venden la tecnología es capaz de poner el interés público por delante del mercado.

Microsoft y Universidad San Jorge impulsan la formación en IA educativa

0

Microsoft Ibérica y la Fundación Universidad San Jorge han firmado un acuerdo para impulsar la formación en inteligencia artificial aplicada a la educación. La colaboración arranca con un curso en Zaragoza los días 9 y 10 de julio, integrado en los cursos de verano que la universidad aragonesa organiza junto a la Universidad Complutense de Madrid.

La justificación que esgrimen es una brecha de competencias. Según el Work Trend Index de Microsoft, el 77% de los directivos españoles considera que las habilidades en IA serán clave para la competitividad de sus empresas, pero solo el 39% de los profesionales dice haber recibido formación en IA por parte de su compañía. Ese hueco entre el discurso y la práctica es el que la iniciativa promete acortar.

En qué consiste el curso

La primera piedra es el curso «Inteligencia Artificial aplicada a la educación y contextos educativos», que codirigen Manuel Abellán, director de Educación Superior de Microsoft España, y Silvia Carrascal, rectora de la USJ. El programa se plantea práctico y multidisciplinar: cómo la IA puede asistir en la evaluación, personalizar el aprendizaje, ayudar a crear contenidos y qué marcos éticos hacen falta para llevarla al aula sin atropellos.

Una apuesta que no parte de cero

El acuerdo tiene, como es lógico en este tipo de alianzas, una vertiente comercial: a Microsoft le conviene que profesores y universidades se familiaricen con sus herramientas de IA, y parte de los datos que enmarcan la iniciativa proceden de sus propios estudios. Nada extraño ni reprochable en una colaboración de este tipo. Y desde luego no es su primer paso: la compañía lleva tiempo reforzando su apuesta por la IA educativa y firmando acuerdos de formación en España, como el de capacitar a 75.000 personas en Madrid.

El gesto encaja, además, en una corriente más amplia. España ya ha desplegado su propia IA para evaluar a los alumnos y apoyar a los docentes, y la tecnología se abre paso en las aulas a la vez que crece el debate sobre cómo hacerlo bien.

Formar sin crear dependencia

Ahí está la cuestión de fondo, que ningún curso de dos días resuelve por sí solo. Meter la IA en la educación no es solo enseñar a manejar la herramienta, sino evitar que su comodidad erosione el criterio. No en vano, ya hay quien alerta de que el pensamiento crítico se resiente en las aulas universitarias cuando se delega demasiado en la máquina. Una formación que se quede en el «cómo se usa» y olvide el «cuándo conviene no usarla» se quedaría a medias.

¿Y ahora qué?

La Universidad San Jorge, una privada zaragozana con más de 5.100 estudiantes, enmarca la apuesta en su discurso de empleabilidad, con una inserción laboral que ronda el 85% un año después de graduarse. La dirección es bastante clara: la IA va camino de ser un componente transversal de la enseñanza, no un añadido opcional.

El éxito, en todo caso, no se medirá por cuántos cursos se impartan, sino por si las instituciones logran equilibrar la eficiencia tecnológica con la ética y el pensamiento crítico de los estudiantes. Y por no perder de vista que, por útil que resulte, una iniciativa así es también un escaparate.

Filosofía en tiempos de inteligencia artificial

0

Durante años, a los estudiantes de humanidades se les repitió el mismo consejo: aprended a programar si queréis asegurar vuestro futuro. Ese mantra se ha resquebrajado justo en el corazón de Silicon Valley. Según la Reserva Federal de Nueva York, la informática figura hoy entre las carreras con más paro entre los recién graduados, en torno al 7%, mientras gigantes como Google DeepMind y Anthropic se pelean por contratar filósofos para decidir cómo deben comportarse sus modelos.

No es una anécdota pintoresca. A medida que la IA deja de ser una cuestión solo técnica, la pregunta ya no es qué puede hacer una máquina, sino cómo debe hacerlo: cuándo decir que no, cómo distinguir la verdad de la simple adulación y qué valores encarnar. Y esas son, desde hace 2.500 años, preguntas de filósofos.

La ética como el nuevo código de programación

Por eso los laboratorios han empezado a incrustar pensadores en sus equipos. Anthropic entrena a su modelo Claude con una constitución, un conjunto de principios explícitos que bebe de fuentes tan dispares como la Declaración Universal de Derechos Humanos, los términos de servicio de Apple o la ética de Kant. La idea es darle un marco moral estable en lugar de dejar su conducta al azar del entrenamiento.

La cosa va en serio. La compañía ha llegado a contratar a un investigador dedicado en exclusiva al bienestar de la propia IA, por si algún día llegara a importar, y en el sector ya se bromea con que leer a Kant se ha vuelto una ventaja para encontrar trabajo. Lo que hace unos años habría sonado a chiste, hoy es una oferta de empleo.

Amanda Askell y el carácter de las máquinas

La cara más visible de este giro es Amanda Askell, filósofa doctorada por la Universidad de Nueva York que dirige en Anthropic el trabajo sobre la personalidad de Claude. Su tarea consiste en observar cómo razona el modelo y moldear su carácter, algo que ella compara con criar a un hijo: no tanto discutirle objeciones al utilitarismo como enseñarle, con el ejemplo, a ser prudente, reflexivo y honesto.

El objetivo es una suerte de inteligencia emocional con límites. Que el modelo no sea agresivo, pero tampoco un pelele fácil de manipular o intimidar por un usuario con malas intenciones. En el fondo se parece más a la ética de la virtud de Aristóteles, que persigue formar un buen carácter, que a un código rígido de prohibiciones. No una lista de normas, sino un temperamento.

Verdad frente a adulación: el legado de Sócrates

Uno de los defectos más incómodos de estos sistemas es la adulación, su tendencia a decirle al usuario lo que quiere oír. No es un problema teórico. En abril de 2025, OpenAI tuvo que revertir una actualización de GPT-4o que se había vuelto tan servil que llegaba a aplaudir ideas peligrosas, como felicitar a alguien por dejar su medicación. Ya contamos aquí aquel episodio.

Frente a eso, algunos recuperan a Sócrates. Su mayéutica, el método de preguntar hasta destapar contradicciones, y sobre todo su famosa ignorancia socrática, ese saber que no se sabe, inspiran modelos más humildes, capaces de responder que no lo saben en lugar de inventar con aplomo. Es más una brújula filosófica que una técnica de laboratorio, pero apunta a algo cierto: una máquina segura de sí misma y equivocada es más peligrosa que una que duda.

¿Ética de verdad o lavado de cara?

Escribir la moral de una máquina en un documento la vuelve, por fin, discutible y editable. Y ahí empiezan las preguntas de fondo. ¿Los valores de quién? Cada laboratorio codifica los suyos, y no todos coinciden. Que una empresa publique la constitución de su modelo es un avance de transparencia, pero también abre la puerta a que la filosofía se convierta en escaparate.

No faltan, de hecho, las acusaciones de lavado ético: exhibir comités, principios y filósofos para parecer responsable sin cambiar gran cosa en el producto. La sospecha es razonable, porque las mismas compañías que contratan a un experto en ética compiten a toda velocidad por dominar el mercado. No sería la primera vez que Silicon Valley busca una brújula moral prestada, como cuando acudió a la religión en busca de respuestas.

El riesgo de delegar la conciencia

Hay una crítica más honda que el marketing. La filósofa Shannon Vallor lleva años advirtiendo de lo que llama desmoralización o pérdida de destreza moral: si delegamos nuestras decisiones éticas en las máquinas, corremos el riesgo de atrofiar nuestro propio juicio, como un músculo que se deja de ejercitar.

Es la misma lógica que ya hemos visto en otros terrenos, donde apoyarse en la IA hasta para tareas sencillas se paga perdiendo la capacidad de hacerlas uno mismo. Que una IA tenga un reglamento interno no nos exime de nada: la responsabilidad última de una decisión sigue siendo humana, y ninguna constitución de silicio puede firmarla por nosotros. También por eso los reguladores empiezan a exigir control humano sobre estos sistemas.

¿Qué significa esto para el futuro?

Estamos ante un cambio de fondo. Cuando las máquinas automatizan casi cualquier tarea, el valor diferencial se desplaza hacia lo que ellas no pueden hacer solas: formular las preguntas correctas y definir los límites morales del progreso. En un giro que pocos predijeron, saber pensar vuelve a cotizar.

El optimismo, eso sí, conviene templarlo. Que una empresa hable de virtud aristotélica no garantiza que actúe conforme a ella, y el riesgo de que la filosofía acabe como mero decorado es real. Pero la dirección apunta a algo sensato: aspirar a una tecnología que no solo sea inteligente, sino también sabia. Que ambas cosas coincidan dependerá, como siempre, menos de las máquinas que de nosotros.

La fotografía de representación de este artículo pertenece a Sophie Lee-Tin-Yien y ha sido publicada en Unsplash.

Bolt

De la idea a la app

Modelo: Freemium

Bolt es una herramienta de inteligencia artificial que permite crear aplicaciones y sitios web completos describiendo lo que quieres en lenguaje natural, sin necesidad de configurar nada. Desarrollada por StackBlitz, funciona enteramente en el navegador, donde un agente genera el código, lo prueba y lo itera mientras tú orientas la dirección del proyecto.

El sistema enruta cada tarea al modelo que considera más adecuado y permite importar diseños desde Figma o repositorios de GitHub. Incluye servicios de backend como bases de datos, autenticación, alojamiento y dominios propios, todo dentro de la misma interfaz. Es una propuesta orientada tanto a quienes saben programar como a perfiles de producto o marketing sin experiencia técnica.

El plan gratuito basta para experimentar, mientras que las opciones de pago amplían capacidad y desbloquean los modelos más potentes. Conviene tener presente que la generación automática puede requerir supervisión y ajustes manuales en proyectos complejos, algo habitual en este tipo de herramientas.

Dirección: bolt.new

Mirarse a los ojos con la IA: una foto que anticipa tus enfermedades

0

Un consorcio internacional de investigadores ha presentado Reti-Pioneer, un sistema de inteligencia artificial que analiza una simple fotografía de la retina para cribar varias enfermedades metabólicas en apenas medio minuto. El trabajo se publicó el 28 de abril de 2026 en Nature Medicine, en acceso abierto y con el código a disposición de cualquiera. Lo firma un equipo liderado desde China, con el Hospital Provincial de Cantón a la cabeza y coautoras de peso como Lisa Zhuoting Zhu, del Centre for Eye Research Australia.

La promesa es llamativa: a partir de una foto del fondo del ojo, la herramienta busca indicios de diabetes tipo 2, hipertensión, colesterol alto, gota, osteoporosis y trastornos de tiroides. Conviene decirlo desde el principio, eso sí: se trata de una herramienta de cribado y apoyo, no de un diagnóstico definitivo, un matiz en el que los propios autores insisten.

Por qué la retina delata tanto

La idea de fondo es que la retina, esa capa de tejido sensible a la luz del fondo del ojo, es una ventana única al interior del cuerpo. En ella se ven directamente los vasos sanguíneos y las fibras nerviosas, de modo que sus cambios más sutiles reflejan lo que ocurre en el sistema vascular y metabólico.

Y no es una metáfora vacía. El propio estudio encontró que las señales que la IA extrae de la retina se correlacionan con proteínas reales de la sangre, como la SCARA5 en el caso de la diabetes o la APOM en el del colesterol. El ojo no solo se parece a un mapa del cuerpo: sus patrones tienen un eco medible en la bioquímica del paciente. Para aprender a leerlos, Reti-Pioneer se entrenó con más de 107.000 fotografías de fondo de ojo de unas 53.000 personas, del biobanco británico UK Biobank y de hospitales chinos.

Cómo funciona por dentro

El truco técnico es ingenioso y explica parte de su bajo coste. En lugar de entrenar un modelo gigante desde cero, Reti-Pioneer combina tres modelos de visión ya preentrenados y los deja congelados, entre ellos RETFound, un modelo fundacional especializado en imágenes de retina. Sobre esa base añade piezas pequeñas y entrenables que aprenden a reconocer cada enfermedad, y luego fusiona sus votos.

El resultado es tan ligero que el sistema se entrenó y se probó en una única tarjeta gráfica de consumo, del tipo que lleva un ordenador para videojuegos. Además incorpora un módulo que, en vez de descartar las fotos de mala calidad, algo habitual cuando una catarata enturbia la imagen, las aprovecha ponderando su fiabilidad. Justo lo que hace falta en una consulta de barrio, donde no siempre se toma la foto perfecta.

Rápido, y con números detrás

La velocidad es su dato mejor sostenido. En un ensayo real en centros de atención primaria de China, con más de mil pacientes, el sistema pasó de la foto al informe en una media de 30 segundos, frente a las casi ocho horas de una analítica de laboratorio y a los más de dos minutos que cuesta rellenar el cuestionario finlandés de riesgo de diabetes. Su tasa de éxito procesando las imágenes fue del 100%.

Ese mensaje de bajo coste, sin embargo, pide matices. En el estudio las imágenes se tomaron con cámaras clínicas estándar de marcas como Topcon o Canon, algunas con la pupila dilatada, no con dispositivos baratos de bolsillo. La aspiración de llevarlo a farmacias o clínicas móviles es real, pero todavía no se ha probado con cualquier cámara sencilla. Aun así, la meta encaja con otros intentos de acercar y abaratar el diagnóstico, como el de hacerlo a partir de una gota de sangre.

Un copiloto para el médico

Más que sustituir al médico, Reti-Pioneer se plantea como un copiloto. En una prueba con especialistas en retina, cuando estos interpretaban las imágenes con la ayuda del sistema su acierto subía de forma notable: en diabetes pasaron del 71% al 88%, y en gota del 51% al 79%. Combinado, el conjunto superaba a cualquiera de los especialistas por separado.

En un piloto posterior con 606 pacientes, médicos de familia lo usaron en directo. Para la diabetes batió al cuestionario finlandés de referencia y apenas dejaba escapar casos: cuando marcaba a alguien como sano, acertaba en 97 de cada 100. Más del 80% de los pacientes quedó muy satisfecho y la mitad se declaró dispuesta a pagar por la prueba.

No solo detecta, también predice

El aspecto quizá más sorprendente es que la retina no solo cuenta el presente. Con datos del biobanco británico seguidos durante años, el sistema fue capaz de estimar el riesgo de desarrollar diabetes, hipertensión o colesterol alto a cinco y diez años vista, todo a partir de una única foto tomada hoy. No es una bola de cristal, pero sí una señal temprana que podría adelantar la prevención mucho antes de que aparezcan los síntomas.

Prometedor, pero con letra pequeña

¿Cómo de fiable es? El estudio mide su acierto con un indicador llamado AUROC, en el que 1 sería la perfección. Reti-Pioneer ronda el 0,83 en diabetes y gota, y se queda en torno al 0,70 en tiroides, su punto más flojo. En algunas regiones chinas de recursos limitados alcanzó un notable 0,90 en osteoporosis, pero su rendimiento cayó al probarlo en una cohorte multiétnica de Singapur, sobre todo en diabetes.

Y aquí es donde los autores son inusualmente francos. Reconocen que la precisión actual sigue por debajo del umbral necesario para una adopción clínica amplia, que hará falta pasar por grandes ensayos aleatorizados, y que el sistema no cubre dolencias graves como el infarto, el ictus o la mortalidad. El camino hasta la consulta pasa por los mismos filtros regulatorios que ya superó, por ejemplo, el primer test de IA aprobado en Europa para prevenir fallos renales.

La retina como espejo de la salud

La validación se apoyó en despliegues reales en centros de atención primaria de China, además de datos de Reino Unido y Singapur. La doctora Zhu subraya que el objetivo es cerrar las brechas de acceso a la sanidad, sobre todo en comunidades rurales y remotas que suelen quedar desatendidas por los servicios convencionales.

No es la primera vez que la IA convierte el ojo en un chivato clínico: ya vimos cómo puede anticipar la miopía antes que nadie, y cómo otros modelos llegan a predecir más de mil enfermedades a partir del historial médico. Reti-Pioneer añade a esa corriente la comodidad de una simple foto.

La conclusión honesta es doble. La retina se confirma como un espejo asombroso de nuestra salud interna, y la idea de un cribado masivo, rápido y accesible resulta genuinamente esperanzadora. Pero, por ahora, hablamos de una tecnología prometedora que todavía debe demostrarse a gran escala antes de llegar a la óptica de la esquina.

La fotografía de representación de este artículo pertenece a Colin Lloyd y ha sido publicada en Unsplash.

Una IA mató a Trump de rabia: anatomía de un bulo nacido en Reddit

0

Suena al argumento de un episodio de South Park, pero ocurrió de verdad. A finales de junio de 2026, la función de inteligencia artificial del buscador DuckDuckGo empezó a contar a sus usuarios que Donald Trump había muerto de rabia.

El sistema, llamado Search Assist, situaba el fallecimiento el 7 de junio y lo daba por hecho citando fuentes de apariencia periodística. El navegador Brave repitió el bulo. Google, en cambio, respondía correctamente que era falso. Conviene decirlo cuanto antes: Trump está vivo.

La causa que ofrecía la máquina era todavía más delirante. Trump habría contraído la rabia después de que le mordiera su propio vicepresidente, y en algunas versiones se colaba incluso la idea de que se dejó morder a propósito, siguiendo un supuesto consejo de Robert F. Kennedy Jr. sobre los poderes que otorga la infección. Nada de eso se dijo jamás. Era ficción pura, y bastante torpe.

El origen del disparate estaba en Reddit. Una comunidad llamada r/poisonai, con unos 45.000 miembros, lleva desde enero de 2026 fabricando bulos absurdos con un único fin: comprobar si las IA se los tragan. Su broma estrella era la falsa muerte de Vance por rabia, llorada en decenas de mensajes. El asistente de DuckDuckGo no solo picó, sino que enredó la historia hasta matar también al presidente. Así nació el bulo de la muerte de Trump.

Por qué una IA se cree lo que lee en Reddit

A esta técnica se le llama envenenamiento de datos, y funciona porque los grandes modelos beben de foros como Reddit para sonar humanos. No es un vicio oculto. En febrero de 2024, Google firmó un acuerdo de unos 60 millones de dólares al año para entrenar su IA con contenido de la plataforma, y OpenAI selló poco después su propio pacto.

El problema es cómo interpreta la máquina ese material. Lee los votos positivos de un comentario como un sello de autoridad, cuando solo miden la popularidad dentro de una comunidad concreta. Y apenas distingue una fuente seria de un pseudomedio generado por IA, como el que DuckDuckGo llegó a citar para dar por muerto a Trump.

Bastan trece palabras

Lo más inquietante es lo poco que cuesta. Un estudio de Cornell Tech demostró en 2026 que basta con insertar unas trece palabras en una web de contenido abierto para que un asistente de investigación con IA empiece a repetir la desinformación en buena parte de sus respuestas. Ya contamos aquí ese hallazgo cuando se publicó, y el caso Trump es su demostración en directo.

Los investigadores llaman a esta táctica LLM grooming: inundar la red con una misma narrativa hasta que la IA la asuma como cierta. Y no es solo cosa de bromistas. NewsGuard detectó en 2025 que los principales chatbots repetían las mentiras de una red de propaganda rusa en un 33% de las veces. Entre un troll y un aparato de desinformación, la única diferencia es la intención.

Cuando la realidad escribe los guiones de South Park

La imagen que ilustra esta noticia pertenece a la temporada 27 de South Park, que en 2025 caricaturizó sin piedad a Trump y a Vance, este último convertido en un lacayo de cara de bebé al que el presidente maltrata a patadas. El propio Vance encajó la burla con humor. Un año después, una IA transformó una broma de foro en un obituario, y la realidad terminó pareciéndose al gag.

La moraleja no es que la IA mienta, sino que carece de sentido del ridículo. Cualquier persona sabe que un presidente que muere de rabia por el mordisco de su vicepresidente es un chiste. El modelo, no. Rellena los huecos con lo que suena plausible, sin termómetro de la realidad. Tampoco es la primera vez que una IA se traga una enfermedad que no existe.

¿Y quién responde de todo esto?

Queda la pregunta de siempre: de quién es la culpa. Los tribunales empiezan a contestar. En Alemania ya se ha decidido que Google es legalmente responsable de las falsedades que afirma su IA, por muy automáticas que sean. La excusa de que lo dijo el algoritmo pierde fuelle.

Mientras tanto, el peso recae en quien lee. Delegar en la máquina la tarea de separar lo verdadero de lo falso es cómodo, pero se paga perdiendo el propio criterio. El bulo de la rabia de Trump es, en el fondo, una buena noticia disfrazada de disparate: era tan absurdo que saltaba a la vista. El día que la mentira sea verosímil, no habrá caricatura de South Park que nos avise.

La imagen de representación de este artículo pertenece a la serie animada South Park (temporada 27).

La «trampa de la aumentación»: el riesgo de perder talento por usar IA

0

¿Y si las herramientas pensadas para hacernos más productivos acabaran, a la larga, mermando nuestro valor profesional? Esa es la advertencia de un estudio del MIT titulado The Augmentation Trap, firmado por los investigadores Michael Caosun y Sinan Aral, de la escuela de negocios MIT Sloan. Su tesis tiene nombre propio: la trampa de la aumentación.

Se trata de un modelo económico, no de un experimento de campo, y su razonamiento es el siguiente. Usar inteligencia artificial dispara la productividad de inmediato, pero cada tarea que delegamos es también una tarea que dejamos de practicar. Los autores lo resumen con una regla tan simple como incómoda: un analista que pasa la mitad de su tiempo apoyándose en la IA tiende a estabilizarse en la mitad de su potencial. La destreza, como un músculo, se atrofia si no se ejercita.

La clave, insisten, no está en la herramienta, sino en cómo se usa. Imaginemos a dos programadores con el mismo asistente. El primero delega la generación de código y acepta lo que aparece: su pericia no entra en juego y se oxida. El segundo revisa cada sugerencia, caza errores y reescribe la salida, de modo que su criterio sigue moldeando el resultado y su habilidad se mantiene viva. Misma tecnología, destinos opuestos. El estudio lo formula sin anestesia: usar la IA para saltarse el razonamiento no aumenta la inteligencia del trabajador, automatiza su declive.

No todas las tareas caen en la trampa

Por eso el modelo distingue zonas. Hay usos que erosionan y usos que apenas rozan. Un analista financiero junior que deja que el modelo redacte sus informes, o un agente de atención al cliente que solo sigue guiones generados por IA, tienden a perder pie. En cambio, un médico experimentado que usa la IA como apoyo diagnóstico, o quien introduce datos rutinarios, casi no se resienten. La diferencia no es la profesión, sino cuánto juicio humano conserva el flujo de trabajo.

Una trampa de incentivos, no de tecnología

El corazón del problema no es la máquina, sino a quién le sale a cuenta. El estudio apunta al cortoplacismo gerencial. Un directivo evaluado por resultados trimestrales tiene todos los incentivos para exprimir la IA al máximo, porque cosecha las ganancias rápidas. Como resumen los autores, el jefe ve llegar el subidón de productividad durante su mandato y la erosión de la habilidad cuando ya se ha marchado.

La factura, mientras tanto, la paga el empleado, cuya carrera se resiente a medida que se vuelve menos capaz de trabajar por su cuenta. Ahí está la trampa: la empresa gana hoy y el trabajador pierde valor de mercado mañana. Es la misma tensión que asoma cuando se mide el impacto de la IA en el mercado laboral, donde el efecto sobre quien ejecuta la tarea rara vez coincide con el de quien la ordena.

El propio contexto influye. Un ingeniero en una ciudad llena de empresas defenderá su habilidad con uñas y dientes, porque es su pasaporte para cambiar de trabajo. El mismo ingeniero en un pueblo con un único empleador tiene mucho menos que ganar resistiéndose. La destreza vale más cuando hay a quién vendérsela.

El agujero en los mandos intermedios

Hay una consecuencia que trasciende al individuo. La residencia médica, la carrera de un asociado en un bufete o el aprendizaje de un ingeniero se sostienen sobre años de práctica sin muletas. Si la IA entra antes de que esos novatos hayan cruzado el umbral de pericia, advierte el estudio, su desarrollo puede quedar cegado para siempre.

Y el problema se traslada a la organización entera. Si los juniors que debían convertirse en los expertos de mañana se desmontan por el camino, la empresa se queda con un hueco en sus mandos intermedios que no podrá rellenar desde dentro. Se produce más a corto plazo a cambio de vaciar la cantera.

No es solo teoría

El modelo del MIT no habla en el vacío. El propio trabajo recopila evidencia que apunta en la misma dirección: un seguimiento de un año a oncólogos que usaban apoyo diagnóstico detectó un embotamiento gradual del criterio experto, que sus autores bautizaron como oxidación de la intuición, y otro estudio observó que los estudiantes que aprendían con ChatGPT retenían bastante menos material semanas después.

Encaja, además, con lo que documentan otros equipos. Un estudio de Microsoft Research y Carnegie Mellon halló que, cuanto más confía un profesional en la IA, menos pensamiento crítico aplica. Y un experimento del MIT Media Lab que midió la actividad cerebral de quienes escribían con y sin ChatGPT describió una deuda cognitiva, con menor conectividad neuronal. Nosotros ya contamos cómo el uso de IA afecta al rendimiento cognitivo y cómo el pensamiento crítico se resiente en las aulas.

Cómo no caer en la trampa

La receta no es rechazar la herramienta, sino cambiar cómo se mide y cómo se usa. El estudio avisa de que la productividad ya no sirve de termómetro, porque la IA permite producir más entendiendo menos, así que un buen resultado puede esconder una habilidad en caída libre. La alternativa que proponen es evaluar la pericia de verdad, con pruebas puntuales sin IA y pidiendo a la gente que explique su razonamiento, no solo que entregue el resultado.

En el plano del oficio, la idea es mantener el juicio dentro del bucle: redactar el propio borrador antes de ver el de la máquina, revisar y reformular sus propuestas, y reservar la atención humana para los casos ambiguos. Los autores recurren a una imagen aeronáutica, la de los pilotos que siguen practicando el vuelo manual entre trayectos asistidos. Y para alinear a jefes y empleados sugieren algo tomado del mundo financiero: atar los incentivos a la trayectoria de habilidad de los equipos, no solo a lo producido durante el mandato del gerente.

El paralelismo cotidiano ayuda a entenderlo. Igual que fiarlo todo al navegador del móvil nos ha atrofiado el sentido de la orientación, delegar sin criterio erosiona nuestra capacidad de resolver problemas nuevos. Ya vimos que delegar en la IA hasta para detectar bulos se paga perdiendo la destreza de hacerlo uno mismo. La buena noticia es que el daño no parece irreversible: según el modelo, la habilidad se recupera al retomar la práctica sin ayuda, con una especie de vida media de un par de años.

Lo que viene, sugiere el estudio, es una etapa de reajuste. Las empresas más lúcidas empezarán a valorar no solo a quien produce más gracias a la IA, sino a quien conserva su talento intacto para cuando la máquina falle o el problema sea completamente nuevo. En un mercado que premia la eficiencia inmediata, mantener afiladas las propias capacidades puede acabar siendo la habilidad más rentable.

Amanece Dataland, el primer museo de arte con IA generativa

0

El 20 de junio de 2026 abrió en Los Ángeles Dataland, un espacio que se presenta como el primer museo del mundo dedicado al arte hecho con inteligencia artificial. Está en The Grand LA, el complejo que Frank Gehry diseñó en el centro de la ciudad, y es la gran apuesta del artista de medios Refik Anadol, que lleva más de una década convirtiendo datos en imágenes.

El proyecto se había anunciado para finales de 2025 y se retrasó más de medio año. Ocupa unos 2.300 metros cuadrados de superficie expositiva repartidos en cinco galerías, aunque el recinto completo es mayor: cerca de un tercio lo llena el hardware que mantiene las obras en marcha.

Qué se ve dentro de Dataland

La exposición inaugural se titula Machine Dreams: Rainforest y permanecerá hasta enero de 2027. No son cuadros colgados, sino paisajes generativos en movimiento creados por el Large Nature Model del estudio de Anadol, un modelo entrenado con archivos de naturaleza del Smithsonian, el Museo de Historia Natural de Londres y el laboratorio de ornitología de Cornell. El resultado no reproduce selvas reales, sino que las imagina a partir de sus datos: cantos de aves, vegetación, clima.

La experiencia aspira a envolver todos los sentidos. La propia Google detalla que las salas trabajan con 1.200 millones de píxeles y reaccionan en tiempo real: generan bandas sonoras al vuelo, dicen detectar las emociones del público mediante sensores e incluso liberan aromas de forma algorítmica. La idea que repite el artista es usar los datos como pigmento, con una imagen que nunca se repite igual.

Frente al museo tradicional, Dataland se plantea como un organismo vivo antes que como una colección. Anadol, consciente del rechazo que despierta la IA, lo defiende como una invitación a mirarla de otro modo, más como colaboradora que como amenaza.

Un museo que también es un escaparate de Google

Conviene no perder de vista quién sostiene todo esto. Dataland funciona sobre la infraestructura de Google Cloud y cuenta con el respaldo de Google Arts & Culture, en una colaboración con Anadol que la compañía remonta a casi una década. La nube de Google no solo genera las obras en tiempo real, sino que gestiona algo tan prosaico como la venta de entradas.

El detalle técnico revela la otra cara del proyecto. Las galerías se mueven gracias a Gemini, a redes generativas antagónicas y a modelos de difusión, es decir, al catálogo de IA que Google vende a sus clientes. Eso convierte al museo en una experiencia artística y, a la vez, en una demostración comercial de lo que esa tecnología es capaz de hacer.

No es un reproche: es el modelo con el que nace buena parte del arte tecnológico de gran formato, que necesita un músculo de cálculo que hoy solo tienen las grandes tecnológicas. Pero merece tenerse presente al leer las cifras que rodean al proyecto, casi todas facilitadas por la propia empresa que lo financia.

La cuestión incómoda de la energía

La crítica más previsible a un museo así es su consumo. Anadol se adelanta a ella asegurando que su cómputo corre en una infraestructura libre de carbono en un 87%. El matiz importa: ese porcentaje lo aporta Google y se refiere a una de sus regiones de nube en Oregón, no a la huella total del museo. El propio recinto llega a afirmar que una visita gasta más o menos lo que cargar un teléfono, una comparación tranquilizadora que conviene tomar como lo que es, un mensaje de la casa.

Y el telón de fondo invita a la prudencia. El sector arrastra un problema de transparencia, hasta el punto de que la mayoría de los sistemas de IA ni siquiera informa de su rastro ecológico, mientras Naciones Unidas calcula que la IA podría llegar a consumir el 3% de la electricidad mundial. Un 87% de energía limpia suena bien, pero es una foto parcial.

Del Guggenheim a un museo propio

Para Anadol, Dataland es la culminación de un camino. Su colaboración con Google arrancó en 2016, cuando la generativa aún no era un titular global, y de ahí salieron obras como la proyección del archivo de la Filarmónica sobre el Walt Disney Concert Hall en 2018 o la visualización de datos de computación cuántica en 2020. Sus piezas han vestido después fachadas y salas de medio mundo, incluido el Guggenheim de Bilbao.

El arte con IA, además, ha dejado de ser una rareza de laboratorio: Christie’s ya le dedicó una subasta entera. El museo también quiere producir, no solo exhibir. Ha puesto en marcha una residencia de artistas de seis meses que selecciona a cuatro creadores, con becas de 25.000 dólares cada uno, mentoría del estudio de Anadol y acceso a las herramientas de Google. Es su intento de que el formato no dependa por completo de una sola firma.

¿Arte o demostración?

Dataland deja una pregunta abierta. Defiende que la IA no sustituye al artista, sino que le permite manejar volúmenes de información imposibles para una mente humana, y en eso hay algo genuinamente nuevo. Pero también inaugura un formato en el que la frontera entre la obra y el anuncio se vuelve borrosa.

Que el primer gran museo de arte con IA nazca de la mano de una de las empresas que lideran esa tecnología dice mucho de la época. La belleza de sus paisajes generativos es real y merece la visita. Conviene mirarla, eso sí, sabiendo quién sostiene el proyector.

Devin

Ingeniero de software IA

Modelo: De pago

Devin es una herramienta de inteligencia artificial desarrollada por Cognition que actúa como un ingeniero de software autónomo, capaz de planificar y ejecutar tareas de programación complejas con supervisión humana. A diferencia de un simple asistente, está pensado para asumir trabajos completos, desde migraciones de código hasta la resolución de incidencias y la revisión de pull requests.

Funciona como un agente en la nube que aprende del propio código del equipo, asimila el conocimiento interno del proyecto y puede desplegar varios Devin trabajando en paralelo sobre tareas grandes y de varios repositorios. Se integra con herramientas habituales como GitHub, Linear, Slack o Datadog, encajando en los flujos de trabajo que ya usan los equipos. También ofrece versiones de escritorio, CLI y una variante para empresas.

Está orientado a equipos de ingeniería con proyectos serios, por lo que su carácter es claramente profesional y requiere de un plan de pago. Conviene recordar que sigue necesitando que una persona valide y apruebe sus cambios.

Dirección: devin.ai

Replit

Programar en la nube

Modelo: Freemium

Replit es una herramienta de inteligencia artificial que combina un entorno de programación en la nube con un agente capaz de transformar una descripción en una aplicación funcional. Todo ocurre en el navegador, sin instalar nada, de modo que puedes pasar de la idea a algo publicado en cuestión de minutos y seguir editándolo cuando quieras.

Su agente escribe el código, lo evoluciona y se apoya en infraestructura integrada que incluye autenticación, base de datos, alojamiento y monitorización. Permite conectar con servicios externos e integraciones de IA, trabajar en equipo y, en sus planes superiores, ejecutar varios agentes en paralelo. Sirve para webs, aplicaciones móviles, prototipos y proyectos internos de empresa.

Ofrece un nivel gratuito para empezar a explorar y planes de pago con más capacidad, colaboradores y acceso a los modelos más avanzados, además de una opción para empresas con controles de seguridad. Como en cualquier generador automático, el resultado puede necesitar revisión antes de pasar a producción.

Dirección: replit.com

La IA no te quitará el trabajo, pero puede dejarte sin oficio

0

Hay una frase que se ha vuelto un mantra tranquilizador: «la IA no te quitará el trabajo, pero alguien que sepa usarla sí». Es cierta, y por eso mismo resulta anestésica. Al concentrar todo el miedo en la palabra «empleo», esconde tres transformaciones más silenciosas y más hondas. El verdadero efecto de la inteligencia artificial sobre el trabajo, al menos por ahora, no es el paro masivo, esa «apocalipsis laboral» que voces como la de Sam Altman se apresuran a descartar. Es la erosión de la manera en que las personas llegan a ser buenas en lo que hacen.

La escalera rota

Empecemos por abajo, que es donde más se nota. La IA es especialmente buena en las tareas rutinarias y de poco riesgo: redactar el primer borrador, picar el código sencillo, montar la hoja de cálculo, resumir el expediente. Da la casualidad de que esas tareas eran también el campo de entrenamiento de los principiantes, el peldaño por el que un becario o un junior aprendía el oficio. Los datos de los últimos años apuntan en una sola dirección: el empleo de entrada se ha desplomado en sectores enteros, sobre todo en tecnología, mientras grandes compañías recortan miles de empleos para financiar su apuesta por la IA.

Y el problema no es solo que esos puestos desaparezcan hoy, sino lo que implican mañana. El investigador Matt Beane lo formuló con precisión en The Skill Code: estamos obteniendo más productividad de los expertos con ayuda de las máquinas, pero a costa de la participación de los novatos, y eso bloquea su desarrollo. Se rompe el vínculo maestro-aprendiz que sostenía la transmisión del conocimiento. Aquí asoma la paradoja: una empresa que automatiza sus puestos junior está suprimiendo, sin darse cuenta, la cantera de sus propios seniors. Si nadie hace el trabajo humilde, nadie aprende; y si nadie aprende, dentro de una década no habrá expertos a quienes pedir criterio.

Buena parte de lo que distingue a un veterano no está en ningún manual. Es lo que el filósofo Michael Polanyi llamó conocimiento tácito: sabemos más de lo que podemos explicar. Ese saber se adquiere haciendo, equivocándose y corrigiendo al lado de alguien que ya sabe. Una IA puede entregarte el resultado, pero no puede transferirte la experiencia de haberlo construido. Cuando el atajo sustituye al recorrido, se llega al destino, pero el viajero no aprende el camino.

«Aprende a usarla»

De ahí la segunda promesa, la del reciclaje perpetuo: no te sustituye la máquina, te sustituye quien la maneje mejor. La idea tiene una base real y hasta noble. En el ajedrez, tras la derrota de Kaspárov, surgieron los «centauros», equipos de humano más máquina que batían tanto a los humanos solos como a los ordenadores solos. El economista Erik Brynjolfsson lo elevó a tesis con lo que llamó la trampa de Turing: cuando diseñamos la IA para imitar y reemplazar al humano, el trabajador pierde poder de negociación y queda a merced de quien controla la tecnología; cuando la diseñamos para aumentarlo, el humano conserva parte del valor que crea.

Augmentar en vez de automatizar no es solo más humano, también genera más riqueza. El problema es la letra pequeña del mantra. «Aprende a usarla» traslada toda la responsabilidad al individuo, obligado a reciclarse sin descanso bajo amenaza de quedar obsoleto, justo cuando una mayoría de profesionales dice ya usar IA en su trabajo. Y, sobre todo, no repara la escalera rota: se puede aprender a pedirle cosas a una IA sin adquirir jamás el criterio para saber cuándo se equivoca. Manejar la herramienta no es lo mismo que dominar el oficio.

El operario eterno y el jefe saturado

Subamos ahora al otro extremo. En 1983, la ingeniera Lisanne Bainbridge describió las «ironías de la automatización»: cuando automatizas las tareas fáciles, al humano le quedan las difíciles, las excepciones raras que la máquina no sabe resolver, justo aquellas para las que más entrenamiento haría falta y que, por no practicarse a diario, se atrofian. El operario pasa de hacer a vigilar, y se le pide que intervenga, ya oxidado, precisamente cuando todo falla. En la era de la IA ese papel de supervisor se generaliza: a medida que las máquinas ejecutan, el humano se convierte en el que aprueba, valida y decide. Y ahí aparece el cuello de botella.

Ya en 1971, el Nobel Herbert Simon advirtió que «una riqueza de información crea una pobreza de atención». Si la IA multiplica por mil las propuestas, los borradores y las decisiones que ascienden por la jerarquía, el directivo no se libera: se inunda. Pasa el día validando lo que otros, humanos o máquinas, producen, con menos tiempo para pensar y menos práctica en hacer. Es la vieja crítica de Harry Braverman, la separación entre concebir y ejecutar, reaparecida ahora en lo más alto del organigrama.

La otra cara

Sería injusto pintarlo todo de negro, porque hay una lectura luminosa y la defiende uno de los mejores economistas del trabajo. David Autor sostiene que la IA, bien usada, podría reconstruir la clase media en lugar de vaciarla. Su argumento: durante décadas la pericia quedó reservada a unas pocas élites muy formadas, y la IA puede extender ese criterio a muchos más, permitiendo que un profesional con conocimientos complementarios asuma decisiones que antes solo tomaba el gran especialista. Una enfermera asistida por IA acercándose a tareas del médico; un técnico, a las del ingeniero. No sería pérdida de oficio, sino lo contrario: democratizar el criterio. Tanto Autor como Brynjolfsson insisten en lo mismo, y es la clave de todo: el resultado no está escrito. Depende de si construimos la IA para sustituirnos o para acompañarnos, y eso es una decisión política y empresarial, no un destino: en China, los tribunales ya han empezado a poner límites a los despidos atribuidos a la IA. La misma lógica de extracción de valor que describíamos al hablar de la mierdificación empuja hacia la automatización; hace falta voluntad para empujar en sentido contrario.

Esa reconstrucción ya está empezando a verse. Un reportaje de El País sobre la nueva temporada de becarios muestra que muchas empresas, lejos de apartar a los jóvenes, están rediseñando su incorporación: descargan en la IA las tareas mecánicas, rellenar planillas o picar datos, y los suben antes a proyectos reales y estratégicos, con tutorización e itinerarios personalizados. El impacto no es uniforme, porque hay tareas elementales que desaparecen, perfiles que se reconfiguran, como el marketing, el desarrollo o el diseño, hacia quien produce con IA, y áreas que incluso crecen, las que exigen criterio, negociación o supervisión del trabajo de la máquina. No se reduce la apuesta por el talento joven, cambia el perfil que entra. Es, en pequeño, la bifurcación de Autor: que el oficio se vacíe o se reparta depende de hacia cuál de esos caminos empuje cada empresa.

Quizá entonces la pregunta correcta no sea «¿me quitará la IA el trabajo?», sino «¿me dejará llegar a ser bueno en alguno?». Un mundo que elimina el peldaño de abajo, oxida el oficio del medio y satura de decisiones la cúspide no es un mundo sin empleo: es un mundo de empleo sin maestría, lleno de gente ocupada y con cada vez menos personas que sepan de verdad. John Maynard Keynes acuñó en 1930 el término «desempleo tecnológico» y auguró que las máquinas nos regalarían tiempo libre; se equivocó en el ocio, pero acertó en que el verdadero reto sería el de la transición. El nuestro tiene un nombre menos obvio que el paro: es la defensa del aprendizaje lento, del derecho a hacer las tareas humildes que nos vuelven competentes, frente a una eficiencia que querría borrarlas. El peligro no es un mundo sin trabajo. Es un mundo sin oficio.

La fotografía de representación de este artículo pertenece a Vitaly Gariev y ha sido publicada en Unsplash

n8n

Flujos y agentes IA

Modelo: Freemium

n8n es una herramienta de inteligencia artificial y automatización que permite construir flujos de trabajo y agentes conectando aplicaciones, datos y modelos de IA sobre un lienzo visual. Su propuesta combina la rapidez del no-code con la flexibilidad del código, ya que puedes insertar JavaScript o Python en cualquier punto del flujo cuando lo necesitas.

Cada paso del razonamiento de los agentes queda visible y trazable, lo que facilita seguir y controlar lo que ocurre. Ofrece cientos de integraciones predefinidas, miles de plantillas y soporte para sistemas multiagente, RAG y el protocolo MCP. Una de sus señas de identidad es que puedes desplegarlo en tu propia infraestructura mediante Docker o usar su versión alojada, manteniendo el control sobre tus datos.

Está dirigida sobre todo a equipos técnicos. Cuenta con una opción autoalojada y planes en la nube, además de una edición empresarial con controles de seguridad y gobernanza. Su potencia conlleva una curva de aprendizaje mayor que la de herramientas más cerradas.

Dirección: n8n.io

Olvidar ayuda a aprender: la memoria fugaz mejora la IA en el lenguaje

0

¿Y si el secreto para que una inteligencia artificial domine el lenguaje no fuera recordarlo todo, sino empezar a olvidar? Tradicionalmente, los modelos de lenguaje actuales, conocidos como Transformers, presumen de una memoria perfecta dentro de su ventana de contexto, procesando cada palabra con la misma importancia sin importar cuánto tiempo hace que se leyó. Sin embargo, una investigación liderada por Abishek Thamma y Micha Heilbron, de la Universidad de Ámsterdam y el Instituto Max Planck de Psicolingüística, ha puesto a prueba esta idea.

Al integrar una memoria fugaz, un mecanismo que imita el olvido humano, en estos modelos, los investigadores descubrieron que la IA no solo aprendía mejor, sino que desarrollaba una comprensión gramatical más sólida. Entrenados con conjuntos de datos que simulan el volumen de información que recibe un niño (entre 10 y 100 millones de palabras), estos modelos demostraron que las limitaciones cognitivas pueden ser, paradójicamente, una ventaja competitiva.

Este hallazgo es fundamental porque sugiere que imitar las debilidades del cerebro humano podría ser el camino hacia sistemas más eficientes y precisos en el procesamiento de estructuras lingüísticas complejas, desafiando la tendencia actual de confiar únicamente en el aumento masivo de datos. Como se detalla en el estudio Human-like Fleeting Memory Improves Language Learning, este enfoque abre una puerta a entender mejor cómo aprendemos nosotros mismos.

¿En qué consiste el mecanismo de memoria fugaz?

Para entender este avance, primero debemos comprender cómo funciona una IA moderna. Los modelos actuales utilizan un sistema de atención que les permite mirar cualquier palabra de un texto con la misma nitidez. Sin embargo, nuestra memoria es distinta: recordamos muy bien lo que acabamos de oír, pero los detalles exactos de las frases se desvanecen rápidamente. El equipo de Ámsterdam implementó esta idea añadiendo un decaimiento matemático a la atención del modelo.

La clave del éxito no fue simplemente hacer que la IA olvidara todo, sino añadir lo que llaman un buffer de memoria ecoica. Este componente permite que el modelo mantenga una copia perfecta de las últimas 3 a 7 palabras, lo que equivale a unos 5 o 10 fragmentos de información o tokens. Una vez que la información sale de ese pequeño margen de seguridad, la nitidez con la que el modelo puede verla decae siguiendo una ley de potencia.

Sin este buffer inicial, el modelo fallaba estrepitosamente, cometiendo incluso errores ortográficos básicos al no poder relacionar letras contiguas. Pero con este equilibrio entre una memoria inmediata perfecta y un olvido progresivo del pasado lejano, la IA comenzó a mostrar un rendimiento superior. El sistema fue capaz de filtrar el ruido y centrarse en las regularidades locales del lenguaje, que es donde reside gran parte de la estructura gramatical.

¿Por qué importa limitar la capacidad de la IA?

Este descubrimiento apoya una teoría clásica en las ciencias cognitivas llamada la hipótesis de menos es más. Sugiere que las limitaciones de nuestra memoria de trabajo no son fallos de diseño, sino filtros que nos obligan a buscar abstracciones. Al no poder recordar cada palabra exacta de un párrafo largo, nuestro cerebro se ve forzado a extraer reglas generales y estructuras lingüísticas para comprimir la información.

Las implicaciones reales de este estudio para el desarrollo de la IA son significativas:

  • Mayor eficiencia gramatical: Los modelos con memoria fugaz superaron a los de memoria perfecta en pruebas de conocimiento sintáctico, especialmente en tareas como la concordancia entre sujeto y verbo.
  • Mejor aprendizaje con menos datos: El beneficio se observó de forma consistente tanto en el entrenamiento con 10 millones como con 100 millones de palabras, niveles similares a los que recibe un ser humano durante su desarrollo.
  • Reducción de la dependencia del cómputo: Sugiere que un diseño arquitectónico inspirado en la biología puede compensar la falta de billones de parámetros.

No obstante, el estudio también reveló una paradoja que los propios autores no esperaban. Aunque estos modelos aprenden mejor las reglas del lenguaje, se vuelven peores prediciendo cuánto tiempo tarda un humano en leer una palabra concreta. Y lo más llamativo es que esa disociación no encaja con las explicaciones habituales de por qué un mejor modelo de lenguaje a veces predice peor la lectura humana: parece responder a un mecanismo distinto. La conclusión del equipo es matizada: las limitaciones de memoria benefician a la red cuando aprende el lenguaje, pero no cuando se trata de reproducir nuestro comportamiento. Un sistema más competente con la gramática no es, necesariamente, uno más parecido a nosotros.

El experimento: datos realistas y resultados

Para que la comparación fuera justa, los investigadores no utilizaron las bibliotecas infinitas de internet con las que se entrenan modelos como ChatGPT. En su lugar, recurrieron al conjunto de datos BabyLM, diseñado específicamente para imitar la cantidad de lenguaje que escucha un niño hasta los 12 años. Esto incluye transcripciones de conversaciones reales, cuentos infantiles y subtítulos de películas. Conviene subrayar que el beneficio se observó precisamente en ese escenario de datos escasos y modelos pequeños: el estudio no sugiere que los grandes modelos comerciales, entrenados con cantidades ingentes de texto, deban renunciar a su memoria, sino que la restricción ayuda cuando lo que escasea son los datos.

Los resultados fueron evaluados mediante BLiMP, un estándar que mide la capacidad de una IA para distinguir frases gramaticalmente correctas de otras que no lo son. Los modelos con memoria fugaz y buffer ecoico obtuvieron puntuaciones significativamente más altas. Por ejemplo, en la versión de 100 millones de palabras, la precisión en gramática mejoró en un 2,30% respecto a los modelos estándar de memoria perfecta.

El equipo utilizó supercomputación para realizar 120 ejecuciones de entrenamiento controladas, asegurándose de que los resultados no fueran fruto de la casualidad. Podéis encontrar más detalles técnicos y el código utilizado en el repositorio del proyecto basado en nanoGPT, que sirvió de base para estas pruebas.

¿Qué significa esto para el futuro?

Este trabajo nos obliga a replantearnos la carrera por la memoria infinita en la inteligencia artificial. Mientras que empresas como Google o OpenAI compiten por ventanas de contexto cada vez más grandes, capaces de recordar libros enteros de una vez, este estudio sugiere que para ciertas tareas de aprendizaje y abstracción, el olvido es una herramienta poderosa.

En el futuro, podríamos ver modelos de IA que ajusten su capacidad de memoria de forma dinámica, empezando con una memoria muy limitada para aprender las bases del lenguaje y ampliándola a medida que se enfrentan a textos más complejos. Es un enfoque optimista que nos recuerda que nuestras propias limitaciones biológicas han moldeado la forma en que entendemos el mundo, y que la perfección técnica no siempre es la mejor maestra. La IA del mañana podría ser mucho más parecida a nosotros no por ser perfecta, sino por aprender a dejar ir lo que no importa.

Make

Automatización visual

Modelo: Freemium

Make es una herramienta de inteligencia artificial y automatización que permite conectar aplicaciones, fuentes de datos y modelos de IA para diseñar flujos de trabajo de forma visual, sin escribir código. Su enfoque parte de un editor donde se arrastran y enlazan los distintos pasos, de modo que se pueden construir desde automatizaciones sencillas hasta sistemas que abarcan procesos de toda una empresa.

Ofrece miles de aplicaciones preconstruidas y se ha orientado cada vez más hacia la automatización agéntica, con agentes de IA capaces de actuar y orquestar tareas complejas entre servicios. Incluye también su propio servidor MCP, una biblioteca de agentes listos para usar y un mapa visual en tiempo real para supervisar todo el ecosistema de automatizaciones.

Dispone de un plan gratuito sin límite de tiempo y planes de pago que escalan según las necesidades, junto a una edición para empresas con seguridad reforzada y cumplimiento normativo. Es una alternativa accesible para perfiles no técnicos, aunque los escenarios muy complejos exigen planificación.

Dirección: make.com

Meta muestra sus entrañas: así funcionan los centros de datos para IA

0

Cada vez que un usuario desliza su dedo por el muro de Instagram o hace una pregunta a un asistente inteligente, se activa una maquinaria colosal situada a miles de kilómetros. Meta ha abierto recientemente las puertas de su centro de datos de Altoona, Iowa, al divulgador tecnológico Tom Shaw, cuyo recorrido en vídeo ofrece una mirada poco habitual al interior de una de las instalaciones que forman la columna vertebral tecnológica de la compañía. Este complejo no solo permite que más de 3.500 millones de personas se conecten a diario, sino que se ha rediseñado para afrontar el crecimiento explosivo de la inteligencia artificial.

Shaw, que en su canal de YouTube divulga sobre infraestructura tecnológica, recorre las instalaciones y explica cómo la empresa gestiona desde el procesamiento de mensajes de WhatsApp hasta el entrenamiento de modelos de lenguaje complejos. La importancia de este centro radica en su capacidad para equilibrar una potencia de cálculo masiva con sistemas de eficiencia energética y refrigeración que desafían las creencias comunes sobre el consumo de recursos en la industria digital.

Servidores especializados: el motor de la red social y la IA

Para entender qué ocurre dentro de estos enormes edificios grises, debemos mirar sus estanterías de servidores. En Altoona, la infraestructura se divide principalmente en cuatro tipos de diseños de hardware, cada uno optimizado para una tarea específica. El primero es el de computación, que se encarga de procesar las solicitudes más básicas, como cuando alguien inicia sesión o actualiza su muro. En un solo armario o rack pueden alojarse alrededor de 80 unidades de procesamiento, y existen miles de estos armarios en todo el campus.

El segundo pilar es el almacenamiento. Un solo rack en estas instalaciones puede guardar entre 20 y 24 petabytes de información, y el almacenamiento de toda la instalación se mide en exabytes, el equivalente a unos 500 millones de películas. Dado que los discos duros pueden fallar, la empresa aplica un sistema de redundancia, manteniendo al menos cinco copias de cada archivo en una misma sala y copias adicionales repartidas por todo el mundo para asegurar que ningún vídeo o foto se pierda jamás.

Sin embargo, el hardware más avanzado es el destinado a la inteligencia artificial. Meta utiliza racks específicos para el entrenamiento de IA que albergan 16 unidades de procesamiento NVIDIA H100, componentes extremadamente potentes y costosos. Estos se apoyan en interruptores de red capaces de mover 1,6 terabits de datos por segundo. Por último, están los servidores de inferencia de IA, que a diferencia de los de entrenamiento, están optimizados para ofrecer una respuesta rápida cuando un usuario interactúa con un modelo, como Meta AI, minimizando el tiempo de espera.

Eficiencia extrema: refrigeración sin agua y energía directa

Uno de los mayores cambios que introduce esta infraestructura es su enfoque en la sostenibilidad y el consumo de recursos. Existe una preocupación, fundada en muchos casos, sobre el enorme consumo de agua de estos centros, aunque Meta sostiene que la realidad en Altoona es distinta. La instalación utiliza un sistema de refrigeración por aire que permite que el centro funcione con cero consumo de agua hasta ocho meses al año. Solo cuando las temperaturas exteriores son muy altas se utiliza agua para enfriar el aire mediante una estructura similar a un panal de abejas, pero este líquido nunca entra en contacto directo con los servidores.

El proceso de enfriamiento es un ejercicio de ingeniería:

  • El aire exterior entra por enormes rejillas laterales en el edificio.
  • Se filtra meticulosamente para eliminar polvo y partículas que dañarían el hardware.
  • El aire frío se succiona hacia el suelo del centro de datos y atraviesa los racks.
  • El aire caliente resultante se expulsa por la parte superior del edificio para evitar que se acumule.

En cuanto al suministro eléctrico, estas instalaciones no se conectan a un enchufe convencional. Meta establece conexiones directas con la red eléctrica y, en muchos casos, invierte cientos de millones de dólares en mejorar la infraestructura local. Esto permite situar los centros de datos en lugares estratégicos, lejos de las fuentes de energía como parques eólicos, solares o incluso nucleares, gracias a la capacidad de transportar la electricidad a través de cientos de kilómetros. En caso de un fallo en la red, el centro cuenta con generadores diésel de respaldo que se activan en menos de 90 segundos, mientras pequeñas baterías en cada rack mantienen el servicio sin interrupciones.

Alianzas estratégicas y despliegue rápido

La construcción de un centro de datos tradicional puede tardar años, pero la velocidad a la que evoluciona la tecnología exige alternativas más ágiles. Por ello, Meta ha desarrollado estructuras de despliegue rápido. Estas son versiones compactas y prefabricadas que pueden estar operativas en pocos meses. Aunque son más pequeñas, están diseñadas para maximizar la capacidad de cómputo por metro cuadrado, permitiendo a la empresa añadir potencia de IA de forma casi inmediata cuando surge un nuevo producto o modelo.

Este ecosistema técnico no se construye en solitario. Según han comunicado recientemente, la empresa mantiene una alianza a largo plazo con NVIDIA para asegurar el suministro de los chips necesarios para sus modelos de lenguaje. Además, colaboran con servicios como AWS para integrar chips específicos como el Graviton en tareas de IA agéntica, buscando siempre la mayor eficiencia operativa posible. Toda esta red de cables de fibra óptica, cada uno con unos 3.000 filamentos, que si se extendiera podría dar la vuelta al mundo varias veces, es lo que permite que la experiencia digital sea instantánea para el usuario final.

¿Qué significa esto para el futuro de la tecnología?

El interés por mostrar cómo funcionan estos centros de datos en Iowa refleja una tendencia en la industria: la infraestructura ya no es solo un soporte, sino una ventaja competitiva crítica. En la carrera por dominar la inteligencia artificial, no basta con tener los mejores algoritmos; es imprescindible contar con las «fábricas» de datos más eficientes y veloces. La transición hacia sistemas que consumen menos agua y se integran mejor con las redes eléctricas locales sugiere un camino hacia un crecimiento tecnológico más responsable, aunque la demanda de energía seguirá siendo un reto constante para las grandes tecnológicas.

Un robot humanoide ya clasifica piezas en la fábrica de BMW en EE. UU.

0

BMW Group ha anunciado la incorporación del robot humanoide Figure 03 en su planta de Spartanburg, en Estados Unidos, en uno de los despliegues de robótica humanoide más comentados en una fábrica real. Este despliegue se produce tras una fase piloto de unos diez meses con el modelo anterior, Figure 02, que participó activamente en la producción de más de 30.000 unidades del modelo BMW X3. El nuevo Figure 03 asume ahora tareas de secuenciación en el área de logística, un proceso que requiere clasificar componentes de forma precisa antes de su montaje final. La iniciativa se enmarca dentro de la estrategia de IA física de la compañía, que busca conectar la inteligencia digital con máquinas capaces de interactuar de forma segura y eficiente en la línea de producción. Al automatizar procesos monótonos o físicamente exigentes, BMW defiende que con ello mejora la ergonomía de sus empleados y gana flexibilidad operativa. Este avance no es un experimento aislado, sino un componente central de la transformación digital de sus fábricas, donde la simulación virtual y la visión por computadora aseguran una producción eficiente.

¿Qué es la IA física y el nuevo Figure 03?

La integración de robots humanoides en la industria automotriz ha dejado de ser una visión de laboratorio para convertirse en una herramienta operativa. El concepto de IA física, tal como lo define el fabricante, se basa en la conexión de modelos de inteligencia artificial digital con máquinas reales. Esto permite que sistemas autónomos realicen tareas complejas en entornos de producción dinámicos.

Robot humanoide Figure 03 en la fábrica de BMW en Spartanburg

El modelo Figure 03 presenta avances significativos respecto a su predecesor. Entre sus características técnicas destacan componentes blandos diseñados para aumentar la seguridad en la interacción con humanos y un sistema de carga inalámbrica que garantiza una mayor disponibilidad operativa. Además, incorpora funciones de audio para la comunicación directa de voz a voz.

La destreza manual del robot también ha sido mejorada. Ahora cuenta con manos equipadas con sensores táctiles y cámaras integradas en las palmas. Estas adiciones permiten al robot manipular objetos con una precisión superior, algo fundamental para el manejo de componentes de diferentes formas y tamaños en la cadena de suministro.

Desde la empresa tecnológica Figure AI, su fundador Brett Adcock señala que el despliegue prolongado del modelo anterior demostró que estos humanoides son activos valiosos para establecer una fuerza de trabajo flexible. El objetivo ahora es abordar la complejidad técnica de las naves de montaje y logística.

Por qué es importante este avance en la producción

El uso de este tipo de tecnología no busca sustituir al personal humano, sino complementar las capacidades existentes. El potencial de la robótica humanoide reside especialmente en actividades monótonas, ergonómicamente exigentes o críticas para la seguridad. Al delegar estas funciones en máquinas, se protege la salud de los trabajadores y se aprovecha mejor su talento en tareas de mayor valor añadido.

En el caso concreto de la planta de Spartanburg, el Figure 03 se encarga de un caso de uso denominado secuenciación. En este proceso, los componentes llegan en grandes contenedores sin clasificar. El robot debe recogerlos y organizarlos en carros de transporte específicos, que luego son llevados a la línea de montaje mediante trenes automatizados o robots de transporte inteligentes.

Robot humanoide Figure 03 en la fábrica de BMW en Spartanburg

Este sistema ofrece varias ventajas operativas:

La secuenciación es un proceso común en toda la logística del automóvil, lo que permitiría replicar el modelo en otras áreas. Los sensores avanzados reducen el margen de error al clasificar las piezas, que llegan al puesto de montaje justo a tiempo y en el orden exacto que necesita cada vehículo.

La experiencia previa con el Figure 02 fue fundamental. Durante diez meses, ese robot insertó piezas de chapa metálica para procesos de soldadura, una tarea que requiere alta velocidad y exactitud constante, lo que para BMW demuestra que la robótica humanoide ya puede operar con seguridad en una fábrica real.

Conviene, eso sí, mantener cierta perspectiva. Pese al despliegue, el Figure 03 sigue ocupándose de una tarea muy concreta y repetitiva, lejos del humanoide de propósito general que prometen estas compañías. Y bajo el discurso de la ergonomía late la pregunta de fondo, la del empleo: cada tarea que asume un robot es una que deja de hacer una persona, aunque de momento sean de las más penosas.

El contexto tecnológico: BMW iFACTORY

El proyecto en Spartanburg está estrechamente vinculado a una estrategia global de transformación digital. La planta, que se prepara para producir versiones electrificadas como el futuro BMW iX5, utiliza el enfoque BMW iFACTORY. Este método emplea herramientas de virtualización antes de que cualquier componente llegue físicamente a la línea de producción.

A través de simulaciones en 3D, la empresa optimiza los movimientos humanos y los flujos de trabajo para evitar errores desde el inicio. Esta fábrica virtual permite gestionar la creciente complejidad de los modelos modernos. Además, el grupo está aplicando inteligencia artificial en otras áreas, como el control de calidad visual y acústico mediante el sistema AIQX (Artificial Intelligence Quality Next).

Robot humanoide Figure 03 en la fábrica de BMW en Spartanburg

Este compromiso con la digitalización se extiende a otras colaboraciones. Recientemente, el grupo también ha explorado el uso de conjuntos de datos industriales para entrenar modelos de IA junto a socios como Mistral AI, enfocándose en la mejora de las simulaciones de colisiones. Toda esta infraestructura tecnológica crea el ecosistema ideal para que robots como el Figure 03 funcionen de manera integrada.

La planta de Spartanburg se consolida así como el centro de pruebas operativo para la robótica humanoide dentro del grupo, mientras que otros centros, como la planta de Leipzig en Alemania, también comienzan a explorar proyectos de IA física para acelerar la integración global de estas tecnologías.

¿Qué significa esto para el futuro industrial?

La transición hacia fábricas más automatizadas e inteligentes parece seguir un rumbo claro hacia la colaboración entre humanos y máquinas. La llegada del Figure 03 sugiere que la tecnología ha alcanzado una madurez suficiente para salir de los laboratorios y enfrentarse a los retos diarios de una gran factoría. Aunque todavía estamos en fases de despliegue controlado, la mejora en la autonomía y la destreza de estos sistemas apunta a una industria más adaptable.

El futuro próximo de la fabricación no se define solo por la velocidad, sino por la capacidad de los sistemas para aprender y ajustarse a procesos cambiantes. Mientras la tecnología de sensores y la inteligencia artificial sigan evolucionando, veremos aplicaciones más diversas que irán más allá de la simple logística, consolidando a la robótica como un apoyo ergonómico esencial en el entorno laboral moderno.

Felo

0

Buscar y crear con IA

Modelo: Freemium

Felo es una herramienta de inteligencia artificial que funciona como buscador conversacional multilingüe, capaz de responder preguntas y reunir información de varias fuentes y en distintos idiomas. Su planteamiento rompe la barrera lingüística, ya que puede rastrear contenido en una lengua y devolver la respuesta en la que tú prefieras.

Más allá de la búsqueda, integra funciones de creación que permiten generar presentaciones, mapas mentales, documentos, imágenes e incluso páginas web a partir de lo que encuentra o de lo que le pides. Esto la sitúa a medio camino entre un motor de respuestas con IA y una plataforma de productividad, pensada tanto para investigar como para producir material a partir de esa investigación.

Cuenta con un nivel gratuito que da acceso a las funciones principales y opciones de pago que amplían capacidad y prestaciones, además de una propuesta orientada a empresas. Como ocurre con cualquier buscador con IA, conviene contrastar las respuestas antes de darlas por definitivas.

Dirección: felo.ai

Cerrar la cuadra con el caballo fuera: el «Mythos chino» GLM-5.2 ya galopa libre y gratis

0

Mientras Estados Unidos pone bajo llave sus modelos de IA más potentes, China acaba de demostrar que esa cerradura quizá no sirva de mucho. La startup Zhipu AI (Z.ai) ha lanzado GLM-5.2, un modelo de pesos abiertos que dos firmas independientes de ciberseguridad sitúan a la altura de Mythos, el modelo de Anthropic que Washington considera demasiado peligroso para soltarlo sin control.

La diferencia de trato es enorme. Mythos, Claude Fable 5 y el recién llegado GPT-5.6 Sol tienen el acceso restringido a raíz de la presión del Gobierno de EE. UU. y solo llegan a un puñado de socios autorizados. GLM-5.2, en cambio, se publica con licencia MIT: cualquiera puede descargarlo y ejecutarlo en su propio hardware.

Qué es GLM-5.2

Hablamos de un modelo enorme, de más de 700.000 millones de parámetros y con una ventana de contexto que ronda el millón de tokens, suficiente para tragarse un repositorio de código entero. Esa potencia lo hace especialmente competente programando y en tareas autónomas.

Pero lo que ha disparado las alarmas es otra cosa: su destreza encontrando agujeros de seguridad. Y ahí aparece la comparación incómoda con Mythos.

«Tenemos un Mythos en casa»

La firma Semgrep publicó un análisis con un titular que se ha vuelto viral: en sus pruebas de ciberseguridad, y casi sin andamiaje, GLM-5.2 batía a Claude Opus 4.8.

Tenemos un Mythos en casa.

Semgrep, sobre GLM-5.2

Otro estudio independiente, de Graphistry, llegó a una conclusión parecida al compararlo con Opus 4.8 y con GPT-5.5. Y lo hizo a un coste muy inferior: GLM-5.2 es del orden de seis veces más barato que los modelos frontera occidentales comparables.

Axios fue más allá citando a un investigador: el modelo es capaz de encadenar exploits de la forma en que lo haría un atacante humano de élite. No solo detecta fallos, sino que sabe explotarlos en secuencia.

La paradoja: EE. UU. cierra, China abre

Aquí está la vuelta de tuerca. Washington ha apretado el cerrojo precisamente para evitar este escenario: expertos y reguladores llevan meses discutiendo cómo contener la capacidad ofensiva de Mythos, y el Gobierno acabó vetando temporalmente a Fable 5 y restringiendo a GPT-5.6 Sol.

El problema es que esa contención no frena la capacidad, solo la encarece para quien juega con las reglas. Un modelo abierto como GLM-5.2 circula libremente, se ejecuta fuera de la jurisdicción estadounidense y no responde ante ningún gobierno. El propio Dario Amodei, de Anthropic, ya avisó de que los defensores tenían pocos meses para parchear antes de que esa capacidad se extendiera. GLM-5.2 es justo esa extensión.

¿Momento Sputnik o relato?

La prensa habla ya de un momento Sputnik para la IA china, y no es un caso aislado. La empresa china 360 Security presentó un buscador de vulnerabilidades, Tulongfeng, que también dice rivalizar con Mythos, y la japonesa Sakana AI lanzó Fugu, un orquestador que promete rendir como los mejores modelos estadounidenses.

Conviene, eso sí, leerlo con cierta distancia. Las cifras salen de benchmarks concretos, no del mundo real, y a Zhipu le interesa el ruido. El propio Semgrep admite que su comparación no es del todo equivalente: con su mejor configuración, los modelos de EE. UU. seguían por delante. Tampoco es oro todo lo que reluce en el lado chino: Anthropic acusó hace poco a Alibaba de destilar su propio Claude para entrenar modelos rivales, un recordatorio de que parte de ese avance se apoya en tecnología occidental.

Aun así, la tendencia es difícil de negar. China lleva tiempo usando el código abierto como palanca estratégica, aunque también ha empezado a endurecer su propia postura sobre estos modelos.

El cerrojo que no cierra

El resumen es incómodo para Washington. Cuando alguien apuntó en Twitter que China tendría un modelo del nivel de Mythos a finales de 2026, Elon Musk lo retrasó hasta el primer trimestre de 2027. Jie Tang, consejero delegado de Z.ai, respondió con tres palabras.

No llevará tanto tiempo.

Jie Tang, CEO de Z.ai

La capacidad de encontrar y explotar vulnerabilidades, esa que el Gobierno estadounidense trata como un arma, se está convirtiendo en algo que cualquiera puede descargar. Y eso reescribe por completo las reglas del juego.

El gobierno de EE. UU. ya decide qué IA sale al mercado: el caso de GPT-5.6 Sol

0

El pasado 26 de junio de 2026, OpenAI presentó oficialmente su nueva familia de modelos GPT-5.6, compuesta por Sol, Terra y Luna. Sin embargo, lo que debería haber sido un despliegue convencional se ha convertido en un hito histórico por la intervención directa del gobierno de los Estados Unidos. A petición de la administración Trump, el modelo insignia, Sol, se ha lanzado bajo una modalidad de vista previa limitada, donde el acceso se aprueba cliente por cliente tras una inspección gubernamental.

Esta medida responde a las avanzadas capacidades de ciberseguridad del modelo, que la Casa Blanca ha decidido someter a una revisión previa. Al amparo de una orden ejecutiva de ciberseguridad que el presidente Trump firmó el 2 de junio, el gobierno federal ha puesto en marcha un proceso, de momento voluntario, para revisar los modelos de IA más avanzados antes de su salida pública. Por ahora, el acceso a Sol se limita a una veintena de socios de confianza aprobados por las autoridades.

Mientras que Terra y Luna ofrecen mayor eficiencia y menor coste, Sol representa un salto en potencia de razonamiento que ha generado inquietud por su posible uso dual en la creación de ataques informáticos complejos. OpenAI ha aceptado estas restricciones de forma temporal, aunque su dirección subraya que este proceso de validación externa no debería convertirse en la norma de la industria, ya que podría limitar el acceso de los defensores a las mejores herramientas de protección.

Una familia de tres niveles: Sol, Terra y Luna

La serie GPT-5.6 introduce una nueva nomenclatura que separa la generación del modelo de su nivel de capacidad. El modelo Sol se posiciona como el buque insignia, diseñado para tareas de razonamiento profundo y largo horizonte. Por debajo, el modelo Terra ofrece un equilibrio entre rendimiento y eficiencia, con resultados competitivos frente a GPT-5.5 pero a un coste dos veces menor. Finalmente, Luna es la opción más rápida y económica de la familia, pensada para aplicaciones que requieren baja latencia a gran escala.

En el apartado técnico, OpenAI ha introducido el modo de máximo esfuerzo de razonamiento para Sol, permitiendo que el sistema dedique más tiempo a procesar problemas complejos antes de generar una respuesta. Además, el nuevo modo ultra utiliza una arquitectura que va más allá de un único agente, empleando subagentes en paralelo para acelerar flujos de trabajo técnicos. Estos avances permiten a Sol alcanzar una puntuación del 88,8% en el banco de pruebas Terminal-Bench 2.1, superando a sus competidores directos en la ejecución de comandos en consola y coordinación de herramientas.

Los precios se estructuran por millón de tokens, con Sol como el más caro de los tres, Terra en una franja intermedia y Luna como la opción más económica. OpenAI también ha anunciado la disponibilidad de Sol en la plataforma de computación Cerebras, lo que permitirá alcanzar velocidades de hasta 750 tokens por segundo para clientes empresariales seleccionados a partir de julio.

Por qué importa: la IA como asunto de seguridad nacional

El lanzamiento escalonado de GPT-5.6 Sol no es una decisión comercial, sino una respuesta a la presión regulatoria. El gobierno estadounidense, a través de la Oficina del Director Nacional de Ciberseguridad, ha expresado su preocupación por las capacidades del modelo en la investigación de vulnerabilidades y la creación de exploits. Con esta revisión previa, las autoridades empiezan a tratar los modelos de IA más capaces como tecnología sensible para la seguridad nacional, sometidos a un visto bueno oficial antes de salir al mercado.

La razón de fondo tiene nombre propio. La propia OpenAI reconoce que, en sus pruebas de generación de exploits, Sol rinde al nivel de Mythos, el modelo de Anthropic cuyas capacidades llevan meses preocupando a Washington. No es casual: hace solo unas semanas el gobierno ya restringió el acceso a Claude Fable 5, y ahora repite la jugada con OpenAI. Se perfila un régimen de hecho: Estados Unidos quiere dar el visto bueno a todo modelo que alcance esa clase Mythos antes de soltarlo al mundo.

Conviene no exagerar, eso sí. La propia OpenAI matiza que Sol no cruza su umbral de ciberataque crítico: en las pruebas encontró fallos y piezas sueltas de un exploit, pero no llegó a montar por su cuenta un ataque completo. La cautela responde más al salto de capacidad y a la incertidumbre que a un arma ya cargada.

Esta decisión tiene implicaciones directas para las empresas y la industria tecnológica. Al restringir el acceso a los modelos más potentes, se crea una brecha de tiempo que el gobierno espera utilizar para fortalecer las defensas nacionales antes de que la tecnología sea accesible de forma masiva. No obstante, este enfoque tiene detractores que argumentan que podría perjudicar la competitividad de las empresas estadounidenses frente a alternativas extranjeras con pesos abiertos, como las chinas DeepSeek o Qwen, que no están sujetas a este tipo de bloqueos previos.

Para mitigar los riesgos, OpenAI ha implementado una pila de seguridad por capas. Esta arquitectura incluye salvaguardas entrenadas directamente en el modelo para rechazar solicitudes de asistencia cibernética prohibida y clasificadores de uso indebido en tiempo real. Si el sistema detecta una actividad sospechosa durante la generación, puede pausar el proceso para que un modelo de razonamiento superior revise el contexto de la conversación antes de entregar el resultado al usuario.

El acceso se concede de forma individual, tras validar la identidad y el caso de uso de cada cliente. En seguridad, OpenAI asegura haber dedicado más de 700.000 horas de GPU A100 a pruebas automatizadas de ataque (red-teaming), y su programa Trusted Access for Cyber permitirá a defensores verificados emplear versiones especializadas para proteger infraestructuras críticas.

Contexto europeo y datos del despliegue

A pesar de las restricciones iniciales en su país de origen, OpenAI está expandiendo su programa de acceso confiable en Europa. Empresas como Telefónica, BBVA y Deutsche Telekom ya forman parte de un programa anterior y distinto de OpenAI, el llamado Trusted Access for Cyber (con el modelo GPT-5.5-Cyber), para emplear sus modelos en tareas defensivas. El objetivo en la región es mejorar la ciberresiliencia de sectores esenciales como la banca, las telecomunicaciones y la energía, permitiendo que sus equipos de seguridad analicen código y respondan a amenazas con mayor rapidez.

Detrás de esta estrategia regulatoria se encuentra la Orden Ejecutiva 14409 firmada en junio de 2026, que establece un marco voluntario para que el gobierno federal revise los modelos de IA de frontera antes de su publicación oficial. Esta política representa un giro en la administración actual, que anteriormente había abogado por una desregulación del sector para fomentar la innovación. La realidad técnica de modelos capaces de encontrar vulnerabilidades de día cero de forma autónoma parece haber forzado este cambio de postura.

Por otro lado, la comunidad técnica sigue debatiendo la eficacia de estos cierres. Según datos de plataformas neutrales, los modelos de pesos abiertos de origen extranjero ya representan una parte significativa del tráfico global de tokens. Esto sugiere que, si bien el gobierno puede controlar lo que publica OpenAI o Anthropic, tiene poco poder sobre las capacidades que ya circulan libremente por internet y que pueden ser ejecutadas en centros de datos fuera de su jurisdicción.

¿Qué significa esto para el futuro?

El caso de GPT-5.6 Sol marca el fin de la era de los lanzamientos de IA sin supervisión gubernamental. Estamos entrando en un escenario donde la potencia de cálculo y la capacidad de los modelos se consideran activos estratégicos del Estado. El futuro próximo estará definido por la capacidad de las empresas para demostrar que sus sistemas son seguros y auditables. Aquellos profesionales que sepan verificar y auditar los resultados de la IA, tratando al modelo como una fuente potencialmente comprometida o sujeta a alucinaciones, serán los más demandados en este nuevo ecosistema.

Aunque el control estatal pueda parecer un obstáculo, también ofrece una oportunidad para profesionalizar la disciplina de la seguridad en IA. La clave no estará solo en generar contenido, sino en la capacidad de las organizaciones para establecer bucles de verificación que garanticen que la IA se utiliza de forma ética y segura. El optimismo tecnológico se mantiene, pero ahora debe ir acompañado de una dosis necesaria de realismo regulatorio y rigor técnico.

La fotografía de portada de este artículo pertenece a Nils Huenerfuerst y ha sido publicada en Unsplash

Magnific

Plataforma creativa con IA

Modelo: Freemium

Bajo este nombre se agrupa una plataforma creativa completa: generación de imágenes y vídeo, mejora y escalado de imágenes, un espacio de trabajo colaborativo y un amplio banco de recursos gráficos. Es la marca que adoptó la antigua Freepik para reunir todas sus capacidades de inteligencia artificial bajo un mismo techo.

Su función más reconocida es el escalado inteligente de imágenes: en lugar de limitarse a estirar los píxeles, Magnific reimagina la imagen mediante difusión latente y añade detalle nuevo y coherente, hasta multiplicar la resolución de una fotografía, una ilustración o una imagen generada por IA. A ese núcleo se suman la generación de imágenes y de vídeo (incluido vídeo en alta resolución con audio), herramientas de escena y 3D, y un lienzo colaborativo en tiempo real pensado para equipos. El usuario dirige el proceso con descripciones de texto y ajustes como el nivel de «creatividad», que regula cuánto detalle nuevo inventa el modelo.

Magnific funciona con un modelo freemium: ofrece un acceso inicial limitado y varios planes de suscripción que amplían la resolución, retiran la marca de agua, habilitan los usos comerciales y dan paso a las funciones más avanzadas. Está pensada para fotógrafos, diseñadores, artistas digitales y equipos de marketing que necesitan imágenes de alta calidad, y también para creadores que generan visuales con IA y quieren llevarlos a mayor resolución y detalle.

Como curiosidad, es una de las grandes historias españolas de la IA. Magnific nació en Murcia a finales de 2023 de la mano de Javi López y Emilio Nicolás, dos emprendedores indie; su escalador se hizo viral en cuestión de días sin apenas inversión ni marketing. En mayo de 2024 lo compró Freepik, la veterana plataforma malagueña fundada en 2010 por Alejandro Sánchez, Pablo Blanes y Joaquín Cuenca, en la mayor adquisición de su historia. Y en abril de 2026 la propia Freepik dio un giro insólito: rebautizó toda la compañía con el nombre de lo que había comprado y pasó a llamarse Magnific.

Dirección: magnific.com